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La Selfie: Sabrina Nievas contó su amor por el deporte y la familia

Fue la mejor jugadora del continente de hándbol. Medalla de plata en un Panamericano. Jugó en River 23 años. Se casó con un paranaense y desde hace varios años trasladó su experiencia y conocimientos a Unión Árabe. Una historia de lucha y éxitos.

Domingo 02 de Junio de 2019

—¿De qué equipo sos hincha?
—Era hincha de River porque jugaba, pero hoy está desdibujado.

—¿Un club?
—SUA, porque es donde me arraigué. Más allá de que jugué 23 años en River e hice mis raíces y estoy con gente que me sigo hablando, pero mi club y mi familia es SUA.

—¿Un triunfo?
—El Nacional de Clubes de 2011. Era el primero y no sabíamos dónde estábamos paradas. Yo recién entraba y nuestro nivel era totalmente incierto. Y fuimos a jugar ese primer Nacional. Ahí tomamos conciencia de qué era lo que teníamos que trabajar para ser menos peor de los mejores. Trabajamos dos años y medio, después de eso fuimos al Nacional de 2014 luego de un gran entrenamiento, de jugar la liga rosarina y nos desgarramos económicamente y desde el momento que empezamos esa fase de entrenamientos fuimos campeonas durante esos ocho meses. Ese fue nuestro triunfo.

—¿Un equipo?
—Unión Árabe.
—¿Un jugadora con el que compartiste vestuario? —Un montón y sería muy ingrata nombrar a una. Pero bueno, tengo que decir que fue Mónica García, compañera de Selección de toda la vida y amigas desde hace 25 años. Es una de las personas con la que más intimidad y complicidad tengo.

—¿Un técnico?
—Gabriel Klein, fue el técnico que me hizo jugar en Primera División que yo me quedé pasmada. Yo tengo una tía que es cuatro años más grande que yo y nos criamos como si fuéramos hermanas. Entrenábamos en River y nos cagábamos de frío porque en River se entrena en un playón al aire libre. Le pregunté si podía entrenar con ellos para no pasar frío. Yo era muy chica. A los tres meses me sumó al equipo y viajamos al Sudamericano de clubes. Desde el primer partido fui titular.

—¿Una cancha?
—El estadio Palaqueope. Yo jugaba en un pueblo de Italia de Regio Emilia. Entrenaba todos los días y jugaba en un estadio de parqué, tribunas, increíble. Un vestuario que vos entrás y no querés volver a tu casa a bañarte, querés quedarte a vivir ahí.

—¿Cuál fue el gol que más gritaste?
—El empate a Cuba en el 99 que nos clasificó a los Panamericanos. Fue el primer Panamericano al que accedió una selección argentina de hándbol.
—¿Un torneo?
—El Amistad en SUA.
—¿Cuál es tu top five de deportistas argentinos?

—No fue fácil. Del Potro, Ginóbili, la Peque Paretto, Paula Salum, compartí muchas canchas con ellas y viví muchas cosas mágicas. Era impredecible en la cancha, no sabías cómo marcarla. Y Julio Gamarci. —
¿Y tres del mundo?
— Nikola Karabati, Bolt y Michael Jordan.
—¿Qué es lo que mejor te sale?
—No rendirme. Nunca, nunca... nunca.

—¿Cuál fue tu primer sueldo y en qué lo gastaste?
—Mi primer sueldo fue a los 15 años porque éramos unos muertos de hambre. Yo ya estaba en la Selección y no había un mango. Ni becas ni aporte del Enard. Y en Buenos Aires todo cuesta más. Me puse a trabajar en una panadería por intermedio de una preceptora que veía mi esfuerzo. Y mi sueldo fue al hándbol: zapatillas, calzas y viaje.

—¿A qué cosas le tenés miedo?
—A quedarme sin mi familia.

—¿Qué cosas te sacan?
—Me indigno. Me saca la deslealtad. Podés cambiar de opinión, pero no es lo mismo que ser desleal.

—¿Cuál fue tu peor compra?
—No soy de comprar mucho.

—¿Una comida?
—La pizza en El Fortín en Buenos Aires. Una pizzería antigua. Es parada obligada cuando viajamos a Buenos Aires.

—¿Una bebida?
—La cerveza.

—¿Qué música escuchás?
—Escucho todo, pero Cerati me transporta.

—¿Una película o serie?
—Más allá de los Sueños y serie Breaking Bad.
—¿Un viaje?
—A Ámsterdan y Praga. Fue una luna de miel después de mucho tiempo porque cuando nos casamos, Julio, al otro día se fue a jugar. Fue hace como cinco años. Me convenció para dejar los nenes y nos fuimos 14 días. Fue la primera vez juntos.
—¿Un lugar para vivir?
—Algún pueblo remoto de Italia donde no haga calor diría Julito. Pero con mi familia.
—¿Un barrio?
—Santos Lugares, ahí vivían mis tíos y fue mi infancia.
—¿Un hombre?
—Marcelo Nievas, mi papá del corazón. El que me reconoció como hija de sangre. Cuando yo tenía 6 mi viejo se casó con mi mamá. Yo era hija de madre soltera, y mi viejo me reconoció como hija propia. Es mi papá, es mi sangre.

—¿Una mujer?
—Beatriz, mi abuela. Es la que mi impulsó.
—¿Cuál es el contacto más groso que tenés en el celular?
—Mona, mi amiga.

—¿Cuántos grupos de WhatsApp tenés y cuál es el mejor?
—Un millón, je. El mejor es uno que no tengo más: Norman. Fue increíble.

—¿Con quién te gustaría tener una selfie y en dónde?
—Con los nenes en cualquier lugar.
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LA SELFIE RECARGADA

—¿A quién te gustaría meterle un caño y decirle oléeee?
—Nosotras no meteríamos un caño. Pero tampoco tengo a alguien para provocar.
—¿Qué te hubiese gustado ser de no haber sido lo que sos?
—Nada. Tuve una infancia muy linda, a pesar de tener una historia complicada. Soy quien soy por cada paso que di. No me arrepiento y me volvería a sacrificar como me sacrifiqué.

—¿Con quién no te sentarías a tomar un café?
—No te lo puedo decir, ja.
—¿A quién le sacás la roja?
—Cada tanto a Julito, es increíble, pero cada tanto.
—¿Qué camiseta nunca te pondrías?
—La de Brasil. No sé qué tenemos con ellos, porque me encantan.
—¿Cuál fue el peor partido de tu vida?
—De haber tenido muchos. Pero seguramente mis compañeros me ayudaron para que no sean tan malos. En el Torneo Amistad tuvimos un partido espantoso contra las Surikatas de Buenos Aires. Por Dios... un desastre.

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