Atletismo
Sábado 14 de Abril de 2018

La Patagonia Run, con sello paranaense

Fueron muchos los representantes de la capital entrerriana que estuvieron en San Martín de los Andes. Un grupo contó a Ovación lo que significa la experiencia de correr largas distancias.

Desafiar los límites, gozar, sufrir y demostrarle a la mente que se puede ir más allá de lo imaginado. De eso se trata la Patagonia Run, una prueba que traspasa lo deportivo y que va mucho más lejos que ganar o perder.
Llegar a la distancia que te imponen te deja la satisfacción de haber podido hacerlo y eso es una alegría indescriptible. Por lo menos así lo reflejan los rostros y testimonios algunos de los paranaenses que fueron parte de las distancias (Hubo 10 kilómetros, 21 K, 42 K, 72 K, 100 K Y 100 millas) en San Martín de los Andes.
Juan Figoni, Carlos Rufinacht, de 52 años, Federcio Menotti, Carlos Barbero, Pato Borges, Mariano Pujol y David Ortenzi, con el acompañamiento de Ariel Garrigó, quien les dio una gran mano en la logística, integran uno de los tantos grupos de paranaenses que dijeron presente.
David Ortenzi, uno de sus integrantes, habló con Ovación sobre semejante experiencia. En primer lugar se refirió a la preparación. "La preparación cada uno la va adaptando a sus tiempos y a lo que cada uno pretende lograr en la carrera. Nosotros con Carlos y Mariano, que corrimos al mismo ritmo, arrancamos entre tres y cuatro meses antes. Durante la semana se hacen trabajos de pasadas y aeróbicos de una hora. Y los fin de semana se hace un fondo largo. Eso es lo básico que es de dos a tres horas. Nosotros aprovechamos mucho las barrancas del parque y las escaleras porque es lo más parecido que tenemos a la montaña para entrenar. Otros chicos por ejemplo se fueron a escalar el Champaquí".
El atleta paranaense también contó cómo fueron los pormenores del viaje, algo que sin dudas es un eslabón clave en esta aventura. "El viaje es hermoso porque se logró consolidar un grupo espectacular. Yo hace un año que estoy con ellos, pero este grupo viene de hace rato. La verdad que está muy bueno porque así se forman los grupos. En el lugar donde se corre todos van en grupos y el viaje se hace en compañía más allá de correr individualmente. Van de todas partes del país y del extranjero. El viaje fue llevadero. Llegamos, comimos un asado, paseamos, disfrutamos del paisaje, caminamos y trotamos. Luego se hace la entrega de los kits, que está muy buena porque es un show donde te explican todo".
Respecto de la carrera dijo: "La competencia arranca a las 21, pero depende la distancia. Cada distancia arranca a una hora determinada justamente para que después no sea un malón de gente la que sale, sino que vayan saliendo de a tandas. Nosotros subimos tres picos altos, y a medida que subís se pone más árido el paisaje y más frío hace. Arriba es helado. Después bajamos, pero luego volvimos a subir. Es así. Cuando el terreno se pone estable ya las piernas realmente no dan más. Ahí uno busca la forma de hacer llevadera la carrera. Nunca parar porque si lo hacés no arrancás más. Hay lugares donde hacés pasos largos y lugares donde solo trotás. Cuando vas por el kilómetro 75 la carrera ya está. No hay forma de que la cabeza piense otra cosa que no sea en llegar. Cuando uno logra pasar por la última parada de alimentación e hidratación se te pone la piel de gallina y empezás a sentir muchas emociones. Nosotros, que fuimos juntos, llegamos y nos abrazamos. Es una emoción muy grande".
Finalmente David Ortenzi hizo el balance final, que por supuesto va más allá de un lugar en la clasificación. "A todos nos pasa un poco lo mismo. Lográs entender que la cabeza te puede llevar al lugar a donde vos quieras que te lleve porque maneja el cuerpo. El cuerpo realmente en un momento no da más y la cabeza te lleva hasta le meta. Es un aprendizaje que va más allá de un laburo físico. Llegar es lo más satisfactorio que hay", concluyó sin dudarlo.

Un abrazo que lo dice todo

Una vez que llegaron a la meta los competidores se fundieron en un abrazo interminable plagado de emoción con una mezcla de sensaciones. Los paranaenses no fueron la excepción de ello.

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