Fútbol
Jueves 10 de Mayo de 2018

La pasión lasallana vigente

Los de La Salle, campeones de la B en 1977, tuvieron el encuentro que repiten desde hace 41 años. Buen menú, anécdotas y risas.

¿Que es lo más importante en el fútbol? Más allá de que el interrogante sea el mismo, las respuestas van a variar según el ámbito en el cual se lo plantee.
En la esfera del profesionalismo, por encima de cómo se consiga, tal vez se imponga el ganar. Si nos remitimos al mundo del deporte infantil, la lógica indica que lo esencial es que los chicos se diviertan. Si la cuestión se instaló hace cuatro décadas en un contexto marcado por el amateurismo, el intentar hacer amigos seguramente predomina.
Hace 41 años, un grupo de por entonces entusiastas jóvenes transpiraban y defendían una casaca en pos de un logro deportivo. Un club que hoy ya no está los contenía, los cobijaba, les ofrecía un espacio para practicar el deporte elegido y aprender lecciones de vida.
Un club, una camiseta y mil historias. Después de más de cuatro décadas, 41 años para ser más exactos, recuerdan un ascenso logrado de la Primera B a la A en la Liga Paranaense de Fútbol, pero por sobre todas las cosas celebran seguir reencontrándose y compartir un momento que para ellos, y ocasionales invitados especiales, es único.
El anexo del bar de Pocho Iturbe, un pilar fundamental del La Salle campeón de 1977, fue el domicilio de la primera convocatoria anual; en el lugar (considerado por muchos como Un Templo) se respira fútbol y, más allá de que en imágenes queda bien reflejada la ideología de los propietarios, la admisión es para cualquiera que haya sido parte de la Naranja Mecánica paranaense de los 70 sin distinciones.
La convocatoria se dio el viernes y Ovación fue testigo presencial de la misma. Desde las 21 en adelante fueron sumándose los comensales. Los abrazos y las bromas por los cambios en el aspecto físico se fueron sucediendo con el arribo de cada uno. La entrada de Aníbal Pocho Montero (el hacedor de grandes grupos, el profe, el maestro) revivió la admiración de sus exdirigidos hacia el amigo de todos.
Ni siquiera el degustar la exquisita buseca instalada como plato central detuvo el sin fin de recuerdos o diálogos que proliferaron alrededor de una mesa muy concurrida.
Entre el postre y la entrega de un souvenir recordatorio, estuvieron las fotos para retratar el volverse a ver. Antes de la retirada proliferaron los apretones de mano, mensajes para los que no pudieron estar y el juramento de repetir la cita en octubre. Pero esa será otra historia.
Fueron compañeros de equipo, se hicieron amigos y mantienen viva la pasión por La Salle.

Comentarios