El club de Chajarí, departamento Federación, impulsa una campaña solidaria con el objetivo de construir lo que un tornado destruyó hace 10 años.
13:17 hs - Lunes 10 de Agosto de 2026
Ferro de Chajarí puso en marcha la campaña “Ferro se levanta”, una iniciativa solidaria que busca reunir los fondos necesarios para construir el piso de su gimnasio, una obra que comenzó hace más de diez años después de que un tornado destruyera la histórica estructura. El objetivo es completar una etapa fundamental para recuperar un espacio deportivo, educativo y comunitario para toda la ciudad.
La campaña se extenderá hasta el 12 de septiembre, fecha en la que el club celebrará su aniversario y realizará el balance de lo recaudado. Para colaborar, Ferro habilitó una cuenta exclusiva cuyo alias es ferroselevanta. Los aportes pueden ser de cualquier monto, aunque desde la institución tomaron como referencia el valor de un metro de hormigón, estimado actualmente en 215.000 pesos.
La historia de esta obra no comenzó ahora. Hace más de una década, Ferro tuvo que empezar prácticamente desde cero después de que un tornado provocara daños irreparables en su gimnasio cubierto. La estructura histórica debió ser demolida y desde entonces dirigentes, socios, deportistas y familias fueron reconstruyendo, paso a paso, un lugar que hoy vuelve a estar cerca de recuperar su función original.
Ferro se levanta para volver a tener su gimnasio
En diálogo con UNO, la presidenta de Ferro, Macarena Chaparro, repasó el camino recorrido y explicó por qué el piso representa mucho más que el final de una obra.
“Venimos trabajando con esto desde hace más de 10 años, desde que en 2014 un tornado provocó daños irreparables en la infraestructura del club. Tuvimos que demoler un gimnasio cubierto que era histórico y empezar a trabajar desde cero”, recordó.
El proceso tuvo distintas etapas. Con esfuerzo institucional y acompañamiento de distintos sectores, las paredes fueron levantándose nuevamente y el gimnasio comenzó a recuperar su forma. Ahora, el club atraviesa lo que considera la parte final de ese largo camino.
“Estamos en la parte final del salvamiento del gimnasio. Gracias a Dios ya tenemos todo el material comprado y estamos trabajando con la mano de obra. Lo único que estaría faltando es una parte para terminar de cerrar”, explicó Chaparro.
Pero cerrar el edificio no alcanza. Para que el espacio pueda realmente recuperar todo su potencial, falta un elemento fundamental: el piso.
El gimnasio tiene dimensiones considerables: 54,5 metros de largo por 27,5 de ancho. Para completar la superficie, Ferro necesita alrededor de 220 metros cúbicos de hormigón, además del posterior alisado que permitirá marcar las canchas y dejar el espacio en condiciones para recibir nuevas disciplinas.
“Es un gimnasio muy grande, muy amplio, y lleva mucho material para poder hacer el piso. No nos queremos quedar solamente con cerrarlo, sino que queremos hacer el piso para poder sumar más disciplinas”, señaló la presidenta.
Volver a crecer
La falta del gimnasio en condiciones modificó durante años la actividad del club. Actualmente, Ferro desarrolla fútbol, aunque el avance de la reconstrucción ya permitió incorporar nuevas propuestas.
Una de ellas es Newcom. Además, la institución mantiene un convenio con la Escuela Güemes de Chajarí, que utiliza las instalaciones para sus clases de Educación Física. Son más de 250 chicos los que concurren al gimnasio como parte de esas actividades. “Así como está, sin terminar, siempre estuvieron los chicos utilizando esos espacios”, destacó Chaparro.
El sueño, una vez finalizada la obra, es mucho más amplio. Ferro quiere recuperar disciplinas que alguna vez formaron parte de la vida cotidiana del gimnasio, como básquet, vóley, handball y patín, además de sumar actividades recreativas.
La intención tampoco se limita al deporte. El club imagina un espacio abierto para actividades culturales, educativas, institucionales y comunitarias. Por sus dimensiones, además, podría convertirse en sede de competencias de alcance provincial.
“Va a estar abierto a la comunidad y la amplitud que tiene nos va a permitir también poder hacer provinciales deportivos”, explicó.
De esta manera, el piso no aparece solamente como el último paso de una obra edilicia. Para Ferro significa la posibilidad de ampliar su propuesta, recibir a más personas y recuperar un espacio que durante años fue parte de la identidad de la institución.
El empuje de la comunidad
Para completar una obra de semejante magnitud, el club volvió a mirar hacia afuera. La campaña “Ferro se levanta” busca involucrar a toda la comunidad de Chajarí y de la región.
“Necesitamos del apoyo de la comunidad. Si bien durante todo este tiempo el Estado por ahí ha estado presente, nunca alcanza. Es un impulso para que nosotros, como comisión directiva, tengamos que trabajar más aún”, sostuvo la presidenta.
La comisión directiva actual está integrada por 20 personas, aunque el movimiento alrededor de Ferro es mucho mayor. Hay subcomisiones vinculadas al fútbol, colaboradores y también integrantes de la comparsa del club, que utiliza las instalaciones del gimnasio.
En ese entramado, la campaña pretende que cada persona pueda sentirse parte de la reconstrucción. “En esta etapa final, el piso es fundamental para nosotros para poder sumar y para que nuestro club crezca. Necesitamos que la comunidad de Chajarí, de la zona y de la provincia nos ayude y se sume a esta campaña”, remarcó.
El club decidió además generar una cuenta bancaria exclusiva para la campaña, con el objetivo de transparentar los movimientos y que el dinero recaudado tenga un destino específico. “Es una cuenta única para la campaña, no hay otro movimiento ahí para que sea totalmente transparente”, explicó Macarena.
El alias elegido resume el espíritu de la iniciativa: ferroselevanta. La referencia de 215.000 pesos corresponde al valor estimado de un metro de hormigón, pero la institución aclara que no existe un monto mínimo. Cada aporte, independientemente de su tamaño, puede ayudar a completar el objetivo.
De mamá a presidenta
Para Chaparro, el desafío tiene además una dimensión personal. Su vínculo con Ferro comenzó desde otro lugar: como mamá, participando de alguna subcomisión y colaborando en la vida cotidiana del club. Con el tiempo asumió mayores responsabilidades hasta llegar a la presidencia. “Para mí ha sido un gran desafío. Ya hace bastante tiempo que vengo trabajando en el club. Empecé como mamá en alguna subcomisión y siempre quise participar. A mí me gusta trabajar para la comunidad”, contó.
Estar al frente de la institución durante una etapa tan importante representa, según sus propias palabras, un orgullo y también un sueño. “Me siento muy bien con la gente que está trabajando conmigo. Es un orgullo y, para nosotros, para mí, es un sueño poder terminar este gimnasio y devolverle a la comunidad un lugar donde podamos disfrutar todos juntos”, expresó.
Después de una década de reconstrucción, Ferro está ante la posibilidad de cerrar un capítulo que comenzó con destrucción y que tuvo como respuesta años de trabajo colectivo. Ahora necesita dar el último gran paso.
El objetivo está planteado: levantar el piso para volver a levantar el gimnasio y, con él, una parte de la vida deportiva y comunitaria de Ferro. Para eso, el club vuelve a pedir una mano a quienes durante todos estos años ayudaron a que las paredes volvieran a levantarse. Esta vez, el desafío está debajo de ellas.