Ovacion
Miércoles 26 de Septiembre de 2018

"El fútbol se encuentra en terapia intensiva"

El expreparador físico del seleccionado argentino Fernando Signorini indicó que en el deporte más popular sucedieron cosas que llevan a la Argentina a transformarse en el "hazme reír del mundo".

Con una mirada más abarcativa y alejado del circo que impone la cultura del éxito. De esa manera se presentó Fernando Signorini en la capital entrerriana. El ex-preparador físico del seleccionado argentino brindó ayer una charla en la sede de Agmer Paraná, donde dialogó sobre cómo el deporte más popular se transforma en una herramienta de inclusión social. Previamente, visitó los estudios de La Red Paraná.
Se mostró crítico con el presente del fútbol del país, al cual mencionó que se encuentra "en terapia intensiva". También mencionó que el juego dejó de ser un espectáculo después de la dura eliminación en el mundial de 1958.
A su vez se remarcó que "la victoria no es una obligación, sino una posibilidad" y argumentó que la frustración por un resultado negativo es consecuencia del miedo que domina a la sociedad a través del sistema que pretende que la gente sea "tonta".
Diagnóstico. "El fútbol se encuentra en terapia intensiva y desde hace mucho tiempo. De hecho se produjeron cosas que nos llevan a ser el hazme reír del mundo", disparó Signorini, y luego enumeró algunos acontecimientos que mancharon al juego. "Se produjeron muertes evitables como la de Emanuel Ortega, que fue un chico que se golpeó la cabeza contra un muro que estaba en una posición antirreglamentaria y debido a la negligencia y la irresponsabilidad dirigencial nadie lo tuvo en cuenta. Ese mismo día siguió el circo romano porque se jugó el Boca-River que terminó con el gas pimienta", recordó.
En la misma línea mencionó decisiones insólitas que adoptaron quienes manejan los destinos de la Asociación de Fútbol Argentino y del seleccionado nacional. "Se presentaron 44 carpetas durante un año para un proyecto para las selecciones juveniles, pero a último momento se eligió a Claudio Úbeda, que no había presentado ningún proyecto. Hubo una votación de números impares donde todos votaron porque nadie se abstuvo y terminó empatada. Hubo tres entrenadores en cuatro años en el seleccionado mayor, pero después se les exigió a los jugadores una perfección que, si cada uno de los argentinos que exige tanto hiciera su vida de la misma manera con la misma perfección que le exigen a los futbolistas, el país sería, por lo menos Noruega. Y ni siquiera es la Argentina que en su momento conocí y que hoy desconozco".
Orígenes. El profesor indicó que el fútbol dejó de ser un espectáculo en el cual la gente se divertía desde hace 60 años. "El problema arranca después del Mundial del 58, cuando quedamos eliminados y de mala manera. Los encargados de ofrecer soluciones determinaron que habíamos perdido porque nos habían pasado por arriba corriendo, pero no se dieron cuenta de que terminó saliendo campeón Brasil, que jugaba al ritmo de samba, casi caminando. Ahí irrumpimos nosotros, los preparadores físicos y así le fue al fútbol argentino porque se puso por delante al músculo y se dejó de lado al talento y a los talentosos, a los tipos que transforman al fútbol en un hecho artístico. Hoy está lleno de atletas que juegan al fútbol, pero a los artistas y los rebeldes casi que se los margina", se lamentó.
Espejo. Signorini mencionó que en una sociedad pasional como la argentina, el fútbol es una de las mayores manifestaciones populares. "Un partido de fútbol es casi como la vida. Uno tiene ilusiones, sueños, pero se apaga todo porque el rival te hizo un gol, o parece que va todo bien y de repente hacés un gol en contra y pasás a ser el odiado de la familia y del barrio. En cambio si haces uno, pasás a ser el rey. Tiene tantas connotaciones y tiene que ver con cómo se relaciona uno en el núcleo social. El tipo que es tramposo afuera lo es adentro, el que es noble afuera, es noble adentro", definió.
Luego añadió. "Hoy estamos educados por los medios y nos educan como quiere el sistema. Tenemos que ser tontos, nos estupidizan y el fútbol hoy es un arma fantástica, principalmente para eso. Para desviar la atención, para que el árbol del fútbol tape al bosque de cosas mucho más grandes que ocurren", subrayó.
Pánico. Signorini calificó que la cultura del éxito obedece también al temor por la derrota. "La sociedad de hoy, como el fútbol, asienta casi todas sus decisiones sobre el miedo. A perder el trabajo, a la inseguridad y en el fútbol sucede exactamente lo mismo. Ese miedo se transmite porque perder un partido significa perder una imagen, la fuente de trabajo o que te agredan por la calle".
Signorini mencionó que, si bien el fútbol es una herramienta de contención social, también se puede transformar en una "fuente generadora de violencia y odio ancestral". En este sentido definió. "Si soy de Boca tengo que odiar al de River. Es mentira que a la gente le guste el fútbol porque un hincha de Boca no disfruta cuando River le gana 4 a 0 en La Bombonera y viceversa. A la gente le gusta que su equipo gane. No importan las maneras, porque si es con trampa da lo mismo. Esa degradación que nace por la imposibilidad de reconocer la derrota como parte del juego, hace que la gente no disfrute. La gente va a la cancha a sufrir. Ganar no es una obligación, sino una posibilidad. Se juega para ganar, pero si das lo máximo de vos mismo y perdés, listo. No puede servir una derrota como frustración. El sistema quiere que te sientas mal, que te sientas frustrado, pero sobre todo quiere que seas útil al sistema. Por eso se acabaron los rebeldes", aseveró.
El diez. Signorini trabajó varios años con Diego Armando Maradona. "Es lo que es porque nació en el lugar adecuado. Eso le permitió jugar ocho, nueve horas diarias con total libertad y sin técnicos que le transmitieran sus miedos. Creció en libertad y no solamente para el fútbol sino también para la vida. Tuvo que hacer trampa desde chiquito porque si no a veces no comía. Tenía que pasar por el cajón de las manzanas de los supermercados y salir corriendo. Por eso digo que el gol ante los ingleses lo practicó desde chiquito sin darse cuenta, porque en el Azteca se tuvo que escapar de los golpes de seis, siete ingleses, cuando de chico tenía que escapar a los coscorrones del dueño de un supermercado. Es un producto de una sociedad que no está bien, pero que le permitió a él tener ese carácter rebelde, contestatario al poder porque por culpa del poder él vivió en una villa miseria. Nadie lo protegió, nadie lo educó, nadie le dio el afecto que un chico en esas edades merecen. Sin embargo después lo condenan, si a alguien le hizo mal fue a sí mismo", cerró.

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