NBA
Martes 28 de Agosto de 2018

El día que Manu estuvo en Entre Ríos

Comió pescado, firmó autógrafos y se sacó fotos con la gente. Fue el 16 de agosto de 2007.


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Manu y su familia pasaron por el hotel casino. Allí estuvo dos horas: comió surubí, firmó autógrafos, posó para todos y se fue.

Lo lúdico no fue el principal motivo por el que aquellos casuales transeúntes y clientes del Hotel Casino Sol Victoria no salían de su asombro. La cuestión no pasaba por que alguno haya acertado un pleno, por haber hecho saltar la banca o algo por el estilo. En realidad fueron dos horas de puro alboroto, pero por otra cuestión. Es que pasadas las 15 de ayer ingresó al hotel un ícono del deporte argentino: Emanuel Ginóbili. En lo que fue una visita relámpago a Victoria, ingresó al establecimiento, donde estuvo por dos horas. ¿Qué hacía allí? ¿Cuáles fueron los motivos de su visita? ¿Por qué Victoria?, eran las preguntas que se hacían desde el primer conserje que vio bajar a Manu de un automóvil que paró en el estacionamiento hasta el gerente del hotel. Ahora vayamos, paso por paso a lo que sucedió cuando el bahiense que tiene tres añillos de la NBA (en cuatro años) visitó este hotel.
En realidad, quien se bajó primero del vehículo fue su mujer Marianela Oroño (hija de Luis, un ex selección Argentina). El objetivo, y atento a la hora (plena siesta) era saber si se podía almorzar en el restaurante del lugar. Le dijeron que sí, y así fue que la joven volvió al coche con la feliz noticia para el estómago de Ginóbili y compañía. Fue así que el embajador argentino de UNICEF bajó encapuchado, pero solamente hasta el ingreso principal.
Una vez adentro, el escolta de los San Antonio Spurs salió del anonimato y decidió mostrar su rostro: ese fue el momento en que el asombro, el desconcierto y la admiración se apoderó de los presentes. Es que Manu Ginóbili – quién hizo que la Argentina hablara de básquet– con la brillantez de su juego y su personalidad estaba entre ellos.
La comitiva de Ginóbili estaba compuesta tan sólo por cuatro personas. El objetivo no era alojarse sino almorzar. El deportista argentino mejor pago de la historia (52 millones de dólares por seis años en la franquicia texana) solicitó una de las especialidades de la casa: comió posta de surubí. Obviamente hubo postre y sobremesa para el jugador que hoy está de vacaciones del mundo NBA (también se bajó de la selección Argentina que hoy está a punto de jugar el Preolímpico en Las Vegas), que seguramente decidió visitar Rosario, la ciudad de donde nació su suegro. Eran las 17 cuando Gino decidió retirarse del hotel tras saborear un buen pescado de río. Claro que primero tuvo que sacarse las fotos de rigor, saludar a aquellos que aguardaban por tenderle la mano, un abrazo y un beso. También firmó el libro de visitas del hotel casino. Y, en realidad, no solamente se fue con el estómago lleno, sino que también se retiró con las manos ocupadas: el gerente del lugar le obsequió un juego de cuchillos artesanales, por lo que Ginóbili se retiró más que contento después de admirar las bondades del lugar y dejar en claro que el lugar posee una vista única. Luego se retiró en silencio del hotel y de Victoria. Sí, en silencio y dejando en claro que sólo habla con su juego en la cancha. Como es su forma de ser.



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