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Historia de vida

El chico que volvió a vivir y derriba todos los prejuicios

Fermín Wingerter sufrió un accidente en Nueva Zelanda donde trabajaba y paseaba. Vivió horas dramáticas y se recuperó. Comenzó a estudiar bioingeniería y la rompe en el básquet adaptado.

Domingo 14 de Julio de 2019

Fermín Wingerter es el más chico de los cuatro hermanos (Vale, Julieta y Eduardo). Hijo de Eduardo y Mary, nació el 5 de agosto de 1999. Jugó al fútbol en Belgrano de Paraná, al futsal e hizo un par de años muay thai. Estudió en el Colegio Don Bosco y como no estaba seguro que carrera seguir decidió salir del país con un amigo a través del sistema Work and Travel. A meses de terminar sus estudios secundarios, en septiembre de 2016, se anotó en la embajada de Nueva Zelanda y tuvo la suerte de ingresar en la lista que abre a las 19 y cierra media horas después porque se agota la demanda de 1.000 cupos para la visa. Allí comenzó una aventura increíble que luego se transformaría en una pesadilla y le cambiaría la vida. Sin embargo aquel golpe que sufriría el 22 de setiembre de 2018 en su estadía se fue transformando en un aprendizaje. Un accidente que pudo haber sido una tragedia, pero le dio una nueva oportunidad que Fermín no dejó pasar. Su fortaleza mental, sus “huevos” y un entorno que le devolvió el afecto y lo contuvo lo ayudaron rehacer su vida. Hoy cursa con éxito el primer semestre de la carrera de bioingeniería y con una celeridad asombrosa logró volver al deporte a través del básquet adaptado por la imposibilidad de utilizar sus piernas tras la lesión incompleta de la médula.

La historia de un chico que enseña en cada palabra, te abre la cabeza y da un mensaje a la sociedad para ser más inclusiva. En marzo de 2018 armó las valijas junto a su amigo Mateo Manucci y el 21 de ese mismo mes aterrizaron Auckland donde iban a tener sus primeras experiencias. Si bien el inglés es distinto, sus estudios en el Instituto Advance durante muchos años, le posibilitaron comunicarse con soltura desde el vamos. El viaje consistió en trabajar días o semanas y luego recorrer y conocer lugares. El trabajo informal y el abanico de ofertas les cerró siempre y se administraron de acuerdo a las necesidades y gustos. En el medio recibieron la visita de familiares y recorrieron la isla norte y sur de Nueva Zelanda. Antes habían estado en Indonesia y también se pegaron una escapada a Australia. Estuvieron tres meses en Tauranga, en la costa Este de la Isla Norte y en Nelson, una ciudad turística que se encuentra en el centro. En el camino fueron haciendo amigos y sobraron recomendaciones para elegir destinos. En Nelson decidieron ir trabajar a una Granja, en el campo, a partir de una recomendación de un amigo uruguayo que conocieron en “la ruta”.

“Teníamos que hacer plata durante unos meses para poder hacer en un mes el sudeste asiático”, contó en el living de su casa de Paraná a pocas cuadras de la plaza Saenz Peña donde recibió a UNO. El trabajo encuadró perfecto porque constaba de alojamiento y comida. No había tentaciones alrededor para gastar y sumaba para la causa. “El trabajo era una ayuda general de tareas en el campo, ordeñábamos vacas, las buscábamos y las cambiábamos de corral”, contó el pibe que se la rebuscaba porque sus tíos administran unos campos en Córdoba y se crió observando el trabajo. “Le metimos, je, con mi amigo, el uruguayo y dos chicos más”, confesó. “Aprendimos muchas cosas”, agregó sonriente.


EL ACCIDENTE

La mañana del 21 de septiembre, después tres semanas en la granja, salieron a juntar terneros. “Era una de la tareas que teníamos; buscar los terneros que nacen y cargarlos en el carro. Ese día estábamos haciendo la tarea el uruguayo y yo porque mi amigo tenía el día libre. El uruguayo manejaba la camioneta y yo cargaba en el carro. Era una camioneta con trailer que tira un carro, como un acoplado. Yo estaba parado en el fierro del enganche entre la camioneta y el carro. Ya habíamos cargado como 10 terneros y nos quedaba el último. Ese día había llovido y tenía botas de goma. Me resbalé y me pasó por encima el trailer con los ejes. No me pisaron las ruedas, sino que los ejes me arrollaron. El eje me pega en la espalda, me dobla y me hace un sanguchito. Me quebré la pelvis en dos partes, la primera y la segunda costilla, la escápula y lo más grave fue la lesión en la médula”, detalló con elocuencia recordando cada detalle porque siempre estuvo consciente. Con estupor mencionó que aún no entiende cómo pudo pasar el cuerpo entre los 20 centímetros que separaban el piso del eje que unía las dos ruedas. “Me dobló y quedé tirado boca arriba; di como una vuelta carnero. El uruguayo se dio cuenta a los 60 metros. Si el trailer me enganchaba me hacía pedazos”, mencionó con asombro. “Tuve mucha suerte de no morir”, confesó abriendo los ojos.

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<b>En acción.</b> Fermín comenzó, en enero, a jugar al básquet adaptado en Cilsa.
En acción. Fermín comenzó, en enero, a jugar al básquet adaptado en Cilsa.

SERENIDAD

“Quedé tendido en el suelo y no me podía mover. Cuando el uruguayo se dio cuenta vino corriendo y como tenía varios golpes me salía sangre de la boca. Eso hizo que él se desesperara y pensara lo peor, que me estaba muriendo. Le dije llamalo al manager que venga y a Mateo (su amigo)”, contó. Todo el tiempo consciente recordó que lo primero que se le cruzó por la cabeza fue el final del viaje y la situación angustiante que iba a pasar su familia. Es más, se sentía apenado porque en los días siguiente iba a llegar su sobrino recién nacido. Luego de ese momento pensó en la distancia y las horas que podía llegar a tardar una ambulancia en asistirlo; Sin embargo el accidente ocurrió en un lugar donde estaban preparados.

“Estaba tirado, pero pensaba que estaba todo quebrado y me preocupaba que no me haya pinchado algún órgano. Sabía que tenía que estar tranquilo. Tirado en el piso pensaba en lo que iba a tardar en llegar a un hospital y me imaginaba muerto, pero no. A la media hora vino una ambulancia y a los diez minutos llegó un helicóptero”, señaló con lujo de detalle. El helicóptero lo trasladó a la ciudad de Christchurch, donde comenzó otro derrotero. “Me pusieron una inyección, me cortaron la ropa y me trasladaron a una camilla. En ese momento la espalda no me daba más. Me subieron al helicóptero y en 15 minutos estuve en el hospital.

Como había desayunado no me podían anestesiar, entonces, como recomiendan operar dentro de las 24 horas las lesiones medulares, me operaron a las 5 de la tarde. Estuve cuatro horas en el quirófano”, relató con un suspiro. La fortaleza anímica lo marcó a fuego porque durante todo ese periplo estuvo solo porque a pesar de la predisposición y los medios que pusieron al alcance, también, los dueños de la granja mostraron su costado insensible: el compañero de Fermín, el uruguayo, se tuvo que quedar a terminar la jornada laboral. “Increíble”, mencionó aún anonadado por aquella actitud. Lo hicieron quedar a laburar, increíble, pero bueno.

Así como recordó aquel episodio, también, le vino a la mente el gesto de un grupo de latinos que había conocido antes. A pesar de estar a más de 600 kilómetros, cuando se enteraron de la noticia, fueron a visitarlo. “Se generó algo muy lindo”, indicó feliz. El GOLPE. El día después de ser operado le comunicaron que tenía una lesión en la médula y el registra “pantallazos” en los que imaginaba que no iba a poder caminar. De todos modos vivió una situación traumática. “Una mañana viene un médico Indio y estaba solo. Eran las 7, estaba hecho cuero, me tocó las piernas y me hace un par de cosas y me dice ‘vos no vas a volver a caminar’. Imaginate, estaba tirado en la cama y no entendía nada. Ahí me derrumbé, se me cayó la vida. Después de lo hablé con otros médicos y al otro día vino a pedirme disculpas”, relató aún conmocionado. EL DÍA DESPUÉS. Tras dos meses en el hospital fue derivado a una clínica especializada en lesiones de médula espinal. “Es una de las mejores del mundo”, contó. “Hice rehabilitación, me vieron los kinesiólogos, me enseñaron todo. Todo el manejo que tengo hoy me lo enseñaron allá. Te enseñan a vivir en silla, pero muy bien”, explicó. En el último mes de la rehabilitación lo llevaron a un hostel que se llama España donde comenzó a independizarse. “Ahí empecé a hacer deporte e hice básquet en silla”, contó. En ese proceso de recuperación se van poniendo objetivos y uno de los sueños de Fermín era volver al mar a hacer surf. “Me llevaron a hacer surf adaptado. Fue tranqui, me ayudó la chica que me cuidaba y estuvo muy bueno volver al mar”, recordó. También hizo tenis, pool y se adaptó a la rutina. “Hacen todo para que me vaya instruyendo para volver a la vida”, explicó. Todos lo que aprendió en ese mes fue clave en la recuperación porque al poco tiempo de estar de nuevo en Paraná, Fermín ya se manejaba solo. Subía la silla al auto y arrancaba y tiene una independencia que según cuenta “fue fundamental para la cabeza”. “Agradezco que me haya pasado allá porque si bien acá tenemos muy bueno médicos, la estructura de contención y la atención que tuve fue muy buena”, contó.



LA AMERICANA

Fermín comenzó a jugar al básquet adaptado en Cilsa de Santa Fe, en enero, un mes después de regresar al país ante el asombro de sus compañeros. Y Ahora fue convocado a la Selección Argentina. “Cuando les contaba que hacía cinco meses que me partí la espalda, no entendían nada y muchos me decían que empezaron a salir a los dos años”, contó. Entrena tres veces por semana y hoy es parte de uno de los equipos que juega la Liga Nacional, una competencia que se desarrolla por triangulares, una vez al mes. “Me encantó el deporte y la llevo bien. Me hace bien a la cabeza”, manifestó.


LA RUTINA

La rutina de Fermín se reparte entre el básquet, el estudio y la etapa de rehabilitación intensiva. “Hasta los dos años se considera que la lesión avanza y después empiezan a ver a partir de los movimientos que tengo, que artefactos se usan para volver a caminar. Me pueden llegar a poner ortesis y existe la posibilidad de volver a caminar con ayuda”, señaló expectante y consciente que lograr una marcha es importante en tanto y en cuanto “sea favorable”. “Se busca estar parado por un cuestión de salud, por los intestinos, los huesos, los músculos y es otra visión para la cabeza. Hay que verlo llegado el momento”, reflexionó.

“SIEMPRE FUERTE”

La actitud de Fermín se vio desde el primer momento. Según contó desde el momento en el que estaba en el piso y tomó dimensión de lo que estaba pasando se serenó. “Asimilé las cosas y no me volví loco. Traté de no entrar en una locura porque me imaginaba que lo que venía iba a ser duro. Obvio que el soporte familiar y el de mis amigos fue fundamental; pero siempre pensé en positivo”, comentó con una entereza admirable. “Me pasaban cosas malas, pero pensaba que podía estar peor.

Todo pasa por algo y es un aprendizaje. Yo estaba viajando, con una vida joya, a los 18, 19 años, con plata porque trabajábamos y de repente plá, cambia todo. Pero bueno siempre fuerte, ahora le meto para adelante Todo pasa por algo y es un aprendizaje. Yo estaba viajando, con una vida joya, a los 18, 19 años, con plata porque trabajábamos y de repente plá, cambia todo. Pero bueno siempre fuerte, ahora le meto para adelante y son actitudes para con la vida”, expresó.




LAS DIFICULTADES

Fermín se encontró con una ciudad con deficiencias en accesibilidad y una sociedad “atrasada de cabeza” con respecto a la inclusión. “Por ahí sacamos el pecho y vamos a los golpes, pero uno piensa como puede ser tan complicado que a la hora de hacer una cuadra no pienses en un rampa. En Paraná, al centro tenés que ir con alguien y eso que soy joven puedo subir cordones, pero acá con el tránsito es peligroso. Ni hablar el estado de las veredas”, fustigó. Al mismo tiempo sostuvo. “Vos estás en silla y está el que dice ‘pobre loco’ o el que te ve manejar y sos un héroe. Los dos extremos están mal porque estamos atrasados como sociedad” Vos estás en silla y está el que dice ‘pobre loco’ o el que te ve manejar y sos un héroe. Los dos extremos están mal porque estamos atrasados como sociedad”, expresó.


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