Boxeo
Viernes 21 de Septiembre de 2018

El campeón Carlos Monzón volvió al Luna Park

Defendía el título. Por primera vez en Argentina, el campeón mundial de los medianos peleaba para conservar su cinturón. Ganó el santafesino por nocaut técnico, en el 14º round

Lucio A. Ortiz

ortiz.lucio@diariouno.net.ar


Carlos Monzón es considerado uno de los mejores boxeadores de la historia mundial y uno de los mejores deportistas argentinos de todos los tiempos. Integra, junto con Víctor Galíndez y los mendocinos Pascual Pérez y Nicolino Locche, el Salón Internacional de la Fama del Boxeo.

Su gran campaña a nivel mundial sucedió entre 1970 y 1977. Tras conquistar el título de campeón mundial de los medianos ante el italiano Nino Benvenuti y sus catorce defensas: desde la revancha ante el mismo Benvenuti hasta el colombiano Rodrigo Valdez, el 30 de julio del '77.

El camino ganador de Monzón empezó con la obtención del título mundial el 7 de noviembre de 1970. El camino ganador de Monzón empezó con la obtención del título mundial el 7 de noviembre de 1970. Venció en el Palazzo Dello Sport, en Roma, al italiano Benvenuti, que era campeón desde que en marzo del '68 cuando le ganó a Emile Griffith, de Islas Vírgenes.

La revista The Ring consideró aquella Benvenuti-Monzón como la pelea del año, fueron 18.000 personas los testigos de cómo el argentino noqueó en el décimo segundo round.

Recién se empezaría a tener en cuenta a Monzón. Tito Lectoure era uno de los pocos que habían confiado en él, pues casi nadie lo despidió en Ezeiza cuando viajó (como era el estilo en esos tiempos). Se armó un pelea antes del final de aquel año 1970 para celebrar la conquista del título mundial de los medianos de Carlos Monzón. Fue en el Luna con Charlie Austin, un boxeador estadounidense. No se cubrió ni la mitad del estadio.

Carlos Monzón defendió su título por primera vez el 8 de mayo de 1971 en el estadio Louis II de Montecarlo. Era, a la vez, la revancha para Benvenuti. Carlos llegó muy motivado y el italiano intentaba sus últimos pasos arriba del ring. Y recordaba una nota de El Gráfico que: "El segundo combate ratificó las diferencias y Monzón lo noqueó al minuto del tercer round, aunque ya en el segundo lo había derribado. Su entrenador arrojó la toalla. Fue la despedida del boxeo profesional para Benvenuti, quien con los años se haría amigo del argentino e incluso lo visitaría en la cárcel".

La segunda defensa fue el 25 de septiembre de 1971 en el Luna Park ante Emile Griffith, quien quería recuperar el título arrebatado por Benvenuti. La llegada de Griffith al país causó conmoción. Se trataba de uno de los boxeadores más importantes de aquellos años.

Unas 17.000 personas vieron cómo, tras una seguidilla imparable de golpes, Griffith terminaba agotado en el décimo cuarto round, el árbitro mexicano Ramón Berumen paraba la pelea y Monzón se reconfirmaba como campeón del mundo.

Cuenta Carlos Irusta en el libro "Monzón, la biografía definitiva", que la pelea se realizó un horario poco habitual: a las 17 en Buenos Aires. La TV europea marcaba el horario y había mucho interés para ver en acción al campeón del Consejo y de la Asociación Mundial de Boxeo. Lectoure, administrador y dueño del Luna Park decía que la TV en directo, le restaba público al estadio.

La pelea era a 15 round y Monzón fue sumando ventajas en casi todos los asaltos y cuando terminó el 13º el entrenador Amilcar Brusa le indicó: "Ahora, Carlos apure que ese hombre no da más".

"Y Monzón hizo la descarga final. Agachado Griffith soportó una andanada de golpes, algunos sin precisión, producto del deseo de Monzón de terminar de una vez, hasta que el árbitro decidió parar la pelea. Griffith luego se quejó de la decisión, pero era evidente que por su actitud, puramente defensiva y pasiva, ya no daba para más", escribió Irusta.

Carlos Monzón había hecho su primera defensa en el Luna Park colmado.

Se fue con su familia a cenar al restaurante del hotel Jousten, en Corrientes y 25 de Mayo, y sigue la historia: "No solamente había quedado atrás Emile Griffith: esa noche había sido para él la culminación de un sueño. Según contó años después, luego de la cena pasó por el Luna Park, golpeó hasta que le abrió la puerta Benito, el viejo portero, y junto con su hijo Abel, subió otra vez al ring. Ambos levantaron las manos: "Le habíamos ganado a Buenos Aires".