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Diego Starópoli en Paraná habló de sóftbol, tatuajes y solidaridad

El dueño de Mandinga Tattoo realizó 748 tatuajes en mujeres a las que les reconstruyó la areola mamaria en forma gratuita. Colaboran con 10 escuelas rurales y ahora comenzaron con los "tatuajes sanadores" para personas que sufrieron graves accidentes.

Sábado 20 de Abril de 2019

Diego Starópoli llegó a Paraná para jugar el campeonato Nacional de Lanzamiento Lento "Viva el Río", que es un clásico de Semana Santa. El equipo que armó se llama Mandinga Tattoo, como su estudio de Lugano, en el sur de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

El sábado estuvo todo el día en el estadio mundialista Nafaldo Cargnel porque tenía una serie de partidos por delante junto al plantel que está compuesto por sus amigos y familiares. Un par de horas antes del juego, que arrancaba a las 20; se dispuso a la entrevista con UNO.

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Diego se convirtió en el mánager del equipo.
Diego se convirtió en el mánager del equipo.

Bajó de la camioneta ploteada con el logo de su empresa, en donde descansó aprovechando el aire acondicionado, y entró al estadio que conoce desde los 15 años cuando venía a defender los colores de Patronato.

"Era pibito, laburaba de cadete y me pagaba el cole para llegar, jugar con los juveniles y después al banco de la Primera, soy muy fanático de Patronato, en sóftbol –aclara–; el club es mi segunda casa", relata sentado al borde del diamante, con una botella de agua saborizada en la mano porque no toma alcohol.

A los 47 años es una persona que lleva tatuada en su mano la frase "todo vuelve" porque está convencido de que cada acción que realiza retorna con buena onda. Tiene el estudio de tatuajes más grande de Latinoamérica en donde trabaja con 14 colegas. Viene de organizar en la Rural la exposición de tattoo que convocó a 40.000 personas y es una de las mejores cinco del mundo.

Este año si todo sale como lo pensó abrirá el segundo salón en Palermo Soho y luego estrenará estudio en Barcelona, Cataluña.

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En una tarde calurosa Diego se seca la cara y muestra sus tatuajes.
En una tarde calurosa Diego se seca la cara y muestra sus tatuajes.

El éxito laboral lo llevó a pensar acciones solidarias que replica en 10 escuelas rurales del país. En Ibicuy ayudó en uno de los establecimientos educativos y en el hospital público. Llegan al pueblo, arman los estudios móviles para tatuar a los habitantes y todo lo recaudado es donado a las cooperadoras de las instituciones.

Con orgullo cuenta que en Mandinga se tatúan los músicos del rock nacional, artistas, periodistas y futbolistas. Así fue que escribió dos libros "Cazador de sueños y "Cosa de Mandiga" que recuerdan los 20 y 25 años del salón de tatuajes y sus historias.

En todo este camino recorrido, Diego, reconoce que el punto de inflexión fue la muerte de su padre en las garras de un cáncer de huesos. "Para que te des una idea, cuando yo nací mi mamá estaba sola porque mi papá estaba jugando un partido de sóftbol. Él era de Buenos Aires pero debería haber nacido en Paraná, por como se vive el sóftbol. Quería que sus cenizas fueran a la cancha de Parque Roca o a este estadio", recuerda y sus ojos brillan.

Su madre enfermó de cáncer de mama, al igual que la abuela y una tía mientras que uno de sus hermanos terminó el tratamiento contra la enfermedad hace muy poco.

Casi que por casualidad se enteró de que existía la técnica que permite la reconstrucción de la areola mamaria mediante un tatuaje. Empezó a realizar los tatuajes en forma gratuita y en Paraná realizó el tatuaje 748 en una mujer a la que le extirparon el pecho. Fue distinguido en el Congreso de la Nación, la Cámara de Comercio y su empresa fue elegida como la de mayor responsabilidad social del país.

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Para seguir colaborando, hace un tiempo, comenzó con los "tatuajes sanadores" que se los realizan a personas que padecieron grandes accidentes y la medicina se queda sin recursos estéticos. Pueden intervenir un brazo que sufrió una grave quemadura o embellecer una gran cicatriz. Algunos casos lo hacen en forma gratuita y en otros solo cobran los materiales.

"A las personas que están sufriendo, emocionalmente, le cambiás la vida en forma radical", sentenció mientras subraya que para él, el deporte, es sanador porque adentro de una cancha de sóftbol, en un mismo equipo, pueden compartir "el que maneja un Audi y el que no llega a cargar la sube a fin de mes que además seguro es mucho más jugador que el del Audi".

"Lo único que hago para mí en forma egoísta es jugar al sóftbol porque acá es lindo el clima, linda la gente, no discutís, ganás, perdés y te divertís igual", dijo para terminar la entrevista y volver rápido con su equipo que esperaba cerca del alambrado para ingresar a jugar.






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