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Dejó telarañas en todos lados

La Araña Juan Carlos Maciel pasó por todas las categorías del fútbol nacional. Lo hizo en su época como arquero y ahora como integrante del cuerpo técnico de Belgrano. ¡Un grande de verdad!

Jueves 22 de Noviembre de 2012

Andrés Martino / Ovación
amartino@unoentrerios.com.ar

Nació en San Fernando, Buenos Aires, tiene 51 años y se llama Juan Carlos Maciel. Lo apodan La Araña y tiene la particularidad y el privilegio de haber pasado por todas la categorías del fútbol argentino, sea como arquero o como integrante de algún cuerpo técnico.
Pasadas las 14.30 de la siesta paranaense, con una temperatura que llegó a los 32 grados, el exarquero, se encontró con Ovación para repasar una rica trayectoria.
 

Fiel a su estilo y como no podía ser de otra manera acudió a la cita con la pelota en mano, predispuesto para las fotos y para la entrevista.
 

Refugiados del sol, debajo de la copa de un árbol, el uno contó su historia y el lugar escogido fue la sede de Belgrano, en Salta y Nogoyá.
 

—¿Qué significa haber pasado todas las categorías del fútbol argentino?
 

—Uno pisó desde la tierra hasta los mejores céspedes de las canchas que hay. Nada me podrá sorprender en lo que respecta a estadios, pisos o rivales. Afortunadamente el fútbol siempre fue mi pasión y nunca dudé de jugar en cualquier categoría. Gracias a Dios de todas ellas aprendí algo, llegué a jugar en el fútbol colombiano con grandes jugadores que me crucé y grandes amigos que me dejó el fútbol y la vida. Hoy me puedo sentar tranquilo a contar todas esas cosas.
 

—Algunas particularidades de las categorías donde jugaste.
 

—Por ejemplo comenzamos con la D. Yo te puedo decir que en la D viajaba, para marcar una distancia, desde Paraná a Rafela todos los días y entrenaba al costado de la General Paz donde está la cancha de Vélez, al costado. Yo entrenaba ahí con los equipos y no hablemos de césped, hablemos de piedra y tierra. A medida que íbamos avanzando las canchas fueron mejorando como así también los compañeros, los rivales y el nivel. Así llegó el Nacional B que ya era semiprofesional, pero también yo trabajaba. Es lindo recordar mi pasado porque yo jugaba Nacional B y trabajaba en un supermercado. Trabajaba de 6 de la mañana a 2 de la tarde. De ahí me iba a Laferrere a entrenar y a mi casa llegaba a las 10 de la noche. Entonces todo ese sacrificio que hice lo hice con gusto y tengo la satisfacción de decir que viví del fútbol durante 20 años. Tres meses antes de irme a Colombia, yo trabajaba y jugaba. Llego al fútbol colombiano saliendo de un club humilde, pero de gran corazón como es Laferrere. Ese club me dio alegría y respeto de su gente. Llegué en el mejor momento del fútbol colombiano con unos monstruos que jugaban y de un día para otro el fútbol te da alegrías si uno se cuida.
 

—Vos hiciste el camino de abajo hacia arriba, pero hay arqueros que hicieron al revés ¿Cuál es más fácil?
 

—Más fácil es arrancar de abajo porque uno conoce el sacrificio y quiere llegar arriba.
 

—Y el que va bajando no se adapta.
 

—Claro. El que está bajando viene con mañas que se viven en el fútbol profesional y no las vas a encontrar cuando venís bajando. A no ser que sea un gran profesional y te adaptés a las categorías que vayas jugando.
 

—Diferencia entre un arquero de la D y uno de Primera.
 

—Existe la diferencia en el nivel de compañeros y en los rivales que se enfrentan. Te cuento una anécdota. Cuando yo jugaba en Laferrere, llegábamos y en pleno invierno el utilero juntaba leña, nos calentábamos con eso y nos esperaba con una taza de mate cocido. Eso es mucho amateurismo y sacrificio, más la humildad del utilero. Hoy llegás a un vestuario de Primera y tenés un cafecito batido, el utilero te espera con el agua caliente y la calefacción. Todas esas cosas que yo viví cuando venía subiendo me hicieron bien para cuando estuve arriba.
 

—¿Qué categoría fue la que más te gustó jugar?
 

—Siempre digo que el mejor torneo que jugué fue el Nacional B porque es un torneo muy emocionante que te lleva por todo el país y tiene mucha adrenalina especialmente en las finales y uno tuvo la posibilidad de estar. Conocí muchas canchas y mucha gente. Yo tuve una virtud. Jamás a nadie le contesté desde el arco y por eso me gané muchos amigos rivales. Tal es así que jugando en Unión nunca tuve problema con la hinchada de Colón. Siempre los traté con respeto y hasta el día de hoy me saludan. Tuve la tranquilidad de atajar tranquilo sin que nadie me agrediera.
 

—¿El mejor partido en qué categoría fue?
 

—Si voy al más importante te tengo que decir el de la final Unión-Instituto porque ascendimos a Primera. Pero yo tuve tres años excelentes en Laferrere y eso me valió el pase a Colombia. Allá hasta el día de hoy me llaman. Fueron cinco años muy buenos. Pero, el partido de la final que asciendo con Unión quedará grabando por siempre.
 

—¿El club que más te marcó?
 

—Te puedo nombrar tres para no quedar mal con ninguno. Primero Laferrere, pasando por Deportes Quindío y terminando en Unión. Estos tres marcaron mi carrera y la gente así me lo hace notar.
 

—¿En qué categoría te empiezan a comparar con René Higuita?
 

—Me fui con el apodo de Araña de Laferrere a Colombia y siguió allá. Cuando vuelvo a Unión con el pelo largo y parecido al de Higuita, justo cuando él le mete un gol a Burgos en cancha de River, y como no se veían arqueros con pelo largo, comenzó la comparación. Fue lindo, pero nunca imité a nadie, siempre con mi estilo.
 

—¿Como te encuentra el presente en Belgrano?
 

—Yo hice el curso de técnico y me recibí en 2002. Desde entonces andamos trabajando con los chicos y grandes. Tuve la suerte de entrenar a chicos como Emanuel Trípodi, Nereo Fernández o Luis Ojeda que posaron por mis manos. También el caso de Sebastián Bértoli que estaba falto de trabajo, puso todo el esmero y Bértoli es lo que es hoy. Ahora estoy en Belgrano, un club con su historia y con un compañero como Hugo Fontana quien me invitó a trabajar con él (se conocían de Sportivo Urquiza). Comenzamos a trabajar acá y tenemos el poyo del presidente de la entidad. Tenemos una gran ilusión y una gran esperanza. Queremos llevar a Belgrano al lugar que corresponde. Conozco poco la historia, pero se que es de los más viejos. Formamos un equipo en la Liga y la ganamos, después jugamos el Torneo del Interior, perdimos por penales y por invitación entramos al Argentino B donde más allá del mal comienzo, hoy estamos bien porque corregimos muchas cosas. Tenemos un presente muy lindo, donde hace bastante no perdemos.
 

—¿Un sueño?
 

—Seguir creciendo con Belgrano y, por qué no, algún día poder dirigir en Primera División.

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