Fútbol
Miércoles 31 de Enero de 2018

Cinco favoritos del Mundial con la Argentina en el centro

Las historias del nombre de nuestro país y del origen del fútbol entre los guaraníes, que nos afianzan para organizar el Mundial 2030.

En el último mundial de fútbol realizado en Brasil hace cuatro años, y en vísperas de la tremenda final en el Maracaná, jugamos en este espacio con el nombre de nuestro país, y sugerimos que cualquiera fuera el resultado del partido entre Alemania y nuestra Selección, siempre ganaría Argentina.


Bueno, luego perdimos, pero ¿cuánto de "argentinos" tienen los alemanes? Ahí está el punto.


Tal vez el título fuera confuso. "Argentinos: no tanto papás de Brasil como abuelos de Alemania". Hacíamos alusión, claro, a la frutilla de los cánticos del Mundial: "Brasil decime qué se siente tener en casa tu papá", una linda mojada de oreja de los hermanos de al lado. Ahora, ¿por qué nosotros abuelos de los alemanes? ¿O a qué "argentinos" nos referíamos?


Cuna del fútbol

Ya aparece en el horizonte el mundial de Rusia. Los rusos no nos son extraños: en la Argentina maniquea del blanco o negro, a raíz de la inmigración de muchos judíos y alemanes del Volga (de Rusia) y tantos de ellos rubios, todo rubio pasó a ser "ruso".


Y bien: con el equipo local (Rusia), una vez más aparecen entre los favoritos Brasil, Alemania, la Argentina, Francia y España, justo los cinco países involucrados de lleno en el nombre de la Argentina, como veremos más adelante, un nombre que importamos de algún lugar de Europa, claro está.


Hoy nos permitimos reflotar aquel juego que hermana los continentes con las voces. Es un adicional, digamos, porque el mismo fútbol ya nos vincula, no solo por el intercambio de gustos, camisetas y jugadores sino también, por ejemplo, a través del debate mismo sobre el origen del deporte, muy probablemente entre los guaraníes, es decir, entre nosotros: Argentina, Paraguay, Brasil, Uruguay, y con un fuerte arraigo y despliegue luego en Europa.


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<b>Meliá.</b> El estudioso jesuita español sostiene el origen guaraní del fútbol.
Meliá. El estudioso jesuita español sostiene el origen guaraní del fútbol.


Los mismos países que compartimos el acuífero Guaraní (hoy agrupados en el Mercosur) compartimos la cuna del juego de pelota elástica con los pies. Ni más ni menos.


En el sur del actual territorio entrerriano vivían guaraníes, ¿jugaban a la pelota de caucho? Es probable, tal vez entre los médanos, quién sabe, mucho se perdió porque la incursión no fue precisamente amigable en estos pagos, como no lo fue la recepción de los primeros navegantes. Si los guaraníes isleros del sur entrerriano probablemente se almorzaron a Juan Díaz de Solís y sus amigos en un ritual, en un caluroso enero como este pero hace 502 años, no queremos saber cómo festejaron en un campito aquella primera victoria... ¿Fulbito quizá?


Tres presidentes

El caso es que, muy probablemente, el Mundial de 2030, cuando celebremos los 100 años del primero de todos, realizado en el Uruguay en 1930 (con victoria local sobre... nosotros); es probable, decimos, que paraguayos, argentinos y orientales nos reunamos con un mismo fin: el mundial del Centenario. Y justo en las tierras donde nació el fútbol hace ¿cuánto?: tal vez miles de años, con gente descalza que pateaba con el empeine una bola saltarina de resina. La pelota jugada con un pie en el aire, al fin y al cabo, nos ayuda a borrar las fronteras. Su cuna está en la cuenca del Paraná-Uruguay. Dos nombres clave en la milenaria historia entrerriana (primera capital, Uruguay, actual capital, Paraná).


Los tres presidentes actuales de nuestros países (Mauricio Macri, Tabaré Vázquez y Horacio Cartes) acordaron esta propuesta conjunta, hace tres meses y pico. Hay que decirlo: el año 2030 será la bisagra, para desmentir esa historia oficial que le reconoce al fútbol una cuna en Inglaterra. Qué lástima, búsquense otro, porque este juego bien redondito es nuestro. Le llamábamos manga ñembosarái, y lo compartíamos, por supuesto, como todo.


El estudioso jesuita Bartomeu Meliá ha explicado que se jugaba aquí con los pies, pateando con el empeine, mucho antes de la llegada del europeo que jugaba con las manos. Lo sabemos por los guaraníes del Paraguay. Eso tiene documentado, pero es lógico que ese Paraguay es amplio, llega a nuestros territorios, y es de suponer que era esa cultura la que jugaba, de modo que los guaraníes entrerrianos debieron tener una canchita en el fondo ¿no?


Vamos al nombre

Ahora pasemos al tema que nos ocupa: el nombre de la Argentina.


Decíamos en 2014, ansiosos en las previas del partido en el Maracaná: vastas regiones de Alemania, Suiza, Bélgica y Bosnia (agreguemos Francia) se llamaron Argentina muchos siglos antes de que ese nombre cuajara en el cono sur de Abya Yala (América), en un ida y vuelta similar al del fútbol.


Dicen que los guaraníes cultivaron el fútbol como la mandioca, antes que los ingleses. Si así fuera, ese tiento que cose los continentes como cascos de la número cinco se parece al del nombre de nuestro país.


"Argentina" era usual en Europa y allá duró más del tiempo que lleva en este retazo del planeta, de modo que no pocos alemanes de los que saldrán a la cancha (apuntábamos) tienen un abuelito de la Argentina. De otra Argentina, claro está.


Los charrúas

En devolución a los cánticos de la hinchada albiceleste en Brasil, los periodistas brasileños publicaron en sus portadas en ese julio de 2014 aquello de que los brasileños "son alemanes desde criancinhas" (chiquitos). Todo contra sus clásicos rivales: nosotros. Entonces comentamos que, ganara quien ganara en el Maracaná, festejarían los argentinos.


Es que mil años antes de que el término designara a nuestro país, muchos abuelos de los abuelos de los integrantes de la selección alemana de fútbol eran ya de una Argentina.


Esa "Argentina", fue una vastísima región de la hoy Alemania y los países linderos.


Así como la Argentina de aquí dio un Papa que eligió el nombre Francisco en homenaje a Francisco de Asís, fueron los franciscanos venidos de Alemania a la actual Bolivia quienes empezaron a llamar argentinos a los entonces habitantes de Charcas (esa ciudad boliviana también llamada La Plata, Chuquisaca, hoy Sucre).


Esa transferencia del nombre ocurría en el siglo 16, poco después de iniciada la invasión europea a nuestro continente. Luego vendría el clérigo Martín del Barco Centenera para extender el adjetivo "argentino" al río Paraná y a todas las comunidades de la cuenca del Paraná. "Argentina" se llama su poema de 1602. O más precisamente: "Argentina y Conquista del Río de la Plata, con otros acaecimientos de los reinos del Perú, Tucumán y estado del Brasil".


"Los argentinos mozos han probado/ allí su fuerza brava y rigurosa", escribe el autor.


Y aclara después: "el río que llamamos Argentino/, del indio Paraná o Mar llamado". Es decir: la obra enfoca en el río Paraná, le dice Argentino y añade que su poblador más afamado es el charrúa.


Los charrúas orientales y entrerrianos estamos en el centro de la cocción del nombre de nuestro país. El adjetivo "argentino" califica en Martín del Barco Centenera no sólo a un río o una cuenca sino a todo un territorio que hoy abarca varios países vecinos. Ya veremos que la voz trasciende las fronteras aquí como del otro lado del océano.


Centenera toma el adjetivo usado en la ciudad de La Plata (Charcas) y lo atribuye al río. De allí derivan "río Argentino", "mozos argentinos", "gobierno argentino", "Reino Argentino", en su poema. No como sustantivo, claro.


Así lo explica el autor Ángel Rosenblat en su obra "El nombre de la Argentina".


Argentoratum

Ahora bien, ¿qué tiene que ver todo esto con los alemanes, que nos malograron los festejos aquel 13 de julio de 2014 y ahora se presentan como favoritos para aguarnos el nuevo Mundial?


Es que esa voz (Argentina) que empieza a decir algo de la cuenca del Paraná es la que antes se

usaba para hablar de la cuenca del Rin.


Veamos lo que cuenta Rosenblat sobre Estrasburgo, antigua ciudad alemana, hoy en Francia (Alsacia), en el límite con Alemania: "Como vieja aldea de pescadores celtas se llamaba originalmente Argentoratum o Argentorate. Los latinos, en la época de Augusto, la convirtieron en sede de su legión VIII y la designaron a veces con el nombre Argentaria o Argentouaria (había efectivamente minas de plata en sus cercanías). Para la población germana fue Stratesburgum. Ya desde el siglo VIII está documentado el nombre latino Civitas Argentina o simplemente Argentina".


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<b>Sin fronteras.</b> El juego antiguo de los guaraníes cruzó las fronteras y cautivó a la humanidad.
Sin fronteras. El juego antiguo de los guaraníes cruzó las fronteras y cautivó a la humanidad.


Y no es que el nombre haya pasado al olvido: al pie del actual escudo de Estrasburgo se lee "Argentoratum".


Casualidades de la vida, su emblema es un paño blanco cruzado por una diagonal roja, que nos recuerda la bandera federal.


Todavía en el año 1.400 existían escritos que nombraban de uno y otro modo a la Argentina en Alemania. Es decir, se usó muchos siglos, más tiempo que el que lleva el nombre Argentina en nuestro suelo. En Alemania, en Bélgica, en Suecia, en Bosnia, en Francia... Está a la vista que los Mundiales, el que perdimos y el que ganaremos, son una buena excusa para indagar en el origen del nombre de nuestro país, que compartimos con varios de nuestros adversarios de estas horas.


Gabriel Heinze

Los franciscanos constituyeron luego una provincia de su orden religiosa en Alemania, y ¿cómo le llamaron? "Provincia Argentina", con capital en "Argentina" (Estrasburgo).


La Argentina no era chiquita. Dice Rosenblat que esa región bien delimitada por los franciscanos abarcó "toda la Alta y Baja Alemania, llegando hasta Bélgica y Suiza. Esta Provincia Argentina tenía conventos –añade– en Amberes, Bamberg, Basilea, Friburgo de Brisgovia, Heidelberg, Heilbrunn, Ingolstadt, Kaiserberg, Landshut, Maguncia, Mónaco, Nüremberg, Oppenheim, Türingen, Tübingen, etc.".


Algún futbolista argentino tiene sus raíces en Alemania. Es el caso del entrerriano Gabriel Heinze, con choznos en el Volga que tenían padres o abuelos en las tierras de Bach. (Dichos sea, de paso: Johann Sebastian Bach, de Turingia, una de las regiones que pertenecieron a la provincia franciscana llamada Argentina. No sabemos si Dios es argentino, pero Bach sí).


De modo inverso, muchos de los futbolistas alemanes tienen sus raíces en la Argentina. La Argentina europea, claro está.


Como decíamos: aquella Argentina inspiró a los franciscanos venidos al Abya Yala (América) para llamar argentinos a los habitantes de una ciudad de Bolivia. El adjetivo fue extendido por Centenera al río Paraná y a toda su área de influencia, la región del Plata.


(Un plus: si argentina deriva del latín argentum, plata, no hay que hacer mucho esfuerzo para ver que el fútbol de élite tiene mucho de "argentino").


Fue en Paraná

Para el estudioso Rosenblat, elnombre Argentina fue cultivado por los poetas, después de Centenera. Por eso lo señala como una conquista del arte.


El 8 de octubre de 1860, luego de años de debates sobre el nombre de nuestro país, el presidente Santiago Derqui firmó en Paraná este decreto, recordado por el propio Rosenblat: "Habiendo resuelto la Convención Nacional ad hoc que para designar la Nación puedan indistintamente usarse la denominación Provincias Unidas del Río de la Plata, República Argentina o Confederación Argentina; y siendo conveniente a este respecto establecer uniformidad en los actos administrativos. El Gobierno ha venido en acordar que para todos estos actos se use la denominación 'República Argentina'". Y apunta Rosenblat: "el nombre adoptado por los poetas ha triunfado sobre todos los nombres de la prosa oficial". Pasó más de siglo y medio. El fútbol, nuestro bello juego con los pies, nos ha permitido hablar de una identidad que las fronteras no pueden atajar.

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