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Luz, Cámara y a Jugar

César Andino, el Willy Vilas del ñu metal

César Andino, líder de Cabezones y actualmente de Silencia no faltó a la cita con Luz, Cámara y a Jugar. Hablo de tenis y de su amor: Unión de Santa Fe.

Sábado 26 de Junio de 2021

César Andino comenzó con su carrera en 1992 con la banda Cabezones, una formación que en esa primera etapa desplegó punk y hardcore, pero que luego fue cambiando su rumbo en los siguientes discos para dar paso a un ñu metal melódico muy característico y distintivo de la banda. Ese estilo también lo logra plasmar en Silencia, un proyecto nuevo que nació en el 2020 en plena pandemia y que unió a varios músicos de Buenos Aires con el santafesino. Su pasión por el tenis y el amor por Unión de Santa Fe, fueron el eje de una bonita charla en la casa del ícono del rock de esta región. Luz, Cámara y a Jugar, se dio otro gusto.

“Yo empecé a los 9 o 10 a jugar tenis, ya de grande si es que pensaba en una carrera profesional. Yo había jugado tenis criollo y tenía idea de pegarle a la pelota así que a los 12 ya jugaba bien. Entrenaba con pretemporada y a jugaba torneos. A los 14 ya jugaba bien”, dijo y confesó: “A esa edad ya ganaba torneos. Lo hacía en los Clasificatorios para los Nacionales. Me costó en Juveniles un poco, pero después fui séptimo del ranking. Recuerdo un certamen con gente de Entre Ríos, fue una masacre (risas). Me agarró el uno de Entre Ríos y me mató. Yo jugaba para Unión. El primer fue 6/0 y de local. Pasó rápido. Fue una mañana, temprano, hacía frío. No recuerdo su nombre, pero me mató. No vi la pelota. Pasaron 20 minutos y fue 6/0. Después demoraba un poco para hacer tiempo y saqué un 6/3 digno y ahí se terminó todo. Yo ahí dije no juego más estos torneo y paso a otra categoría. Me iba bien, ganaba y jugaba dobles, me encantaba mucho. Llegué hasta Segunda y ahí me tocó la colimba y dejé todo”.

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Ya con Andino en el Servicio Militar Obligatorio se da que el tenis, casi sin quererlo, le tiende una mano para un posterior premio personal. “Un día hablando con el teniente primero, me llama y me dice soldadito Andino, si me teniente primero le dijo. Y me dice acá me dijeron que usted juega al tenis. Si, le respondo. Entonces me dice hoy usted no se va a ir a su casa, se va a quedar a jugar conmigo. Y yo me quería ir. Me dijo que si jugaba bien, me daba unos días de franco. Fuimos, yo jugué con el ante otros que se tenían pica. Son muy competitivos estos tipos. Jugamos y fue fácil. El tipo me amó y me dijo venite y presentate dentro de tres años (risas). Tuve dos semana de franco y ahí estuvo el negocio”.

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Como jugó y sabe de tenis, César no le escapó a la elección de un ídolo: “Guillermo (por Vilas). Hasta estuvimos mandando cartas a la Federación para que lo reconozcan como número uno. Hay una película que salió ahora. La Federación le iba a reconocer que fue número uno del mundo, se mandaron cartas, pero no se dio. Ahora Guille está mal de salud. Pasa que antes los ranking se confeccionaban de manera extraña. El había ganado muchas semanas distintos torneos y lo merecía, pero como estaba Jimmy Connors y su país, se lo dieron a el. No había chances. Un periodista logró demostrarlo a eso, pero la ATP no le dieron lugar. Guillermo le regaló todos sus recuerdos a este periodista (Eduardo Puppo). Después con los años me gustó Andre Agassi. Cuando el sale en Roland Garros con los pelos parados y el short de jean, que fue una revolución, le pedí a mi abuela que me haga los míos. Una genia la Tita. Yo jugaba con remeras negras de Iron Maiden porque ya tocaba música”.

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Como jugó al tenis en Unión, está claro que su corazón es Tatengue y también hay un gran vínculo con el fútbol. “Yo pasaba horas en el club. Así eran mis días. Después de dejar tenis jugué con Carlitos Fertonani al pádel. Me hacía correr el gordo (risas). Hasta que luego de los 20 llegó el rock. Pero yo vivía en Unión, jugábamos al fútbol, tenis, básquet. Y después lógicamente los fin de semana era ir a ver a Unión. Por ejemplo con los chicos del Jockey nos encontrábamos en la tribuna. El campeonato del 89 lo vimos, religioso. Estaba La Bomba y nosotros íbamos al lado. Nosotros no éramos barras, éramos pibes y esa era una forma distinta de ver fútbol. La pasábamos tremendamente bien, fanáticos”.

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