Automovilismo
Miércoles 04 de Abril de 2018

Casi a los 70 años, Pereyra es un ejemplo a imitar

Julio César cumplirá un año más el mes que viene y su edad no lo detiene para seguir disfrutando del TC 850, una de las categorías Provinciales. La pasión es una de las claves del nacido en Bovril.

El mes que viene soplará 70 velitas. Sí, el interminable Julio César Pereyra sigue despuntando el vicio a esa edad en el TC 850, una de las categorías que forman parte de las famosas provinciales que arrancan el otro fin de semana en el trazado del CVE.
Pasión. Esa es la palabra que describe al famoso Chueco de Bovril, quien ayer habló con Ovación respecto de esta nueva temporada en el automovilismo de la provincia.
"Estamos con toda la energía y la disposición para poder hacer un año competitivo. Gracias a la mayoría de los amigos, que son los sponsors, se hace posible que uno pueda estar. La expectativas son buenas. En 2017, después de ocho años volvimos a incursionar en el 850 y este año venimos con otras expectativas, pero todo positivo", expresó.
Su motor para seguir corriendo en un auto de carrera es la pasión, el amor que tiene por la disciplina. En este sentido el Chueco no dudó: "Es algo que desde muy chico lo soñé. Poder a esta altura de mi vida estar arriba de un auto de competición la verdad que es muy importante".
Los pares de Pereyra lo saludan, lo felicitan y lo admiran en cada una de las citas. Está claro que el Chueco es un ejemplo para la juventud. "Son todos jóvenes y la verdad que tienen un respeto conmigo como yo con ellos. Incluso tenemos charlas, me preguntan y yo soy una persona muy abierta y no tengo problemas en darles una mano desde lo verbal o mediante la experiencia que uno adquirió en la vida o en el automovilismo. Uno se lo transmite a ellos para que eviten la vehemencia de hacer maniobras que no corresponden. Tuve la posibilidad de poder hablar con ellos para buscar el equilibrio en el automovilismo".
Pasados los 30 años. Ahí se da el inicio del piloto entrerriano en el mundo tuerca. "Yo arranco a los 33 años en la Fórmula 8. Yo corría con un Ford A convertido en un auto de carrera. Fue toda una experiencia inimaginable estar arriba de un auto de esos transformado en un auto de competición y correr con gente de esa época que era de Bovril, Sauce de Luna, Bernardi, Federal, La Paz y Piedras Blancas. Era todo un acontecimiento en la zona porque era una categoría que la federamos en la Federación Automovilística Entrerriana para que sea algo serio. Pasaron cinco años y ahí se cortó todo", recordó.
La familia lo apoyó siempre, pero le dice que pare. Julio César no quiere saber nada y seguirá arriba de un auto hasta que la pasión se acabe. "La familia siempre está presente y sabe que es mi locura subirme a un auto de competición. Tuve la posibilidad de que mi esposa lo entiende y uno pude seguir en esto. Estoy grande y ya no me dicen nada. No me pueden frenar a esta altura. Mientras yo me sienta bien voy a tratar de seguir en esto. Y cuando sienta que estoy cometiendo un error en lo que estoy haciendo ahí me bajaré".

El Chueco, un inoxidable apasionado por la velocidad

Cultivador de la amistad en cada autódromo que las categorías provinciales visitan. Así se lo puede considerar al popular Chueco, que supo ganarse el cariño del ambiente y que es valorado no solo como piloto, sino como persona.
El Abuelo es hoy por hoy uno de esos pilotos a quien uno desea que todo le salga a la perfección durante el fin de semana y que llegue a la bandera a cuadros. Junto a Raimundo Patat, Dante Jumilla, Luis Ponte, entre otros, son de esos pilotos que les mueve solo la pasión por los fierros, ya que en cada inicio de temporada están con suma expectativa de comenzarla y son infaltables en cada fecha.
Hace dos o tres años, cuando uno se lo cruzaba por los boxes, el Chueco comentaba orgullosamente que cada vez faltaba menos para su regreso al TC 850, categoría en la cual ha transitado muchas épocas de gloria.
Y su pasión por los fierros también la heredó su hijo Octavio, que desde hace varios años es uno de los animadores del Turismo Pista 1600.
Claro que su principal misión en cada fin de semana de automovilismo no es destacarse como el mejor, sino que su reto pasa por no perder la vigencia e integrar la grilla de partida de cada carrera final.
Sin dudas que se puede ser competitivo en una pista de carreras, bajo la circunstancia que sea. Pero como muchos lo atribuyen, 'siempre hay que saber hasta dónde se puede acelerar y cuándo hay que poner el pie en el freno'.
De eso se trata el interés que un apasionado por los fierros le puede brindar. Además, ese espíritu competitivo debe ser tomado como un espejo en los jóvenes que hoy arrancan a transitar el mundo del automovilismo deportivo.

José Luis Ballesteros / UNO

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