Ovacion
Lunes 04 de Marzo de 2019

A 20 años del "Racing ha dejado de existir"

Algún día Liliana Ripoll reconocerá que Racing nunca dejó de existir. A fin de cuentas, esa frase vacía de sentimientos, un puñal para los corazones celestes y blancos, sólo buscó la movilización de la gente. Un impulso desde la angustia.


Fue el 4 de marzo de 1999. "Racing Club Asociación Civil ha dejado de existir", disparó la contadora platense con la frialdad de un témpano. Y fue el peor día para los hinchas, incluso para aquellos que vivieron el descenso el 18 de diciembre de 1983, tras perder 4 a 3 con el homónimo de Córdoba.


Eran tiempos de una crisis institucional terminal, con Daniel Lalín como presidente. La imagen del redoblante golpeando en el rostro del dirigente, en simultáneo con el estallido de sus lentes, forma parte de la galería más oscura de la Academia. "Nosotros venimos a dar la cara y la vamos a dar siempre", dijo antes de recibir el impacto. Intentó seguir hablando con su pómulo sangrando. No lo dejaron.


Entonces, en Racing empezaron a convivir jugadores como Teté Quiroz, Claudio Ubeda y Sergio Zanetticon apellidos como Ripoll, el juez Enrique Gorostegui, Gabriela Trola y Jorge Seisdedos, funcionarios ajenos a la pasión. Todos se habían acostumbrado a la anormalidad.


La quiebra que había pedido el 13 de julio de 1998 se había formalizado en el Juzgado Civil y Comercial N° 16 de La Plata a través de Beatriz Favre. Había una deuda de 66.500.000 de pesos (o dólares, de acuerdo a la convertibilidad) y un futuro sombrío. Lalín creyó que la mejor estrategia era licuar el pasivo.



Sin embargo, siete meses después, la situación era desesperante.Racing ni siquiera estaba habilitado para comenzar su tránsito en el Torneo Clausura de 1999 por un fallo que ordenaba el cese de actividades y la liquidación de los bienes.


Racing no pudo jugar la primera fecha del campeonato ante Talleres, programada para el 7 de marzo. Los fieles de la tribuna, de todos modos, coparon el estadio. Hubo 30 mil personas en el Cilindro. Caminaron con sus rodillas pidiendo por la continuidad del club. Lloraron sobre el césped en el que, a esa hora, debía estar jugando el equipo que dirigían Gustavo Costas y Humberto Maschio contra los cordobeses. Las imágenes, conmovedoras, dieron la vuelta al mundo. Y ese domingo nació el Día del Hincha de Racing, que se celebra cada año.


Desde el Gobierno Nacional tomaron nota: el vicepresidente, Carlos Ruckauf, tenía previsto declarar "Patrimonio Nacional" a la institución. El poder no iba a permitir la desaparición de un grande.


Un fallo de la Sala II de la Cámara de Apelaciones le permitió debutar ante Central en Rosario. Una montaña de fe viajó hasta Arroyito. Y la derrota (2 a 1) fue apenas una anécdota. El dolor más grande ya había pasado. Después, llegaría el gerenciamiento, el oasis de la vuelta olímpica en el diciembre negro de 2001 y más años de penurias deportivas e institucionales. Hasta 2014, cuando el club por fin empezó a enderezarse.


Hoy, a dos décadas de un 4 de marzo que todavía lastima el alma, Racing está vigorizado y muy cerca de ser campeón. A la altura de una historia que el 25 de marzo cumplirá 116 años, a un siglo de un logro que no pudo ser superado por ningún otro equipo de este país: el heptacampeonato que es puro orgullo. Con las cuentas claras, un plantel competitivo y un superávit récord: 616 millones de pesos a diciembre de 2018. Autogestionado, sin la necesidad de aportes externos. Con una cantera en el predio Tita Mattiussi que le permite ser protagonista del mercado de pases y de cada torneo que disputa en el último lustro.


Si viviera Tita, Margarita Elena Mattiussi, la hija del canchero que tenía su hogar debajo de la popular, la que dijo que daría la vida por la Academia en aquel marzo cargado de tristeza. "Será que nuestro destino es sufrir", le dijo a Clarín en una de sus últimas apariciones.

Murió en agosto de 1999, dos semanas antes de que los hinchas se encadenaran en la puerta de la sede de Villa del Parque para evitar el remate. La tarde de la Batalla de Nogoyá. Ella nunca pudo ver cómo la Academia volvió a ponerse de pie. Porque a pesar de aquel lacerante enunciado de la síndico, como reza la bandera, este amor no se quiebra.

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