Skateboarding
Lunes 16 de Abril de 2018

El skate como herramienta de empoderamiento en Palestina

En un pueblo de Cisjordania, patinar es la salida que permite a jovenes palestinos soñar más allá de "la jaula de hormigón".

Siempre se dicen muchas cosas sobre el skate. Algunas veces se descalifica asegurando que es un deporte para chicos de Occidente, de esas ciudades en las que hay bancos y barandas por todos lados.


En los últimos años ser skater está bastante de moda y muchos pasean la tabla como si fuera un bolso, un accesorio más sin mucha utilidad.


skate 2.jpg
Una chica palestina. 
Una chica palestina.



¿Cómo describir entonces a un grupo de jóvenes que, sin otra pretensión que pasar un buen rato, hacen trucos en una cárcel urbana de la que casi es imposible moverse, y cortan el viento a la velocidad de sus tablas, que sin embargo consiguen llevarlos muy, muy lejos? No llevan gorras de visera plana , ni remeras con publicidad, y la pasan bárbaro en las pistas junto con las chicas que usan pañuelos en el pelo.


Cuando uno pasea por las ciudades del West Bank, rápido se da cuenta de que los parques infantiles brillan por su ausencia. Los niños juegan con total normalidad en áreas que son una mezcla de tierra, cemento y algo de basura. La buena intención de sus habitantes no es suficiente para hacer frente a los limitados recursos municipales que derivan en carencia de infraestructuras.


skate.jpg
Una vista aérea de la pista. 
Una vista aérea de la pista.



Qalqilya es una ciudad palestina de 40.000 habitantes que viven completamente sitiados por la muralla israelí. En el año 2000, durante la segunda Intifada, esta ciudad sufrió los toques de queda más largos de Cisjordania y fue constantemente invadida por el ejército israelí. Si bien la intensidad de la violencia disminuyó a lo largo de los años, las invasiones del ejército israelí todavía ocurren regularmente tanto en esta localidad como en toda Palestina. Los corredores amurallados que conectan los asentamientos de colonos israelíes en Cisjordania dificultan además la comunicación terrestre entre las poblaciones que se encuentran al noreste y sureste de la ciudad obligando a los habitantes a dar enormes rodeos.


En 2011, en esta pequeña villa cisjordana, un activista palestino se asocia con un artista visual neoyorkino para hacer un documental sobre un skater local, y lo que parece el arranque de una película hípster acaba convirtiéndose en una realidad. No sólo en el arte del celuloide, sino también en forma de rampa. Entre los dos, y con ayuda de un tercero que se une y que viene a ser un pro del skate americano, consiguen que el municipio del pueblo les ceda un espacio donde construyeron a mano en 2013 unos quarters de madera.


skate 4.jpg
Clases de skate. 
Clases de skate.


Estos tres mosqueteros del skate lograron algo mucho más grande, -y no es un ollie en la plaza del pueblo, aunque sí tiene que ver con el despegue-. La famosa rampa da pie a la creación de un campamento de verano para jóvenes de la zona con ganas de patinar, y pronto se transforma en un programa anual para aprender a andar, ofrecer a las niñas y niños de Qalqilya un oasis donde jugar de forma segura, trabajar en equipo, expresarse, y sobre todo divertirse en medio del estrés de la ocupación. Si el truco más básico del skate es empezar a volar podríamos decir que en Qalqilya hay unos jóvenes que reciben unas alas. Porque, tal y cómo comenta el activista político, Mohammed Othman, “los niños son niños en todas las partes del mundo y a los de aquí les gustan las mismas cosas, jugar, nadar, patinar… no sólo nos dedicamos a tirar piedras tal y como nos presenta Israel”.


Pero en realidad, gran mérito del activista palestino Mohammed Othman, del artista Adam Abel y del veterano del skate Kenny Reed, conocido como The Traveler, es haber conseguido hacer de una afición originalmente occidental y asociada a las grandes urbes, un trampolín desde el cual empoderar a niños de una ciudad desamparada y permitirles soñar con un mundo distinto. Enseñarles a ser perseverantes para salir a planchar -que en el argot de la escena significa lograr un truco-, y superar los obstáculos de este mundo rodeado de barreras. En palabras de Mohammed, “el gran objetivo también es proteger a estos chicos, niños y niñas, para que no acaben en una prisión, o trabajando como obreros en un asentamiento”.

skate 3.jpg
Un niño dropea para comenzar la sesión de entrenamiento. 
Un niño dropea para comenzar la sesión de entrenamiento.


2017. Redoblan los tambores en Qalqilya. Los chicos consiguen levantar un segundo skatepark de 600m2 en Jayjous con la ayuda de SkatePal, una organización escocesa sin ánimo de lucro que también opera con fines similares por la zona. SkatePal, con Charlie Davis al frente, aterrizó en Palestina en 2013 creando skateparks en Ramallah, Zababdeh y Nablus. Hoy coordinan una extensiva red de skaters de todo el mundo que vienen a Palestina a enseñar a patinar a los niños locales. Quizá levantar una rampa no tiene el glamour de un backside noseblunt slide, pero, si vamos a juzgar el truco por su nombre complicado, podríamos decir que Jayjous Skatepark también tiene una sonoridad a la altura.


2018. Dicen que en Skateqilya tienen la intención de ampliar su plan de estudios para incluir otras artes como el teatro que permitan a estos jóvenes palestinos desarrollar otros talentos. Y para conseguirlo necesitan más apoyo institucional y aumentar el flujo de las donaciones que permiten a estos niños hacer auténticos trucos de magia, para poder volar no sólo con sus patines, sino con sus mentes más allá de la realidad que les toca vivir.



Decir que la vida va sobre ruedas, en relación a estos chicos que viven en medio de un conflicto cada vez más ignorado, quizá sea decir mucho, pero viéndolos sonreír, uno se da cuenta de cómo un objeto tan simple y a la vez tan lúdico como el skate puede cambiar su percepción del mundo. Quizá esa siempre haya sido la grandeza del skate, sólo que algunos tardaron en verla.


Esta nota fue escrita por Miriam Blanco para El País de España y fue publicada el 23 de marzo de 2018.


Comentarios