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Downhill skateboarding

El longboard vive en las calles de Bajada Grande

Augusto que siempre anduvo, Lula que está volviendo y los locales que se sumaron hace tres meses, disfrutan los descensos.

Miércoles 09 de Octubre de 2019

El longboard (tabla larga) es un deportes que tiene una relación muy interesante con la ciudad de Paraná porque las bajadas entre las barrancas son ideales, rápidas y violentas. Los santafesinos se cruzan buscando el placer que les genera descender por las calles, derrapar y volver a subir para tirarse una vez más.

En julio, después de muchos meses, organizaron un campeonato que disputaron durante un sábado de un inusitado calor. Con inflables en algunas esquinas peligrosas y el aval de la Secretaría de Deportes de la Municipalidad de Paraná, más de 20 riders se sacaron las ganas de bajar calle Eslovenia con cierto "control".

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Este miércoles volvieron a reunirse entre las calles de la nueva urbanización que trazaron sobre las barrancas del Parque Varisco y que desembocan en avenida Estrada a la altura de las lujosas casas que dan al río Paraná.

Augusto Ruedas Picciochi, es un abogado que vive en Santa Fe, estudia en Paraná y desde hace varios años que está al frente de la crew que va buscando puntos en donde poder patinar. Fue uno de los grandes impulsores de todos los campeonatos que se realizaron en la ciudad, entre ellos, los más recordados, aquellos que atravesaron el Parque Urquiza.

Este año estuvo involucrado en la competencia de invierno y sin saberlo reclutó nuevos deportistas para compartir sesiones de velocidad, arriba de una patineta, con altos picos de adrenalina.

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Los amigos del barrio.
Los amigos del barrio.

Ese sábado, tres amigos, llegaron y se sentaron en el pasto para ver los descensos, que en los lugares más rápidos de "Palmeras" (así se llama el spot) alcanzan los 55 kilómetros por hora. En ese momentos los muchachos que tienen, en promedio, 28 años se animaron a comprar las tablas y sumarse a las prácticas grupales de los sábados.

Nicolás Melgarejo tiene 27 años, trabaja como administrativo en una empresa de energía y recuerda que lo primero que hizo fue comprase todas las protecciones que son muy necesarias porque los palos son fuertes. Hoy lo invitó Sebastián Morales, un compañero de trabajo, que se animó a bajar por primera vez y con muchísimo cuidado.

Su amigo del barrio, Nico Córdoba (28 años) ya andaba en skate y en los últimos tres meses le fue agarrando la mano a los derrapes que tira con bastante estilo. El tercer Nicolás, que se raspó bastante en una de las bajadas, reconoció que fueron muy bien recibidos por los skaters que patinan desde hace años.

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En la parte alta del parque.
En la parte alta del parque.

En Paraná, siempre quedó claro que el longboard genera una hermandad que se transforma en una comunidad que anda buscando, por donde pueda y alcance la plata, campeonatos para darse el gusto de realizar las bajadas con cierta seguridad: cortes de calles municipales, inflables en los cordones riesgosos, trajes de cuero y todo tipo de protección disponible en el mercado.

Se consiguen de fabricación nacional y también las marcas extranjeras que se posicionaron a nivel global con más de 40 años de experiencia confeccionando desde zapatillas hasta cascos y guantes.

En Paraná una tabla de longboard vale unos 4.500 pesos y luego hay que sumarle los truck (ejes), las ruedas y la lija. A lo que casi por obligación hay que agregarle las protecciones. Lo bueno es que después de la inversión inicial solo resta tener ganas de salir a realizar descensos y más de una vez soportar un buen golpe.

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La clase de Augusto Ruedas.
La clase de Augusto Ruedas.

La que se repuso rápido de una caída fue Lula Leites que con 25 años tiene bastante experiencia en el deporte. Ella participó en los primeros "cortes" que partían desde calle Mitre y terminaban en la puerta de la escuela de aerobismo frente a una multitud que observaba desde las sombra de los árboles en las barrancas.

Después de aquellos dorados 2015 y 2016; decidió dedicarse de lleno a sus estudios en Ingeniería en Sistemas y hace un par de meses volvió porque necesitaba relajarse después de tanto estudiar. "Lo que mejor me hace es realizar las bajadas", respondió. Si bien muy pocas veces utiliza la tabla para trasladarse, sabe que es lo mejor para despejar el cerebro. Hoy, con sus compañeros, se dio el gusto de patinar hasta que bajó el sol.

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