Néstor Kirchner y el retorno de la política en el campo popular
El santacruceño hizo lo que nadie había logrado en este siglo: recuperar para el pueblo las ganas de participar en política para cambiar la realidad. A dos años de su muerte, su legado vive en el pueblo.

Sábado 27 de Octubre de 2012

Rodolfo Colágelo/Especial 

El derrumbe del gobierno de la Alianza en diciembre de 2001 marcó el fin del modelo neoliberal y dejó un vacío de poder institucional que la clase política, estigmatizada con la consigna “que se vayan todos”, intentó encauzar con una transición que llegó a las elecciones presidenciales de 2003 con el rumbo perdido.

En esos comicios, que en el fondo buscaban restaurar el viejo modelo, la figura de Néstor Kirchner se enfrentó con el pasado, con la “restauración” del Consenso de Washington que encarnaba Carlos Menem.


Un bajo porcentaje de votos -22 por ciento- y la renuncia de Menem a la segunda vuelta, llevaron a Kirchner a la presidencia y la clase política pensó que se había reiniciado, tal vez de manera precaria, el camino de la institucionalidad.


Pero Kirchner era algo más, no sólo venía a llenar ese vacío de poder, sino -para sorpresa de muchos- a utilizar el poder de la política -instrumento hasta ese entonces desprestigiado- para iniciar una transformación que sepultara los últimos vestigios del modelo que había explotado en diciembre de 2001. “Fíjate en Kirchner”, le había dicho Fidel Castro al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, que hasta ese momento, de alguna manera, se debatía en la soledad regional.


El triunfo de Kirchner comenzó a cambiar el rumbo de la historia en América latina a contramano del arcaico Consenso de Washington, con un conjunto de nuevos gobernantes “que son iguales a sus pueblos”.


Se produjo entonces la derrota del ALCA en Mar del Plata, durante la Cumbre de las Américas, ante un asombrado George Bush que vio como dos presidentes -Kirchner y Chávez- daban por tierra con su aspiración de sumar a la región al tratado de libre comercio.

La unión Latinoamericana
Sobre ese hito histórico se fortaleció el Mercosur, se potenció la creación de la Unasur, y se avanzó en la integración regional como bloque económico y político.


Contra las recetas ortodoxas, Kirchner renegoció la deuda externa con una quita sustancial que la mayoría de los acreedores aceptaron -salvo algunos fondos buitre- le puso fin a la dependencia del FMI y rompió el ciclo de constantes endeudamientos con los capitales internacionales para pagar vencimientos, lo que causó el horror de los gurúes de la city que clamaron “estamos afuera del mundo”.


Casi al mismo tiempo, su gobierno incorporó a millones de personas al sistema previsional que no lograban jubilarse por falta de aportes debido a la desocupación que soportaron durante la década neoliberal.


El fortalecimiento del mercado interno y la consiguiente creación de fuentes de trabajo, que redujeron los índices de desocupación y pobreza, fue otro de los objetivos de Kirchner, concretados en base a la decisión política.


Por otro lado, -y en sintonía con el nuevo modelo- puso en un primer plano la política de derechos humanos, que parecía destinada al olvido a pesar de la lucha de los organismos, de las Abuelas y las Madres contra las leyes de Punto Final, Obediencia Debida y los indultos, anuladas por impulso de su Gobierno.


En ese marco, y con las leyes ya derogadas, se reabrieron los juicios a los genocidas de la dictadura militar.

A los jóvenes: “Sean rebeldes”
Kirchner provocó un corte generacional entre los jóvenes desencantados de la política -la dictadura asesinó a miles y los 90 buscaron anular su conciencia crítica- y los que comenzaron a vislumbrar una salida militante a partir de su gestión.


“Sean rebeldes” les decía a los más jóvenes, casi adolescentes, cada vez que hablaba con ellos.


La incorporación masiva de éstos a la militancia es un hecho nuevo tras la década perdida, y tuvo su máxima exposición durante el sepelio de Kirchner, cuando las filas que se formaban para ingresar a la Casa de Gobierno a darle el último adiós estaban desbordadas por jóvenes de 17 y 18 años.


La propia oposición, que no daba cabida a los jóvenes en sus partidos al sostener que eran indiferentes a la política, advirtió el fenómeno -incluso con cierta preocupación- y comenzó a implementar estrategias para acercarlos. Todo lo que vino después de la gestión de Kirchner responde a los objetivos que comenzaron a trazarse -en un marco difícil, contradictorio y chocando con fuertes resistencias- en los primeros años: la Ley de Medios, el matrimonio igualitario, la Asignación Universal por Hijo, las medidas económicas tendientes a la reindustrialización.


En definitiva, responde a la “puesta en valor” de la política, esto es, al retorno de la política como instrumento de transformación.