Mundo

La estafa de los virus de falsa bandera

Falsas epidemias, memoria de corto plazo y mitos en torno de las enfermedades que dominan los informativos de estos días

Domingo 24 de Agosto de 2014

Gustavo Fernández/ Especial para UNO

gusfernandez@yahoo.com.ar

 

Uno de los ítems preferidos por nosotros, conspiranoicos (término que supo ser agraviante hasta que con alegre impudicia lo asumimos sin culpas), es la teoría de la creación de falsas epidemias, seguidas de su inacabable fila de campañas preventivas y profilácticas, medidas aislacionistas, controles sanitarios y finalmente oportunas –y nunca económicas- vacunas. Frente a ello, un periodismo mundial que se jacta de “progre” (pero en muchas ocasiones desesperadamente superficial en sus análisis y crédulo de dimensiones casi mágicas ante el “sabio” decir de las academias) prefiere seguir lo que cree un pensamiento científico de motivación humanista y filantrópica y no se pregunta demasiado por los negociados no visibles.

Ya he escrito en otra ocasión que hay algo exasperante en ese periodista, sea gráfico, radial o televisivo, bien pagado de sí mismo que se cree inteligente por hacer uso diario de la Wikipedia y exhibir con habilidad narrativa un pensamiento que pondera el escepticismo, el cinismo –hasta aquí todo pero que muy bien- y lo que no está tan bien, una credulidad exagerada de cara a la opinión de las “entidades científicas” que resultaría tierna por ingenua si no fuera emergente de una mentalidad abstrusa y engreída. A las pruebas me remito.

Cuando fue noticia escribimos bastante sobre ello. Los argentinos deberíamos recordar –pero somos livianos, muy livianos, de memoria- la patética imagen que daba el entonces jefe de Gabinete Sergio Massa (sí, el mismo) agitando ante las cámaras de televisión una cajita de Tamiflú (el “único antibiótico efectivo” de Laboratorios Roche Holding AG) y comentando la compra de 40 millones de dosis al laboratorio (porque ya se habrán dado cuenta ustedes que el gran negocio de las multinacionales no es que usted, señora, salga corriendo a la farmacia de la esquina para invertir su sueldo y el de su marido en cuantas tabletas sea posible, sino que las compras deben ser millonarias por parte de gobiernos que encuentran apoyo justificado de sus votantes), mientras periodistas que se venden como objetivos, con barbijos y mascarillas, se instalan con una mesa frente a un hospital para transmitir “en vivo” los números de infectados (Guillermo Andino y Mónica Gutiérrez, América TV, 1º de julio de 2009).

Y Roche, que supo comprar el total de activos de propóleos en el país cuando el oscuro asunto de las muertes por ese producto. Y a propósito, el laboratorio que le vende la patente a Roche es Gilead Sciences Inc, y uno de los principales accionistas es..... ¿adivinen quién? Donald Rumsfeld. Y me puse a hacer algunas cuentas: en 2009 epidemia de gripe porcina; 2005 epidemia de gripe aviar; 2001, epidemia de ántrax (?); 1997, epidemia de sarampión y en 1993 epidemia de Hong Kong. Pregunto: ¿no es extraño que distintas “epidemias” se produzcan cíclica y regularmente cada cuatro años? ¿Recuerdan los experimentos con virus recombinantes (un virus recombinante es la combinación de dos virus distintos, por ejemplo, gripe y viruela: si no te mata uno, lo hace el otro) hechos a fines de los 80 en los alrededores de Azul, provincia de Buenos Aires, en convenio secreto con la empresa francesa Transgene, la misma acusada de haber provocado a principios de los 60, en el curso de una “vacunación masiva” en Angola -tapadera de otros experimentos- la mutación del HIV de primates a humanos? ¿Los brotes nunca explicados de ántrax en el sur y centro de Entre Ríos en 2002 y 2003, en coincidencia con la detección de maniobras clandestinas de “marines” yanquies en la región?

El virus que está apareciendo en el Caribe (como la gripe A, casualmente), del que la OMS dice no conocer cura posible, disparando extremas (y carísimas) medidas preventivas que se van extendiendo por todo el orbe. Chikungunya, que en dialecto combato significa “lo que te dobla”, por los fuertes dolores que produce.

Una enfermedad inventada. Un virus inventado. Pero no “inventado” en el sentido de fraudulento. No. Literalmente inventado por alguien, como su vacuna, que ya existe, adecuadamente inventada. Y ambos, patentados. ¿Conspiranoicos nosotros? Puede ser. ¿Fabuladores? No. Porque aquí están las pruebas: un virus que, toma “por sorpresa” a los científicos es un virus patentado en 2006, un antivirus patentado en 2010, una vacuna patentada en 2012. En una adaptación psicodélica de El Secreto, por aquello de “sacar la atención de lo que no nos gusta y ponerla en lo que nos gusta”, los que manipulan nuestra conciencia sacan nuestra atención de lo que nos gusta (o de lo que debemos saber) y la enfocan en lo que no nos gusta (o en lo que prefieren que creamos).

 

¿Te gustó la nota?

Dejá tu comentario