Hoy la británica Louise Brown cumple 34 años. Su nacimiento no fue uno más: se trató de la primera “bebe de probeta” en ser dada a luz en la historia de la humanidad. Su parto fue un acontecimiento con gran difusión en todo el mundo, que causó profundos debates éticos y cambió todo lo que se sabía hasta entonces sobre la reproducción humana, cuyas consecuencias se extienden hasta hoy.
Ese milagro de la ciencia llamado Louise Brown
Con ella dio inicio una nueva era: la de los “bebés de probeta”, como fueron bautizados popularmente, aunque de manera incorrecta, los nacidos mediante tecnologías de reproducción asistida. Con el nacimiento de Louise se demostró que puede prescindirse de la unión de los cuerpos en la procreación, una verdadera revolución científica.
Los responsables de aquella fecundación in vitro (FIV) fueron británicos Patrick Steptoe, ginecólogo del Hospital General de Oldham, y Robert Edwards, fisiólogo de la Universidad de Cambridge, quienes lograran que el esperma de John Brown fecundara en un laboratorio los ovocitos de su esposa Leslie.
Sin dudas Louise es una celebridad, pero su vida ha transcurrido con la más entera normalidad. Fue enfermera y empleada del servicio postal en Bristol. Está casada con un trabajador de un club nocturno.
En 2006, a los 28 años, tuvo a su primer hijo mediante la fecundación natural.
La Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología (ESHRE) anunció recientemente que se calcula que ya se han concebido cinco millones de bebés por este tipo de fecundación e inyección espermática intracitoplasmática (ICSI), una variable de la FIV que consiste en inyectar un solo espermatozoide en el óvulo de la mujer.














