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Astronomía: encuentran carbono, base de la vida, en un cometa

Expertos de la Agencia Espacial Europea analizan las informaciones enviadas por el módulo Philae de la sonda Rosetta, que está a 50 millones de kilómetros de la Tierra.

Miércoles 19 de Noviembre de 2014

La sonda europea Philae, que se posó sobre un cometa distante 511 millones de kilómetros de la Tierra, encontró moléculas orgánicas que contienen carbono, base de la vida en la Tierra, antes de que se agotara su batería, dijeron científicos alemanes ayer.

La Agencia Espacial Europea (ESA) informó ayer que la misión de la sonda madre Rosetta continúa tras el aterrizaje del pequeño laboratorio Philae, que desde el sábado pasado está en estado de reposo porque no recibe suficiente luz del Sol para cargar sus paneles solares.

Para los científicos la superficie del cometa 67/P Churyumov-Gerasimenko es muy diferente a lo que pensaban hasta ahora. La sonda termal Mupus no pudo martillear la superficie del cometa debido a su dureza. "Aunque se incrementó gradualmente la potencia del martillo, no lo pudimos conducir a la profundidad del suelo", dijo el profesor Tilman Spohn del Instituto de Investigación Planetaria del Centro Alemán de Navegación Aérea y Espacial.

El taladro SD2, el último de los diez instrumentos que se activó, realizó pruebas en el suelo y descubrió las primeras moléculas orgánicas, que todavía son analizadas. Rosetta, que acompañará al cometa hasta el final del año próximo cuando ser acerque al Sol, proporciona el 80 por ciento de los datos científicos y Philae cubrirá el 20 por ciento restante.

Por ejemplo, Rosetta ya ha detectado que el cometa emite vapor de agua: en julio, cuando el cometa se encontraba a 583 millones de kilómetros, dos vasos pequeños de agua por segundo y en septiembre aumentó hasta 1 litro por segundo.

Los cometas son los cuerpos celestes más antiguos del Universo y se considera que pudieron haber traído el agua y la vida a la Tierra en el momento de la gran explosión.

Las imágenes captadas por la cámara Osiris que lleva la nave Rosetta, en órbita a 15.5 kilómetros del cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko, han permitido reconstruir parte del accidentado triple aterrizaje de la sonda de descenso Philae en ese cuerpo celeste, el pasado miércoles 12. Al aterrizar no se activaron los arpones que debían anclarla al suelo y evitar, precisamente, que saliera otra vez hacia el espacio dado que el pequeño cometa no tiene gravedad suficiente para sujetarla (el Philae pesa cien kilos en la Tierra, pero apenas un gramo en la superficie del 67P/Churyamov-Gerasimenko). Al no agarrarse al suelo, tras el primer contacto rebotó, se elevó un kilómetro y se desplazó otro tanto hasta que aterrizó por segunda vez, y aun rebotó de nuevo, hasta quedarse en el suelo la tercera vez, en total unas dos horas desde el primer aterrizaje. Quedó finalmente en un lugar que no se ha podido precisar hasta ahora, sobre dos de sus tres patas.

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