Secciones
Chile

Argentinos en Chile se unen al reclamo contra la desigualdad social

Forjaron su proyecto de vida tras la frontera y se sumaron al grito colectivo que resonó en la masiva marcha del viernes, exigiendo un cambio

Lunes 28 de Octubre de 2019

Chile se despertó” es la consigna que enarbola hoy la mayoría de los habitantes del vecino país, donde tras las protestas de las últimas semanas comenzó a gestarse un movimiento social inusitado, sellando un fuerte reclamo contra la marcada desigualdad económica que sufre el grueso de la población. La gota que rebalsó el vaso fue el tercer aumento del boleto del subte en lo que va del año, pero la demanda colectiva que se plasmó el viernes en una multitudinaria marcha, que superó el millón de personas en Santiago de Chile, está centrada en la exigencia de promover derechos vedados para la mayoría: educación gratuita e inclusiva, atención de la salud si cargo en hospitales públicos, aumento de las actuales jubilaciones miserables, y una nueva Constitución que reemplace la que rige desde 1980, dictada por la última dictadura militar.

Fueron los jóvenes los que impulsaron la horda de protestas contra el modelo neoliberal, que siembra inequidades e injusticias: en Chile el 1% de la población acumula el 25% de la riqueza y goza de escandalosos privilegios, en un contexto en el que un estudiante universitario debe obtener un crédito bancario para financiar su carrera. La deuda es a 20 años por 24 millones de pesos chilenos, lo mismo que cobra un diputado al mes. Un jubilado cobra 101.000 pesos mensuales, que equivalen a unos 138 dólares. Un sueldo mínimo es de 300.000 pesos, y un alquiler vale 200.000 como mínimo.

Desde que se desató el conflicto hubo 20 muertos, según las cifras oficiales, pero hay sospechas de que son más. A la vez, crecen las denuncias por violaciones, vejaciones y torturas, en una escalada de violencia inaudita contra los manifestantes, que incluyó el uso de armas y camiones hidrantes, denominados “guanacos”.

Luego de que a los carabineros se sumaran los militares en las calles para reprimir las protestas, profundizando la herida abierta que dejó la impunidad de las que gozan los dictadores, el fin de semana el presidente Sebastián Piñera tomó medidas que buscan apaciguar la tensión social. Levantó el toque de queda en las principales regiones, suspendió el estado de emergencia que regía en gran parte del país y le pidió la renuncia a todos sus ministros. “Todos hemos escuchado el mensaje, todos hemos cambiado. Ahora tenemos que unir fuerzas para dar respuestas verdaderas, urgentes y responsables a esas demandas sociales de todos los chilenos”, indicó el mandatario, con una reacción tardía desde se generó el estallido. A su vez prometió una serie de medidas que incluyen bajar el precio de los medicamentos, reducir la listas de espera en los hospitales, optimizar la atención, implementar mejoras en el sistema previsional y un seguro para contrarrestar el gasto que representa la salud para las familias.

No obstante, el pueblo chileno reclama un cambio radical. Y a este pedido se suman también los argentinos que decidieron forjar su proyecto de vida tras la cordillera y adhieren al grito colectivo que exige condiciones de vida más dignas.

Daniel Maretto es oriundo de Paraná pero hace más de dos décadas que vive en Santiago de Chile. Participó de la marcha pacífica del viernes junto a su hija, y aseguró: “Fue emocionante, porque fue una fiesta y no hubo desmanes. Creo que entre todas las agrupaciones en las distintas ciudades hubo no menos de 4 millones de personas en la calle. Es una cifra nunca vista. Hemos ido con mi hija a las marchas, ella es estudiante y los estudiantes fundamentalmente son el motor que hemos tenido, los que alzaron la voz y movilizaron a país, frente a una clase privilegiada que no quiere perder privilegios”.

“Fue una marcha de la bronca hacia la casta política, la casta empresarial y la casta eclesiástica, que han abusado del pueblo por más de 40 años”, dijo, y explicó: “El 80% de los chilenos vive con un sueldo de 300.000 pesos, mientras que un sueldo de un diputado ronda entre los 8 y 10 millones, más todos los beneficios que perciben. La marcha fue eso: decirles basta, que se vayan. Ahora están anunciando el cambio de todo el gabinete, pero creo que esto no va a parar hasta que no haya cambios profundos”.

Por otra parte, reflexionó: “En lo personal me ha ido bien, pero no puedo desconocer la realidad de esta cantidad de chilenos que viven endeudados. Las AFP (Administradoras de Fondos de Pensiones) son privatizadas y una docente que trabajó 40 años y ganó 1.500 dólares toda su vida, se jubila solo con un 10% de ese monto. Entonces nadie se quiere jubilar, porque es una tortura”.

“El modelo es cruento, es drástico”, evaluó Maretto, y lamentó: “El agua es privatizada. Hay que pagar la salud, que es cara, o sino te mueres; pagar también la educación. Uno que es independiente y se ha hecho la rutina puede sobrellevarlo, pero un empleado que es asalariado no y tiene que vivir endeudado”.

Asimismo, manifestó: “A eso se suma la represión exagerada del brazo armado de este país. Los carabineros han golpeado, han violado, hay 20 desaparecido, más de 300 heridos con perdigones. Ese es el contexto, se generó un ambiente de vandalismo, pero concertado, y en algún momento nosotros como vecinos nos armamos con palos, porque esto fue tierra de nadie; fue el martes o miércoles pasado, frente a las amenazas de saqueos, cuando sentí en ese momento una inseguridad tremenda”.

En su análisis, el entrerriano hizo una fuerte crítica del modelo neoliberal: “Cuando te meten este modelo, la gente empieza a ser individualista, entonces el concepto gremial aquí no existe, y este movimiento ha sido inédito, porque aquí está cada uno en la suya, pelea por su espacio”.

Pablo Alonso es oriundo de Buenos Aires, pero su madre es entrerriana y tiene familiares en la provincia. Vive en Santiago de Chile desde el 2007, a cuatro cuadras de plaza Italia, en el barrio Providencia, donde se concentró la mayor marcha que se haya visto desde la vuelta a la democracia en 1990. “Hace 12 años que estoy acá y nunca he visto algo así, y mis amigos que viven en Chile tampoco. Se habla de la mayor marcha multitudinaria de la historia del país. Ni en dictadura no hubo una concentración tan grande, más allá de que hubo marchas y resistencias”, comentó a UNO. También destacó que fue una marcha pacífica, a la que concurrieron numerosas familias con hijos chicos, aún cuando la policía intentó bloquear ingresos para que la gente no llegara.

“Ahora el gobierno pretende que se termine la protesta contra el modelo social y económico, que es el neoliberalismo extremo, y volver a la ´normalidad´. Chile siempre fue una olla de presión y nunca había pasado esto, pero si uno habla con la gente, la mayoría está disconforme, muy cansada. Acá uno se endeuda hasta para comer, y todo hay que pagarlo: la educación, la salud. Es catastrófico enfermarse porque la gente pierde todo lo que tiene para los tratamientos. A eso se le suma que a las AFP la gente aporta años y años y después se jubila con una pensión mínima, porque se quedan con todo”, analizó.

Alonso contó que más allá de estabilidad económica e institucional que aparentaba Chile, los ciudadanos expresan a menudo su disconformidad. “Los sindicatos no existen y la gente está disgregada, por eso el gobierno se sorprendió tanto con este movimiento, que fue espontáneo. Fue una chispa que se incendió con los chicos saltando el molinete del subte, evadiendo los controles, y cuando la policía empezó a reprimirlos se desbandó todo. Ahí fue cuando la gente salió y no lo pudieron parar más”, evaluó.

“En Chile es muy difícil manifestarse, hay que pedir autorización, y si alguien se manifiesta libremente vienen las fuerzas especiales y reprimen. La policía es muy violenta. Pero las gente ya no les tiene más miedo”, expresó, y concluyó: “Piñera subió la apuesta sacando a los militares a la calle cuando acá está muy presente el golpe de Estado. La mayoría de los militares no fueron juzgados, entonces hay como una herida muy grande. “El toque de queda no se decretaba desde 1973 y además de no tener más miedo a la policía, la gente le tiene mucha bronca, porque son de la misma clase social y actúan de una forma tan bestial en algunos casos, que no se entiende”.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario