Un saludo al cielo por ellos
La pandemia puso a prueba la capacidad y el compromiso de muchos trabajadores, pero la labor de los agentes de salud es admirable en la Argentina y en el mundo.

Sábado 26 de Diciembre de 2020

Se viene el cierre de año traumático, pero que deja varias enseñanzas. En lo personal entiendo que el vencimiento de un calendario no implica que las cosas vayan a mejorar automáticamente, y no es que sea militante del pesimismo. Somos el reflejo de nuestras acciones cotidianas, cuando fortalecemos los lazos familiares, queriendo un poco más nuestro trabajo -para los que tenemos suerte de conservarlo- y reforzando el vínculo con la escuela pública a través de nuestros hijos. Es un pequeño aporte desde el anonimato para construir un país mejor, pero que se potenció aún más en personas que dejaron la vida por su vocación. La pandemia puso a prueba la capacidad y el compromiso de muchos trabajadores, pero la labor de los agentes de salud es admirable, estoico, en la Argentina y en el mundo. Se les quiso pagar con aplausos, y ellos respondieron que era más necesario contar con insumos médicos, protección personal, y claro, que se diera un reconocimiento salarial acorde al riesgo que estaban expuestos. No todos valoraron ese esfuerzo silencioso, en guardias y terapias colapsadas con pacientes con coronavirus, donde realmente se vivieron momentos de angustia. Cuando la pandemia apremiaba surgió el ataque inexplicable a los trabajadores de la sanidad, un perjuicio surgido de sectores reaccionarios y con clara vocación de sembrar el odio por deporte. Los medios de comunicación y esa ola de información falsa que circula en las redes sociales contribuyeron a que la “cacería” se transforme en violencia, desmedida e irracional. Enfermeros escrachados, médicos agredidos por querer salvar vidas, la forma más aberrante de la estigmatización. No se merecían tanto maltrato, semejante desprecio, señalados por su condición de garantes de la salud de la población.

Convivieron con la muerte, poniendo en riesgo la propia vida, por eso fueron declarados esenciales. El sistema de salud se preparó como nunca antes para esta emergencia, pero en ocasiones la demanda desbordó cualquier previsión. Esa situación se tradujo en personal extenuado por la sobrecarga de trabajo junto a colegas que debían ser aislados por ser casos positivos de Covid-19.

El lado más doloroso son las muertes ocurridas entre el personal de salud: personas con historias de vida que se truncaron para siempre. Hombres y mujeres que dedicaron su vida a una vocación, al servicio para el que más lo necesita, que no pudieron vencer al coronavirus. En nombre de toda la comunidad se agradece la labor de personas que ya no son anónimas, sino que dejaron un legado de grandeza: Julia González Ávila, enfermera del hospital San Martín de Paraná, quien falleció en noviembre luego de varios meses internada con asistencia respiratoria. Entre las pérdidas también se cuenta al enfermero Daniel Orellana, quien se desempeñaba en el hospital Castilla Mira de Viale. Santa Elena también estuvo de luto: murió el enfermero César Miño, de 39 años. Que estas ausencias sirvan para pensar que el virus sigue siendo una amenaza y cuidarse va a salvar vidas.