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Transporte: sin remedio ni vacuna

El mensaje de transporte público garantizado para los empleados esenciales es sólo para el machacado AMBA, en Paraná brilla por su ausencia.

Jueves 23 de Julio de 2020

Acostumbrarse a vivir en una ciudad sin transporte urbano de pasajeros es parte de la nueva normalidad que hace bastante tiempo -y antes de la pandemia- los paranaenses incorporaron a sus hábitos.

Una empleada de limpieza, trabajadora esencial en épocas de coronavirus, se levanta a las 5 para desayunar y a las 5.30 salir de su casa en barrio San Agustín y caminar hasta su trabajo. Recorre con precaución y miedo las cuadras oscuras, que incluye atravesar el puente de avenida Ejército para rumbear al centro, donde oficinas de empresas privadas y públicas aguardan por su trabajo. No lleva nada porque teme que le roben, entonces en su cartera simbólica carga elementos de higiene y algunos pesitos, hace bastante que el celular no es parte de los accesorios. Se acostumbró a evaluar las sombras de los pocos transeúntes con que se cruza y a mantenerse alerta. Un empujón o forcejeo le podría provocar una lesión grave que la inhabilite para hacer su labor.

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Transporte: sin remedio ni vacuna 

Transporte: sin remedio ni vacuna

Cuando llueve toma un remís, pero el sueldo no le alcanza para hacerlo todos los días. Trasladarse en colectivo es su mejor opción, pero entre la falta de servicio por los paros, la poca frecuencia cuando están funcionando y las nuevas disposiciones en época de pandemia -reducción a la mitad de los pasajeros- la obligan a descartar su uso. “Las últimas veces se completaba la unidad unas paradas antes, no me levantaba, y el próximo pasaba muy tarde”, recordó.

Si los horarios le coinciden la acompaña su hijo, que también es personal esencial y trabaja en el hospital San Martín.

Ambos son empleados que restan horas al descanso para cumplir con sus obligaciones y llegar a tiempo.

Ellos son sólo dos ejemplos y no representan a la cantidad de usuarios de colectivos que requieren trasladarse a su fuente laboral como empleados de comercio, personal policial y hasta trabajadores municipales, de empresas e industrias.

El mensaje de transporte público garantizado para los empleados esenciales es sólo para el machacado AMBA (Área Metropolitana de Buenos Aires), en Paraná brilla por su ausencia. Y los pasajeros ya ni se quejan, se acostumbran. Cuando aumenta el boleto, lo pagan, si la unidad los deja, esperan; a la suciedad la limpian; a los cambios de recorrido se amoldan y a las medidas de fuerza las padecen.

El que puede físicamente se traslada en bicicleta -por calles sin ciclovías o bicisendas- y los intrépidos se le animan a las motos, con el riesgo que implica. El auto es muy caro por estacionamiento y combustible, y el tren no llega a todos lados.

La editorial no busca profundizar sobre el conflicto de los choferes, sindicatos, empresarios de colectivos y gobierno, que tienen sus voceros en los medios de comunicación y la ciudadanía ya conoce su problemática; sino visibilizar el día a día de los usuarios de transporte que se exponen a la inseguridad, las inclemencias del tiempo y a superar sus propios miedos para cumplir semana tras semana con sus obligaciones y prescindiendo de un servicio que está cada vez más obsoleto, en emergencia y que parece no tener remedio ni vacuna a la que apostar para sanarse.

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