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Tranquilidad al estilo argentino

"...El calor del fuego regional invitó a una mesura obligada que devino en un clima de tranquilidad institucional impensado para muchos..."

Martes 12 de Noviembre de 2019

Mal de muchos, consuelo de zonzos. En el medio de una Latinoamérica con estallidos de violencia, rebeliones sociales, golpes de estado y desequilibrios generalizados, Argentina parece un Estado equilibrado institucionalmente y socialmente estable. Y lo somos. Aunque nos parezca raro no somos los peores. Una sucesión de hechos se concatenó para que nuestro país se mantenga hoy dentro de su ya característica inestabilidad permanente, tan repetitiva y constante que se ha vuelto casi monótona, una incertidumbre a la que los argentinos nos hemos acostumbrado y en la que ya nos movemos con naturalidad. Y así seguimos. Lejos estamos de ser un país previsible, pero al lado de nuestros vecinos parecemos Suiza.

Muchas cosas graves están sucediendo a nuestro alrededor, por lo que la cautela y la moderación de quienes tienen la responsabilidad de gobierno, tanto actual como futuro, ha sido un factor que hasta ahora ha primado sobre los excesos y los innecesarios discursos de trinchera. Nadie a arriado sus banderas, pero todos han sido moderados a la hora de evitar llevar las posturas hacia cualquier extremo.

Fiel a su posición ideológica, el gobierno de Macri se mantuvo en su lugar, lejos de un respaldo a Evo Morales y sin condenar el golpe de estado asestado a la democracia boliviana. Lo que se esperaba de ellos fue lo que ocurrió, pero sin hacer de esto una bandera mediática que los alineara de forma explícita en contra del gobierno depuesto.

Alberto Fernández, por su parte, también se mantuvo fiel a sus principios. Puso todo lo que tenía a disposición para ayudar al destituido Evo Morales, al que consideraba un aliado de su futura presidencia. Condenó de forma concreta el golpe de estado, pero avanzó con la racionalidad que impone el momento histórico, pensando en la realidad argentina, en los tiempos que vienen para Latinoamérica, y en su propio futuro como uno de los potenciales líderes emergentes de esta crisis regional.

En el hipotético campo de los “qué hubiera sucedido si…”, han quedado cuestiones como lo que hubiera pasado ante una segunda vuelta en las elecciones presidenciales argentinas en medio de este ambiente.

Es más, aún en un clima regional tranquilo, y con la elección tal cual se dio, a muy pocos se les hubiera ocurrido que los 44 días de transición entre el gobierno saliente y el nuevo Presidente pasarían de una manera tan racional como se está dando.

El calor del fuego regional invitó a una mesura obligada que devino en un clima de tranquilidad institucional impensado para muchos.

Hay que reconocer que la actitud del actual Presidente ayudó de forma interna para que esto sucediera. No hay que olvidar que, en el momento exacto de reconocer su derrota, Macri se mostró con un alivio inusitado, como si se hubiera sacado un peso de encima. Liberado. Él ya había cumplido con la tarea que vino a realizar. El gobernar para la gente se lo dejó al próximo Presidente, que se encontró la tarea inicial de sostener esta “paz a la argentina” como primer paso.

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