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Que virus de mierda: ¿Y nosotros?

Todas las semanas nos enteramos de un conocido que se despide de este mundo por el Covid-19. Y la mutación de las cepas el virus se transformó en más cruel.

Domingo 23 de Mayo de 2021

El frío crudo se hizo sentir en la noche del sábado. El viento azotaba en todos los puntos de la ciudad. Un plato de comida caliente para contrarrestar las bajas temperaturas. Luego ingresar, una vez más, al hábito de repasar por (perdí la cuenta) el mundo de las redes sociales. Y en este universo me anoticio del fallecimiento de Marcelo Avaro, el preparador físico que, desde septiembre de 2018 a noviembre de 2019, integró el cuerpo técnico de Mario Sciacqua en Patronato. El profesor fue una nueva víctima del maldito virus que modificó los hábitos del mundo en los últimos 15 meses.

Si bien no tuve una relación de confianza ni de cordialidad, la noticia impactó. Probablemente generó angustia por lo inesperado. Una manera de realizar una catarsis fue anunciar la noticia a los contactos del mundo del deporte. Muchos de ellos se notificaron sobre esta inesperada pérdida. Rápidamente comenzó la despedida de algunos de ellos.

“Un buen tipo el profe Avaro. Qué virus de mierda”, posteó un amigo en su cuenta personal de la red social del pajarito. El mensaje de despedida fue acompañado por una fotografía en la que el santafesino celebraba una victoria de Patronato en el estadio Grella.

Lamentablemente, nos estamos mal acostumbrando a recibir esta clase de sopapos. Todas las semanas nos enteramos de un nuevo conocido que se despide de este mundo como consecuencia del Covid-19. Y tras la mutación de las cepas el virus se transformó en más cruel y afecta a personas de una franja de edad que, meses atrás, no sufría en forma masiva el desenlace menos deseado.

Los números de infectados y víctimas fatales crecen de manera exponencial en el país. La segunda ola se hace sentir de la manera más perversa. Las cifras son escalofriantes. Esto motivó la decisión del Ejecutivo nacional de regresar a una fase estricta de aislamiento, o fase 1. La misma regirá, por lo menos, durante nueve días. Sinceramente, no soy optimista en que el Decreto de Necesidad de Urgencia expire el próximo 31 de mayo. Asimismo, entiendo que la medida es necesaria, por más difícil que sea de aceptar.

Hay muchos que entendieron que esta postura es acertada. Otros indicaron que debió ser ejecutada semanas atrás, cuando las cifras marcaban un notable ascenso. Pero también están quienes no asimilaron esta postura con buenos ojos. “Yo no me encierro”, desafiaron muchos conocidos, a modo de acto de rebelión. “Traigan vacunas”, reclamaron los pesimistas de siempre, acompañados por el hashtag #elpeorgobiernodelahistoria, etiqueta instalada en el inconsciente colectivo por la rama más salvaje de la oposición.

El Estado nacional cometió errores en el manejo de la pandemia, es verdad, pero en la misma línea tomó medidas acertadas que no serán valoradas por los odiadores seriales, que no analizan la realidad sanitaria del país y las consecuencias económicas que genera la pandemia como un hecho aislado en el mundo.

Siguiendo esa misma línea generó un interrogante. ¿Realizamos una autocrítica sincera de nuestro comportamiento durante este tiempo? Claramente no. Porque una vez que comenzamos a recuperar pequeños hábitos desafiamos todos los límites. Los protocolos sanitarios se violaron con celeridad y se burlaron cada una de las medidas impuesta por las autoridades.

La pandemia desnudó nuestras miserias y el individualismo atroz. Potenció el sálvese quien pueda. Y dejó en claro que, para gran parte de la sociedad mintió al decir “lo importante es la salud”. Porque en el pan y queso muchos priorizan por no renunciar a sus privilegios, a no ceder su rol de dominantes.

La impunidad con la que se han manejado durante toda su vida los lleva a creer que el esfuerzo siempre debe ser realizado por quienes, en los momentos de vacas flacas, están resignados a bajar su cabeza.

Es verdad que en la lista de impunes figuran autoridades nacionales, provinciales y/o municipales. Ahora bien: ¿Esto nos da el derecho de rebelarnos? ¿O es un chivo expiatorio para liberarnos de culpa? Porque no hay dudas de que el virus es una mierda. ¿No lo somos como sociedad

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