Secciones
Miradas

Primeros gestos

"...Los primeros 100 días de gestión serán la primera prueba de fuego, aunque está claro que no bastarán para resolver el pesado lastre que dejó un modelo de ajuste..."

Miércoles 11 de Diciembre de 2019

Después de una transición de 45 días se llegó al día del recambio de autoridades presidenciales. Alberto Fernández se convirtió en el presidente número 35 de la historia de la República Argentina y el séptimo electo desde el retorno de la democracia, en 1983. El 27 de octubre se consagró como el ganador en primera vuelta al obtener el 48,24% de los votos, bajo el sello del Frente de Todos.

Su llegada a la Casa Rosada despierta muchas expectativas para el conjunto de la sociedad, incluso para aquellos que no lo votaron. Antes de asumir, Fernández se dedicó a construir consensos con todos los sectores sociales, sabiendo que serán la base para ejecutar su programa de Gobierno. En el horizonte ya asoman los primeros desafíos de un camino que, a juzgar por los números, será cuesta arriba: un índice de inflación que llegará al 55%, la pobreza que ya alcanza a 16 millones de argentinos y una tasa de desempleo del 10,6%, una de las más altas de los últimos 13 años. Con estas variables temerarias es lógico que el primer frente que deba atender el Gobierno sea el económico, aunque la misión no será nada sencilla.

¿Cómo se hace para lograrlo? Un radical con apellido ilustre, Ricardo Alfonsín, me confesó en una entrevista para UNO que el dinero para darle dinamismo a la economía se debe obtener de “donde sea”. No hay una receta mágica para gobernar, pero lo cierto es que Alberto debe lograr el equilibrio necesario para reparar el daño al tejido social, como primera instancia.

Su discurso de asunción estuvo a la altura del acontecimiento histórico que se estaba viviendo. De tono conciliador, buscó establecer líneas de encuentro con todos los actores sociales para poder proyectar su plan de gobierno. Hubo gestos que dieron que hablar, como el sentido abrazo que se dio con el presidente saliente, Mauricio Macri, o la presencia en primera fila de su hijo Estanislao, “con un pañuelo multicolor en su bolsillo”, como dijera en su muro de Facebook una amiga acerca del comienzo de la era Alberto. También estuvieron las Madres de Plaza Mayo, los pañuelos verdes y la gente en la Plaza de Mayo queriendo festejar un cambio de época.

En su mensaje interpeló con fuerza a la Justicia, al señalar que se ha “visto el deterioro judicial en los últimos años, hemos visto persecuciones indebidas y detenciones arbitrarias inducidas por quienes gobiernan y silenciadas por cierta complacencia mediática”. Reivindicó la lucha del colectivo feminista contra la violencia machista y remarcando que “es tiempo de comenzar por los últimos para después llegar a todos”. Esa frase quizás resuma la esencia del pensamiento del Presidente, el de la unidad de todos los argentinos, como se lo presentó en la ceremonia de asunción.

Son gestos que lo acercan a la gente, y que lo diferencian del resto de la clase política, porque lo más racional en estos tiempos es empatizar con el otro. Son esas pequeñas grandes cosas que definen, “son el sustrato que le da credibilidad a los grandes postulados”, escribió con acierto la periodista Nora Veiras.

Alberto Fernández llegó ayer a la provincia de Entre Ríos para participar de la reasunción de Gustavo Bordet, en la ciudad de Paraná. Se trata de un hecho inédito para la vida política de la Provincia, quizás solo comparable con la visita del expresidente Néstor Kirchner cuando se trasladó a estas tierras para resolver un conflicto docente de larga data.

Es la forma de construir consenso que eligió el primer mandatario, y teniendo en cuenta que en este distrito se calzó el traje de arquitecto para diseñar la unidad del peronismo entre las diferentes vertientes.

Los primeros 100 días de gestión serán la primera prueba de fuego, aunque está claro que no bastarán para resolver el pesado lastre que dejó un modelo de ajuste, de políticas de exclusión, de atraso cultural y que solo gobernó para una élite durante cuatro años.

La historia y el pueblo se encargarán de juzgar lo realizado por un proyecto político que viene a recuperar derechos, “empezando por los últimos para luego llegar a todos”. Así es como se gobierna con justicia social.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario