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Paraná Baltimore

Hay que ver The Wire si interesan los vínculos entre el narcotráfico y los poderes políticos y empresarios, un circuito que cada tanto se desvela en Paraná.

Viernes 23 de Julio de 2021

Paraná Baltimore. Esta columna es una recomendación de una serie. The Wire (La Escucha) es una producción de la cadena HBO emitida por televisión en Estados Unidos entre 2002 y 2006, una época lejana en comparación con los tiempos actuales de plataformas de streaming y contenidos a demanda. La serie, afortunadamente, puede verse hoy, gratis, en internet, o, pagando, en los packs que ofrecen algunas empresas de entretenimiento. Requiere cierta paciencia de quien la mire porque no lleva el ritmo que acostumbramos actualmente, pero el compromiso tendrá su recompensa.

The Wire ocurre en Baltimore, Maryland, una de las ciudades que supo registrar unos de los índices más altos de pobreza y violencia de los Estados Unidos. Su creador, David Simon, fue periodista del diario principal de la ciudad durante décadas, lo que influyó y permitió el estilo 100% realista de la producción. La serie parece, de arranque, una típica historia policial, con un equipo de detectives persiguiendo sin mucho éxito las andanzas de una banda de narcotraficantes que controlan una amplia zona de barrios populares de la localidad.

Lo que distingue a The Wire y la consagra como una de las mejores de la historia es que trasciende esa apariencia clásica inicial y logra un retrato insuperable de la descomposición de la sociedad capitalista del siglo 21 y sus instituciones. Cada temporada enlaza la historia de las drogas -que acompaña siempre como un hilo al guion- con los lugares y las instituciones que hacen la vida de una ciudad: su puerto, sus escuelas, su Poder Judicial, su Policía, sus políticos, sus empresarios, sus medios de comunicación.

Al final, queda al desnudo cómo el narcotráfico se entrecruza con otros delitos (homicidios, lavado de dinero, tráfico de influencias y todo tipo de corruptelas) y cómo mezcla actores y clases sociales que, para el ojo que no quiere ver, no tienen nada que ver entre sí. En este caso, en Baltimore, Estados Unidos.

Al respecto, uno de los tramos más ilustrativos de The Wire exhibe el camino que van desandando los capos de la droga para atravesar la frontera entre los barrios –negros, pobres- y el centro –blanco, rico- de la ciudad, para expandirse como empresarios desde su negocio ilegal y violento hacia rubros legales y cordiales. Un jefe narco alterna reuniones con ‘soldaditos’, en las que ordena asesinatos; mitines con empresarios, en los que se negocian y proyectan inversiones inmobiliarias; y encuentros secretos con políticos, en los que se pactan campañas electorales y su financiamiento.

Se retratan aquí, con todos sus bemoles, las relaciones entre los bandidos de camisetas de básquet (serán de fútbol en otros pagos), bruscos y malhablados, y los delincuentes de traje, bien educados y de discursos prolijos. Se revela, así, hasta dónde llega la penetración del narcotráfico en el Estado y en las empresas, en un circuito lubricado con dinero y favores de poder donde nadie reconoce ser socio de nadie. Los narcos inyectan su recaudación en el mercado de la construcción, los constructores e inversores de bienes raíces aceptan el dinero sucio pero fresco sin hacer preguntas, y el político media entre las partes, obviamente sacando su tajada.

El sistema, que es una falla en sí mismo, desborda de tensiones y en un momento estalla. Alguien muere, simbólicamente, en un edificio en construcción. Un político termina en Tribunales cuando se destapa la olla que debía mantenerse cerrada. Pero en The Wire los caídos ocasionales son reemplazados por otros jugadores y el sistema -que la serie llama ‘el juego’- vuelve a la normalidad, mientras nadie investigue a fondo y castigue a los que apuestan a él.

“Si seguís la droga, conseguís drogadictos y traficantes; pero si empezás a seguir el dinero, no sabés adónde mierda te va a llevar”, dice un detective de Baltimore a su equipo, que se anima a revisar papeles, expedientes judiciales y declaraciones de empresas.

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