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Otras grietas

Martes 07 de Enero de 2020

Desde septiembre de 2007 una obra innovadora permanece en la Plaza 1° de Mayo, en Paraná. Refiere al proyecto Grietas, declarado de Interés Municipal, a través del Decreto N° 574/07, y presentado como Patrimonio Arquitectónico Historiográfico de la capital entrerriana.

Su autor es el artista plástico Carlos Espinosa. En cuatro placas permitió apreciar la Casa de la Confederación –donde funciona la Escuela Normal–, el Senado de la Confederación –frente al Colegio del Huerto–, el Palacio Rosembrock –donde hoy hay una casa de comidas rápidas–, y el Centro Comercial, en 25 de Mayo frente a la Plaza. Todas ellas tienen las matrices táctiles y cuentan con información histórica.

Una nota de UNO publicada entonces da cuenta de que se trata de “una inédita experiencia de rescate histórico arquitectónico” y explica: “Una serie de obras de arte con las fachadas originales de edificios históricos fueron ubicadas en pantallas de hierro fundido. Pero la particularidad es que en las ilustraciones lucen matrices táctiles para personas no videntes, grabadas en granito, bajo relieve”.

La iniciativa fue valorada por el Centro Amigos del Ciego de Entre Ríos (Cacer) y admirada por los transeúntes que tuvieron oportunidad de observar la singular belleza de la obra y la calidad de un trabajo verdaderamente inclusivo, sobre todo para las personas con discapacidad visual.

El proyecto, que formó parte de la tesis con la que su autor obtuvo el título de licenciado en Arte en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER), le demandó alrededor de tres años, y otros dos realizar las pantallas. Su propósito era brindar un aporte a la sociedad: que el texto y las matrices visuales y táctiles sirvieran como material didáctico para docentes y alumnos, y que las pantallas sean un aporte a la sociedad mediante imágenes del pasado. La idea era que esta muestra permanente fuera sumando más imágenes, pero lo cierto es que en la actualidad, 12 años después, la obra evidencia un ostensible estado de abandono.

Vandalizadas, las placas están deslucidas bajo afiches de obras de teatro locales que promueven su arte pero no respetan el del prójimo; de activistas veganos que pregonan la protección del derecho de los animales pero vulneran el de un artista que debe soportar que arruinen su trabajo y el del público que no puede gozar libremente de esta obra que hoy está eclipsada; e incluso hay pegados folletos de una niñera que busca empleo.

Y si bien cabe repudiar la actitud de quienes profanan semejante obra, que podría constituirse en un atractivo cultural y turístico de la capital entrerriana, también vale un llamado de atención a los sucesivos gobiernos municipales que jamás se ocuparon de proteger este valioso patrimonio, aún con el aporte que reviste a la comunidad. Me consta que hubo promesas de autoridades de apoyar esta iniciativa, darle el lugar que corresponde, pero nada de eso pasó. Quizás en la actual gestión ocurra. Ojalá así sea.

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