No mires el humedal
El humedal del río Paraná está desapareciendo y con él la vida y la biodiversidad que allí habitan. Lagunas sin agua, peces muertos y el fuego que arrasa.

Sábado 15 de Enero de 2022

El argumento de una exitosa película, de reciente estreno, es la posibilidad cierta de que la vida en la Tierra se acabe por completo por el impacto de un cometa de unos nueve kilómetros de diámetro. A pesar de la evidencia científica que se plantea, las autoridades gubernamentales de la ficción se niegan a creerlo y así se desarrolla la historia.

Es una película y como tal se propone entretener al público como primer objetivo, con actores y actrices muy famosos. Pero además, tal vez a algunos espectadores les haga pensar en los parecidos entre ficción y realidad, que no siempre son mera coincidencia.

En ese marco uno podría pensar: ante nuestros ojos está sucediendo algo similar a lo que sucede en No mires arriba (Don't look up). Ocurre de modo más lento, paulatino, pero no es imperceptible. Hay fotos, videos, testimonios que lo demuestran y, así y todo, hay muchos que no lo ven. Es la desaparición de los humedales.

Los humedales son parte de los sistemas naturales que hacen posible la vida en la Tierra. El 40% de la biodiversidad mundial vive o se reproduce en ellos. En el sitio leydehumdalesya.org explican que también son grandes filtros depuradores y reservorios de agua dulce; amortiguan los impactos de las lluvias y almacenan más carbono que ningún otro ecosistema.

Según la explicación de las entidades ambientalistas que reclaman por la Ley de Humedales, se estima que en los últimos 300 años ha desaparecido el 87% de estos espacios del planeta, debido a la ampliación de la frontera agrícola, el uso de agrotóxicos, la actividad minera, la sobreexplotación de bienes naturales, el desarrollo industrial e inmobiliario, las especies invasoras y el desecho de residuos mal tratados.

En el caso del humedal del río Paraná, el deterioro es evidente por la sequía, las temperaturas extremas, los desmontes, los incendios y la bajante histórica que está cambiando el paisaje de la región.

Si el agua es el elemento clave que define a un humedal –zona de tierra inundada de forma temporal o permanente– y ese elemento escasea en la región desde hace ya más de dos años, la desaparición de estos espacios y de la vida que hay en ellos es evidente.

La organización El Paraná no se Toca viene difundiendo imágenes en las redes sociales que muestran cómo eran el río y sus islas interiores hace tres años y cómo son ahora. Se ven arroyos secos, pastizales donde antes había agua, tierra reseca y algunos pocos animales ya en peligro de extinción. El humedal, contradictoriamente, carece de humedad.

Una de esas publicaciones es una imagen satelital de principios de 2019 donde se puede ver al río con una altura promedio de entre 3,5 a 4 metros (altura de Rosario), el humedal verde, sus lagunas y arroyos llenos de agua y “vida en cada rincón”. También se ve que en 2020 se agudizó la bajante y se quemaron miles de hectáreas. En 2021 el humedal se muestra seco, cambió su color de verde a ocre, se secaron el 80% de sus lagunas y desaparecieron aves, plantas y fauna acuática.

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Otras imágenes de El Paraná no se Toca mostraron esta semana miles de peces muertos en una laguna interior a la altura de Rosario y Victoria. Explicaron que las causas fueron las altas temperaturas y los meses de “encierro” por la escasez de agua. Las fotos son impactantes. Casi en simultáneo, los ambientalistas fueron a rescatar cientos de tortugas acuáticas moribundas en lagunas secas de la provincia de Santa Fe.

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Las imágenes que muestran miles de peces muertos. Lagunas sin agua, humedal sin vida en el Paraná.

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El usuario de Facebook “Pablo LosAliadoS” publica fotografías del río Paraná antes y después de la bajante. Se puede observar el impacto de lo que llama una “catástrofe climática”. La desolación que se ve en las imágenes le da la razón.

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Estas escenas no son ficción, no pertenecen a una película, no necesitan de actores ni actrices famosos de Hollywood, ni de una superproducción, porque no tienen la función de entretener. Pero sí de hacer pensar. Son la prueba de que algo grave está pasando y de la urgencia por tomar medidas que garanticen el derecho a la vida y al ambiente sano.