Lunes 14 de Diciembre de 2020
Romper con falsos prejuicios. ¿Qué tienen en común Emar Acosta 1904-1965), Julieta Lanteri (1873-1932), Cecilia Grierson (1859-1934), Alfonsina Storni (1892-1938) y Dalma Neumayer, la joven camionera paranaense de 22 años?
Cada una, a su manera, rompe con los prejuicios tan falsos como enquistados en el pensamiento tradicional, de que existen cosas que solo son para los hombres.
Ni siquiera los regímenes monárquicos se habían atrevido a tanto. Excepto en determinados períodos históricos de antiguos Reinos Francos y de la Francia medieval en donde se puso en vigencia la “ley sálica” que prohibía a las mujeres ser coronadas como monarcas, en el resto de los estados no estaba vedado a las mujeres el acceso a los tronos de Europa.
En los gobiernos democráticos de principios de Siglo XX, las mujeres no podían elegir, ni ser elegidas. Algo similar pasaba con ciertas ocupaciones y profesiones.
Gracias a esas voluntades que quedan lejanas en la historia, hoy pueden existir orgullosas beneficiarias de aquellas luchas.
La hoy poco conocida Emar Acosta era una abogada riojana radicada en San Juan donde fue elegida jueza, transformándose en la primera magistrada de la provincia. En 1928, diecinueve años antes de la sanción de la Ley de Voto Femenino, fue la primera legisladora en llegar a un cargo electivo en América Latina. Pudo concretarlo porque en su provincia, la constitución había consagrado el derecho mucho antes que la Nación.
Julieta Lanteri fue la quinta médica recibida en el país, logró un permiso especial para poder cursar esos estudios en los que, por supuesto, las mujeres no eran aceptadas. En 1906 asistió al “Congreso Internacional de Libre Pensamiento”.
En 1911, Buenos Aires convocó a empadronarse para las siguientes elecciones a “los ciudadanos mayores, residentes en la ciudad, que tuvieran un comercio o industria o ejercieran una profesión liberal y pagasen impuestos”, tan arraigada estaba la idea de que sólo los hombres podían votar, que no se tomaron ni el trabajo de dejar explícita la exclusión femenina.
Así es que Julieta acudió a la convocatoria pues cumplía con todas las condiciones exigidas por el documento. Claro que le negaron su derecho y debió recurrir a la justicia para lograrlo, el fallo expresaba lo que hoy parece una obviedad: “Como juez tengo el deber de declarar que su derecho a la ciudadanía está consagrado por la Constitución y que la mujer goza en principio de los mismos derechos políticos que las leyes, que reglamentan su ejercicio, acuerdan a los ciudadanos varones, con las únicas restricciones que, expresamente, determinen dichas leyes, porque ningún habitante está privado de lo que ellas no prohíben”. El 26 de noviembre de 1911 fue la primera mujer en emitir su voto en Sudamérica.
Cecilia Grierson fue la primera médica de nacionalidad argentina, luego de haberse dedicado a la docencia que era su verdadera vocación. Ejerció como obstetra y kinesióloga, pero no pudo desempeñarse como cirujana aunque tenía la acreditación correspondiente. Estuvo en el equipo que realizó la primera cesárea en 1892, fue pionera en el tratamiento de niños con discapacidad.
La poeta Alfonsina Storni es recordada por su obra literaria, sin embargo fue una luchadora por los derechos de las mujeres. En su función de periodista escribió “Cuando se dice feminismo, para aquellas almas, se encarama por sobre la palabra una cara con dientes ásperos y voz chillona. Hoy, no hay una sola mujer que no sea feminista, podrá no querer participar en la lucha política, sin embargo desde el momento que piensa y discute en voz alta las ventajas y los errores del feminismo es ya una feminista, pues el feminismo es el ejercicio del pensamiento de la mujer”.
Todas aquellas voluntades, sus anhelos, los malos tratos a los que fueron sometidas, sus intentos fallidos, que sólo les dieron mayor fortaleza, fueron creando un camino para que hoy puedan existir personas como Dalma Neumayer que se desenvuelve en un trabajo que sólo pueden hacer los hombres, al tiempo que estudia una carrera universitaria.
Dalma forma parte del 0,7% de mujeres que en la Argentina poseen licencia profesional para conducir un transporte de carga. Con sus 22 años pertenece a la llamada generación centennial, aunque ella eligió ser camionera. Hoy justamente celebra su día.
Todavía hay mucho camino por recorrer, pero si alguna cosa demuestran estas historias es que ninguna pelea será en vano.