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Miradas: La sociedad del riesgo

Vivimos en la sociedad del riesgo, según el sociólogo alemán Ulrich Beck. Y el miedo es el producto más genuino de esta sociedad posmoderna.

Miércoles 28 de Julio de 2021

Hoy en día, la mayoría de niños y adolescentes de clase media ya no conocen lo que es hacer amigos en el barrio o en el club: la socialización con sus pares se reduce a la escuela.

Hoy en día es prácticamente imposible circular por la calle o entrar a algún local comercial sin que nuestra actividad quede registrada ante las cámaras de seguridad.

Hoy en día es fijo que al aterrizar en un aeropuerto internacional temamos no pasar satisfactoriamente el escrutinio no sólo de nuestro equipaje, sino de nuestra persona. Portación de cara, nacionalidad, viajes previos a países no gratos, o un simple error de carga de datos podrían hacer que tengamos que subir nuevamente al avión.

Hoy en día estamos hartos de la pandemia y, sin embargo, nos preparamos temerosos ante la posible llegada de un virus peor.

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El desastre de Chernobyl, uno de los síntomas de la sociedad del riesgo

El desastre de Chernobyl, uno de los síntomas de la sociedad del riesgo

Vivimos en la sociedad del riesgo, según el sociólogo alemán Ulrich Beck. Y el miedo es el producto más genuino de esta sociedad posmoderna. Dos guerras mundiales con más de un centenar de millones de muertos, desastres ambientales, bioterrorismo, explosiones de centrales nucleares y otras catástrofes provocadas por el ser humano hicieron que empecemos a desconfiar de las bondades de los avances científicos y técnicos que en el siglo pasado, durante la primavera del Estado de Bienestar, vaticinaban cierta calidad de vida.

En la sociedad industrial clásica la estratificación social y los conflictos venían marcados por el reparto de riqueza. La familia, los empresarios, los sindicatos, es decir, los agentes tradicionales, se posicionaban en razón de ese reparto. El motor que movía la rueda era el progreso, siguiendo el principio de que a mayor producción mayor bienestar social. El peligro era una externalidad: un terremoto, una inundación, una manga de langostas. Pero el perfecto funcionamiento de este sistema trajo consigo la aparición de nuevos riesgos con grandes dificultades para su control.

Dice Beck que, tras ochenta años de “modernidad desarrollada”, empezamos a ver que la ciencia y la tecnología llevaban ocultos como polizones a sus propios demonios: la industrialización intensiva en todos los ámbitos y el desarrollo tecnológico al servicio del consumo han sido los causantes del desastre ecológico que supone el cambio climático. El capitalismo salvaje, con su mecanismo de exclusión social, ha generado el fermento necesario para el aumento de la delincuencia y la criminalidad.

Y los medios se encargan de reproducir y esparcir el miedo como algo abstracto, como un ente maligno autónomo, sin explorar demasiado en los orígenes: se distorsionó la percepción causa - efecto, aumentando aún más nuestra indefensión.

Y es importante destacar algo: Beck distingue el peligro –algo externo, fuera de nuestro control–, del riesgo –evitable y, en cierta medida, voluntario. Los males que hoy nos aquejan (pensemos en Fukushima, o en la bajante histórica del Río Paraná, para poner un ejemplo cercano) siguen siendo riesgos, en el sentido de que son voluntarios, aunque las empresas y los gobiernos se nieguen a reconocerlos como tales. Y son voluntarios porque la sociedad podría decidir, por ejemplo, dejar de desmontar, frenar la expansión de la frontera agropecuaria, eliminar los agrotóxicos, modificar hábitos de consumo y cambiar progresivamente hacia una agroecología sustentable. O cerrar definitivamente todas las centrales nucleares. Sin embargo, este desfase en donde aún persisten comportamientos característicos de la anterior sociedad industrializada impide que reconozcamos a nuestro propio modelo económico como la raíz de los males que nos aquejan.

El papel que tradicionalmente se le asignó a la ciencia fue el de dominio de la naturaleza. Pero en esta sociedad del riesgo, la ciencia se erige como la emparchadora de los mismos desastres que antes se encargó de generar. Hoy se desarrollan vacunas contra el coronavirus, pero poco se hace para saber cuáles son sus orígenes y cómo prevenir el surgimiento de otros virus letales. ¿Será que hemos alcanzado el punto de no retorno o todavía estamos a tiempo?

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