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Miradas: entender el peronismo

Cuando Angela Merkel le preguntó a Alberto Fernández sobre qué era el peronismo, solo se sumó a una pregunta que muchos se siguen haciendo en el mundo.

Sábado 12 de Septiembre de 2020

Cuando en febrero de este año Angela Merkel le preguntó a Alberto Fernández sobre qué era el peronismo, solo se sumó a una pregunta que muchos se siguen haciendo, y otros evitan hacerse a sí mismos, no solo en la Argentina, sino también en muchos lugares del mundo.

La respuesta que el Presidente argentino le dio a la canciller alemana apenas alcanzó para salvar el momento de manera diplomática y cordial: “El peronismo es quien mejor administró el Estado y quien otorgó derechos a los trabajadores”, señaló Fernández. No conforme, Merkel insistió y señaló: “Usted es más abierto”, a lo que Fernández respondió: “Sí, pero tengo muy claro a quién represento”.

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Cuando Angela Merkel le preguntó a Alberto Fernández sobre qué era el peronismo, solo se sumó a una pregunta que muchos se siguen haciendo en muchos lugares del mundo.

Cuando Angela Merkel le preguntó a Alberto Fernández sobre qué era el peronismo, solo se sumó a una pregunta que muchos se siguen haciendo en muchos lugares del mundo.

A la luz de la historia, y a 75 años de su creación, decir que el peronismo representa solamente a un sector determinado de la sociedad es casi naif. El peronismo resulta difícil de entender para muchos, y como sucede con las cosas que no se entienden, lo primero que surge es etiquetarlo como fenómeno, como si de una anomalía se tratara, otros simplemente lo niegan como concepto político, esperando que eso lo haga desaparecer.

El New York Times hace gala esta semana de ese simplismo propio de los interesados en vender rápido la imagen fácil que esperan aquellos que dicen abominar de los populismos sin saber bien de lo que hablan.

El peronismo, según el Times, gana espacios en España y, lo peor, se propaga.

Y pone a Merkel como el único espejo capaz de frenar la peronización barbárica de la península ibérica. Angela Merkel es el modelo a seguir para el diario más importante de los Estados Unidos que titula: “Entre Perón y Merkel: una encrucijada española”.

Por más que a muchos no les guste, esto sólo lo logra el peronismo. Atraviesa el tiempo, los continentes y las ideologías, para comparar líderes impensados en territorios nunca imaginados.

El Times no lo pudo evitar y también cayó en la trampa. A todos les fascina hablar del peronismo. La vanidad nace en los peronistas, a los que les encanta hablar de su propio movimiento. Sólo le dedican algo a los opositores si es que hay que ganar alguna elección, pero solo lo hacen el tiempo necesario. Pasó con Macri, que parece una cosa del pasado y ya fue sustituido por Rodríguez Larreta en el altar de los sacrificios.

Los opositores hacen algo parecido. Hablan solamente del peronismo. Durante cuatro años la administración de Cambiemos le dedicó cada segundo de su agenda política a Cristina Kirchner y al peronismo, creyendo que con eso acabarían finalmente con sus posibilidades de volver al poder.

Plagado de contradicciones profundas, el peronismo hace gala de su concepto de movimiento, e incorpora cada una de esas realidades que parecen imposibles de conciliar, las asimila, cambia, y sigue adelante. La vocación de poder es más fuerte que la vocinglería de sus detractores. El peronismo hace sobre la marcha, planifica sobre la coyuntura y resuelve lo que se puede resolver de la manera que mejor le sale. Nadie puede planificar una lucha contra el peronismo porque nadie sabe en realidad cual será la próxima maniobra del movimiento.

El rumbo aceptado por los adeptos podría ser el que marcó el propio Perón: “Si el pueblo está contento, eso es lo que interesa. El pueblo contento comienza el camino de la felicidad y esa es una de las funciones fundamentales del gobierno. La otra es ejercer la grandeza del país. Eso se hace despacito y de a poco”.

Si el objetivo era alcanzar el norte planteado por el General, los caminos han pasado por Cámpora, Isabel, Menem, Néstor y Cristina Kirchner, y ahora Alberto Fernández. Con ese abanico de posibilidades es difícil creer que el peronismo represente a un sector determinado de la sociedad argentina.

El solo planteo sobre la identidad del peronismo divide las aguas. Tratar de definirlo sólo cosecha insultos. De un lado y del otro. Por eso el peronismo seguirá siendo lo que los propios peronistas definan como el motivo que los lleva a militar, a luchar y a ganar elecciones. Por más que al New York Times le moleste, y aunque Angela Merkel siga sin entender.

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