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Miénteme

Si el doctor Ligthman, personaje de la serie "Lie to me" hubiera estado presente en el debate presidencial, analizando la comunicación no verbal de los seis candidatos, hubiese logrado un capítulo digno de cierre de temporada.

Domingo 20 de Octubre de 2019

Si el doctor Cal Ligthman –el personaje de Tim Roth en la serie Lie to me (FOX 2009)– hubiera estado presente en el debate presidencial, analizando la comunicación no verbal de los seis candidatos, hubiese logrado un capítulo digno de cierre de temporada.

En la serie referida, el psicólogo colaborador de la CIA se centra en microexpresiones del rostro, el lenguaje corporal, el tono de voz y las palabras utilizadas para descubrir si alguien está mintiendo. Lie to Me (Miénteme, en español) está inspirada en el trabajo científico del psicólogo norteamericano Paul Ekman, pionero en analizar las correlaciones entre estados emocionales y expresiones faciales.

Si bien el doctor Ligthman es un personaje de ficción, el rumbo que ha tomado la comunicación política en los últimos años da cuenta de que hay muchos doctores Ligthman asesorando candidatos.

Los políticos actuales saben que vale más lograr empatía con el posible votante que la más amplia y honesta trayectoria política. Así, mienten hasta en las fotos, borrándose arrugas y blanqueándose los dientes; mucho plano corto en plazas vacías, saludando a multitudes inexistentes y también usando los mismos militantes en distintas puestas en escena, pero contando historias diferentes. Y aun así cometen torpezas que solo son salvables con imposturas y blindaje mediático. Ya no se trata de un camino recorrido o de un discurso convincente apoyado en acciones que lo corroboren. Lo habitual en estos años ha sido verbalizar una cosa y aplicar medidas en el sentido opuesto. Las críticas se salvan a fuerza de campañas de miedo y trolls. Las campañas construyen mensajes que buscan aprobación y empatía o la disminución del rechazo cuando ya se tiene una imagen negativa.

La investigadora y titular de la consultora El Cuerpo No Miente, y compatriota de Durán Barba, Edurne Ochoa, asegura que los humanos mienten un promedio de 25 veces al día, y asegura que, en el caso de los políticos, esta cifra aumenta a 200 veces al día. Siguiendo en la línea de Eckman, Ochoa asegura que cuando se verbaliza una mentira el cuerpo entra en una contradicción en una zona del cerebro límbico, generando detonadores de estrés “por una cuestión de supervivencia”. Describe gestos “apaciguadores” y aquellos que generan desconfianza. Dentro de estos últimos están frotarse las manos, hacer movimientos pendulares con el cuerpo, parpadear más del promedio de 15 veces por minuto, esconder las manos, esquivar la mirada, tapar rostro o boca al hablar, ir de mayor a menor intensidad con el tono de voz, ladear el cuerpo respecto del interlocutor. En menor medida estos gestos pueden significar estrés, ansiedad o miedo pero, generalmente, indican mentiras.

Los profesionales de la mentira empezaron estudiando las gestualidades descriptas por Eckman y se adentraron en la neurociencia. Se dieron cuenta de la importancia del comportamiento no verbal y lo que transmite el lenguaje corporal para la comunicación política. Postularon que lo fundamental de un discurso no es lo que se dice, sino cómo se lo dice y qué emoción transmite al votante.

Teniendo en cuenta lo expresado, y volviendo al debate presidencial, se puede aventurar que Macri y Fernández estuvieron bien asesorados. Sus respuestas estuvieron concienzudamente estudiadas, sin vacilaciones y milimétricamente cronometradas. Si bien los otros candidatos tuvieron las mismas posibilidades de preparación, tuvieron algunas deficiencias como los desbordes de tiempo de Gómez Centurión, el incesante parpadeo de Espert y los gestos demasiado ensayados de Del Caño. Lavagna por su parte, estuvo un poco vacilante y deslucido al apelar constantemente a un machete de papel. Y, junto a Gómez Centurión, equivocó de interlocutor, mirando al público presente en el Paraninfo y no a la cámara, a través de la cual millones de posibles votantes esperaban verle la mirada.

Los políticos vernáculos están aprendiendo, con técnicas importadas, a engañar no solo con las palabras sino también con el cuerpo. Los han “coucheado”, enseñándoles a controlarlo para que no los delate cuando mienten en lo discursivo. Están aprendiendo a utilizar la gestualidad para perfeccionar la mentira.

Este domingo se espera que los candidatos corrijan los errores que cometieron el domingo pasado. Vale como ensayo.

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