hoy por hoy

Los políticos temerarios juegan con fuego

Los políticos viven su show evadidos de la penosa realidad que soportan millones de argentinos que sufren sus gobiernos. La salida puede ser riesgosa.

Martes 08 de Noviembre de 2022

No puedo dejar pasar esta casualidad. Estoy sentado frente a la computadora en la redacción pensando un título y un comienzo para esta columna. La idea del artículo la tengo bastante definida: los políticos, de uno y otro bando, viven sus vidas palaciegas, entretenidos en sus rencillas partidarias y calculando cómo posicionarse mejor hacia elecciones para las que faltan por lo menos 10 meses, mientras el pueblo arde a fuego lento en la durísima existencia que impone la realidad económica que no deja de agravarse para los de abajo. Los profesionales de la política viven su show absolutamente ajenos a esa realidad, inconscientes de que esa olla a presión puede calentarse hasta estallar y quemarlos a ellos también.

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La idea está pero falta el arranque. Pasan los minutos y nada. Aparece alguna ocurrencia, pero la descarto. Más minutos de mente en blanco. Se cruza algún otro pensamiento. Ya lo dijeron en otro lado. La ansiedad ya empieza a hacerse molesta cuando levanto la vista y en el televisor el título del noticiero de un canal nacional avisa: “Incendio en el Ministerio de Economía”. Es una casualidad, pero no puedo dejarla pasar, ¿no?

Por suerte, el foco ígneo en el Palacio de Hacienda no fue fatal. En rigor, se trató de un “principio” de incendio en el octavo piso por el que evacuaron a todo el personal, con trabajo de la Brigada Especial Federal de Rescate de la Policía Federal. Las pérdidas materiales no están determinadas aún. Con el compañero de la computadora de al lado bromeamos (con ganas de que sea en serio): “Ojalá se haya quemado el acuerdo con el FMI”. No sé si tendremos tanta suerte, y aún si la tuviéramos, seguro habrá algún comedido que haya guardado una copia en “la nube”. ¿Qué otro mejor destino podrá tener ese pacto de ajuste al que nos está sometiendo el mismo gobierno que denunció como impagable, ilegítima y fraudulenta a la deuda que decidió honrar al firmar ese pacto?

Resuelto el comienzo, prosigo con la idea. Es muy simple y muy visceral. Las “internas” del Frente de Todos y de Juntos por el Cambio que ocupan cada vez más espacio en la agenda política evidencian el absoluto desprecio y desinterés de sus protagonistas por las penosas condiciones de vida de una enorme parte de la población del país, al menos la que vive en condiciones de pobreza y que son casi 11 millones de personas.

Ambas facciones son responsables de esas condiciones: los ex Cambiemos por el gobierno que hicieron entre 2015 y 2019 y cuyas consecuencias seguimos pagando, y los Frente de Todos por el que llevan adelante hace ya casi tres años. No hay lugar para excusas de ninguno de los dos lados. Ni “pesada herencia” ni “pandemia+guerra” justifican descargar siempre los ajustes sobre la mayoría para mantenerle los privilegios a una minoría que nunca paga las crisis que ella misma provoca.

¿Hay matices entre los bandidos? Por supuesto que sí. Especialmente, en lo que dicen, no tanto en lo que hacen. Unos avisan que nos van a azotar porque somos unos fracasados. Los otros prometen heladeras llenas y después las vacían. ¿Qué tantas diferencias entre ambos bandos arrojan los fríos números de las estadísticas y los informes económicos, o las sabia e indiscutible percepción del bolsillo, de la compra del super, del abismo cada vez mayor entre el fin de mes y el fin de sueldo?

Lo peor de todo es que ante sus propios ojos ven crecer (mejor dicho, ellos mismos hacen crecer) el respaldo popular a salidas políticas aún peores. Suman “imagen positiva” o “intención de voto” canallas neofascistas, intolerantes y violentos que quieren cerrar el Estado y entregar el mando por completo a la voracidad comprobada e implacable del mercado.

Ni siquiera reaccionan cuando algo se termina de quebrar en nuestra sociedad y se cruza un límite que nunca hubiésemos imaginado. El atentado contra Cristina Kirchner mereció la reflexión y la calma de los bandidos sólo por unas horas, ni siquiera unos días. Ahora ya estamos de nuevo, por completo, inmersos en el clima político que hace años viene cocinando el caldo de cultivo para el hartazgo.

Lo deseable es que cambien las políticas económicas y dejen de asfixiar a la mayoría que vive de su sueldo. Después, que se peleen todo lo que quieran. Pero deberían percatarse de lo que pasa cuando se juega con fuego.

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