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La pandemia, lo desconocido y lo arbitrario

El llamado diario del lunes muestra incongruencias y arbitrariedades en algunas medidas dispuestas para contener el avance de la pandemia de coronavirus.

Martes 24 de Noviembre de 2020

La pandemia de coronavirus apareció como algo novedoso, desconocido hasta para los científicos. La propia Organización Mundial de la Salud fue corrigiéndose a sí misma, acerca de las formas de contagio y los modos de prevención, por ejemplo. Que escuelas abiertas sí, que escuelas abiertas no. Que tapabocas sí, que tapabocas no.

Cuando aparecieron los primeros indicios de que la enfermedad podría llegar a Argentina, allá por principios de marzo, la posibilidad de que fuera necesario no compartir el mate era motivo de debate nacional. Hoy es evidente que tomar de la misma bombilla implica un alto riesgo de contagio, pero en ese momento todavía había lugar para la polémica. Lo mismo sucedía con el saludo: el beso, la mano, el abrazo, eran conductas cuya erradicación encendía discusiones.

Ese desconocimiento se expresó también en las políticas sanitarias y las restricciones adoptadas. Con el diario del lunes, se puede decir que la cuarentena estricta de los primeros tiempos sirvió para amortiguar el impacto. Y eso se tradujo en la cantidad –indeterminada pero seguramente importante– de vidas que se salvaron.

Pero también esas restricciones incurrieron en arbitrariedades, como las limitaciones para la circulación y para ingresar a algunas provincias o ciudades. Una muestra de esto son los casos más resonantes, aquellos que alcanzaron alta visibilidad en los medios y en las redes porque involucraron a personas con problemas de salud o a quienes no podían llegar a destino para ver a un ser querido con una enfermedad terminal. Seguramente no fueron los únicos casos.

Es arbitrario que para ingresar a determinadas localidades desde lugares con transmisión comunitaria se exija cuarentena e hisopado negativo, o directamente se les cierre el paso, pero que esto no alcance a todo el mundo, dado que siempre hay excepciones.

El mismo diario del lunes dice cuán arbitrario resultó que ciertas actividades económicas fueran postergadas de las habilitaciones sin que, una vez autorizadas, hayan demostrado ser fuentes de contagios.

Arbitrario ha sido y es que quienes exigen ciertos cuidados, en ocasiones, no cumplan lo que exigen. Arbitrario ha sido y es que los controles de las aglomeraciones de personas se concentren en algunas zonas de las ciudades y en otras no.

Arbitrario ha sido y es que el vínculo pedagógico –virtual, pero vínculo al fin– se garantice solo para los y las estudiantes de entornos que económicamente pueden sostenerlo.

Arbitraria es la aparente naturalidad de un abrazo de gol en un partido de fútbol, visto por televidentes que hace meses no abrazan a sus familiares.

Arbitrario es todo lo que algunas personas están obligadas a dejar de hacer pero está permitido para otras.

Las arbitrariedades son hijas del desconocimiento. La falta de información sobre el virus explicó las marchas y contramarchas iniciales. Además, el gobierno se vio obligado a adoptar restricciones inéditas en tiempos de paz y democracia, con el fin de proteger un derecho superior como es el derecho a la vida. Y esta situación también derivó en incongruencias como las relatadas.

Ahora la curva de la pandemia va en descenso y esas incongruencias probablemente se diluyan en el mar de las aperturas cada vez más amplias. Llegará la vacuna. Los casos disminuirán. Hay optimismo en cuanto a que esto ocurra a tiempo para evitar la llegada de la segunda ola que ahora golpea a Europa. Los ciudadanos y ciudadanas podrán recuperar ciertos hábitos, como el de visitar a sus familiares a los que no ven desde hace meses en otras ciudades o provincias; algo que muchos y muchas aceptaron por entender que hay una responsabilidad colectiva que cumplir.

Si por alguna razón esto no llega a ocurrir, el coronavirus ya no será un virus desconocido. Ya se sabrá qué hacer para evitar los contagios masivos y habrá más posibilidades de tener éxito en la prevención. Y será importante aprender de los hechos para que las limitaciones que se deban adoptar sean precisas, racionales y justas.

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