Viernes 20 de Noviembre de 2020
El 14 de marzo y en el inicio de la pandemia que modificó los hábitos de la sociedad mundial, River Plate debía recibir a Atético Tucumán por el capítulo inicial de la Copa de la Superliga. El juego no se llevó adelante dado que las puertas del estadio Antonio Vespucio Liberti, conocido popularmente como el Monumental, permanecieron cerradas.
A través de un comunicado oficial la entidad del barrio porteño de Núñez expresó, 24 horas antes del horario de inicio del partido, que el club “permanecerá cerrado en su totalidad a partir del 14 de marzo por tiempo indeterminado. Con esta medida, el club busca resguardar la salud de los socios, los empleados y las miles de personas que concurren diariamente a las distintas actividades que se realizan en la institución”. La decisión fue adoptada luego que Thomás Gutiérrez, futbolista del elenco de división reserva, y una nutricionista de la institución manifestaran síntomas de Covid-19.
Ese mismo día las principales figuras del conjunto dirigido por Marcelo Gallardo se comunicaron con los capitanes de los demás equipos para suspender la jornada. En los pasillos del estadio Grella, donde Patronato enfrentó a San Lorenzo, comenzó a circular el rumor de postergación. A pesar de los intentos y de las dudas que circulaban entre los deportistas, la cartelera se llevó adelante, a excepción del cotejo entre La Banda y el Decano tucumano y el choque entre Defensa y Justicia y Estudiantes, que había sido postergado con anticipación por un pedido de la dirigencia Pincharrata.
El día del encuentro entre el Millonario y el Decano Germán Delfino, árbitro designado para ese juego, se trasladó hacia el Monumental. El colegiado estuvo acompañado por sus compañeros de terna y por la escribana Marisa Galarza, quien fue enviada al lugar por las autoridades de Superliga. En ese mismo sector estuvo presente el vicepresidente de Atlético Tucumán, Enrique Salvatierra. Al constatar que el estadio permanecía cerrado la notaria labró el acta correspondiente. De esa manera, River, con el peso de su nombre, cumplió con su palabra y se expuso a una sanción deportiva y económica. La pérdida del encuentro, quita de puntos y una multa económica eran las penas que podía recibir la institución.
Setenta y dos horas después de ese juego la Asociación de Fútbol Argentino (AFA) oficializó el cese de actividades por tiempo indeterminado. Luego, el presidente de la Nación, Alberto Fernández, decretó el inicio del aislamiento social preventivo y obligatorio.
Desde ese entonces los atletas entrenaron de manera aislada durante cinco meses. El regreso a los entrenamientos presenciales se llevó adelante en agosto. El retorno fue bajo nuevas pautas, con protocolos estrictos para evitar reducir las posibilidades de contagio de covid-19. Con grupos reducidos en las primeras semanas. Luego, el salto al campo de juego. Quienes compiten en el ámbito internacional regresaron antes para disputar sus juegos por Copa Libertadores.
En el ámbito local la redonda comenzó a rodar el 30 de octubre, con el comienzo de la Copa de la Liga Profesional.
Ocho meses después del encuentro que debían disputar River y Atlético Tucumán el Tribunal de Disciplina resolvió no sancionar al Millonario deportivamente. A través del boletín 5820 estimó que la no presentación de River se debió a “un estado de necesidad justificada”, y que por lo tanto no debe ser sancionado “por cuanto nada ha sido usual en este 2020 y por lo tanto los parámetros reglamentarios con los que se examina la situación no pueden ser tampoco los usuales en virtud de las circunstancias sanitarias excepcionales en la que se produjeron los hechos en cuestión”. Además le dijo a la AFA que disponga el día y horario del encuentro que la entidad del barrio porteño de Núñez debía hacerse cargo de los gastos de logísticas de la delegación tucumana.
Si bien no tengo certezas y solo describiría escenarios potenciales, estoy seguro de que la pena no hubiera sido la misma si otra institución tomaba la misma decisión que adoptó River. Porque en el deporte también hay una justicia para poderosos y otra para los humildes.