Lunes 28 de Febrero de 2022
Es muy interesante lo que está provocando esta guerra iniciada por Rusia contra Ucrania. Lo que tal vez en otro momento hubiera sido la unidad total de la comunidad internacional para repudiar una invasión de un país poderoso militarmente, hoy es disfrazada esa situación con posturas ambivalentes, tibias y hasta penosas del gobierno argentino.
Hay que decir la verdad en todo momento, y así como se criticó con dureza las distintas acciones expansionistas, imperialistas y destructivas de Estados Unidos, lo mismo debería pasar, cuando su histórico rival hace lo mismo. Como si la muerte de civiles en Kiev, la capital ucraniana, es de menor calidad y jerarquía, que las matanzas norteamericanas en Irán, Irak, Siria, u otras potencias cuando someten a pueblos más débiles.
La Argentina a los largo de su historia tuvo una postura neutral frente a conflictos mundiales, pero el Presidente Juan Perón, tenía simpatía con el los países del Eje, que buscaron la segunda guerra. Había buena relación y algo más con la gestión nazi, italiana de Benito Muzzolini o la España de Francisco Franco.
El Presidente Carlos Menem apoyó abiertamente la guerra norteamericana en el Golfo, e incluso ayudó militarmente. Pese a los severos cuestionamientos, se trató de justificar el conflicto bélico en el nuevo orden que seguía imponiendo Estados Unidos. De allí que había relaciones "carnales", según la cancillería Argentina.
En este presente, se sabe que las guerras son con pequeños porcentajes, ideológicas, pero la mayor atracción bélica parte de intereses económicos, comerciales y de posiciones estratégicas en el mapa.
Hablar de gas, petróleo, y millonarios negocios de empresas rusas en Europa, es hablar del gran poder de Moscú, ampliado por la personalidad muy compleja de Vladimir Putin.
Ucrania desde hacía varios años estaba siendo considerado como un país, por la comunidad internacional, por lo que si bien el proceso se inició con un golpe de Estado que buscó un nuevo alineamiento, ya no con Rusia, y si con Europa y Estados Unidos, fue avalado por el voto democrático en elecciones que ratificaron ese rumbo al actual Presidente.
Por lo que ahora, hablar que esto no es una invasión por parte de Rusia, es como que cuesta mucho explicar el concepto, sin caer en la violación del derecho de un país.
El gobierno argentino está tomando posiciones incómodas, que van en contra de la historia del país, aliándose con presidentes que no están muy de acuerdo con lo que se denomina democracia, respeto a las instituciones, corrupción y violación de los derechos humanos.
Hay sectores del gobierno de Alberto Fernández, que vez con buenos ojo a presidentes autoritarios, que detienen a dirigentes de la oposición o que asesinan a mansalva a sectores internos.
Esa sintonía fina con Venezuela, Cuba, Nicaragua, China y ahora Rusia, lleva a no condenar en los organismos internacionales lo que se asegura como violación de los derechos humanos. Justo este gobierno, del kirchnerismo, que se jacta de ser el impulsor de las políticas de Derechos Humanos en la Argentina, juntan los tacos, o bien miran para el costado, cuando sus socios económicos estratégicos, pisotean y masacran a poblaciones enteras, tal es el caso de Rusia o China.
Puede haber un acercamiento económico, bien venido, en la necesidad de ganar mercados y exportaciones, pero esto no a cambio de cerrar los ojos frente a temas muy serios, como es buscar una guerra o una invasión a otro país.
No es necesario ser tan obsecuente de acuerdos financieros con Putin, para tratar de justificar los injustificable.
Se permitiría entender la lógica y hasta sería razonable alguna defensa del régimen de Moscú, por una cuestión ideológica con el comunismo, pero daría la sensación que la postura tibia de Argentina, a la hora de no condenar el ataque de Putin a Ucrania, solo es por coyunturas comerciales.
Si esto es así, francamente sería repudiable la actitud de la dirigencia de este gobierno nacional, que es capaz de hasta minimizar los asesinatos de la población civil con armas prohibidas, tal como denunció en las últimas horas Amnistía Internacional. La pregunta sencilla, cómo se vuelve de la defensa de un gobierno como el de Nicolás Maduro o Vladimir Putin, para luego hablar sin ponerse colorado, de derechos humanos.