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La esperanza es lo último que... ¿se pierde?

Viernes 31 de Mayo de 2019

La sociedad no reacciona. Recibe un golpe tras otro a su dignidad, y nada. Mientras el trabajador hace lo posible para llegar a fin de mes, la mayoría de los políticos están en otra (será que no son “políticos” y son otra “cosa”).

La Alianza Cambiemos sigue pidiendo tiempo para salir de una crisis que ella misma generó. Asumió el gobierno con un país sin deuda y para generar confianza en el exterior nos enterraron hasta la coronilla (festival de tasas, deuda a 100 años, lebac, leliq y la mar en coche). Todo al revés del mundo al que nos quisieron ensartar, perdón, insertar. Ellos que nos prometieron ponernos, supuestamente, en órbita otra vez (literalmente), pero nos llevaron a una situación institucional gravísima. Elisa Carrió con sus increíbles (literalmente) denuncias recorre el país para, supuestamente, salvar a la República. Festeja muertes de dirigentes políticos, habla de narcotráfico a diestra y siniestra y denuncia a todo aquel que ella ve como posible enemigo a sus intereses. Eso sí, del falso abogado Marcelo D’Alessio, del fiscal rebelde Carlos Stornelli no dice nada. Los funcionarios nacionales nadan en un lago de mierda que ya provoca repulsión. Todo es chicana, burla y denuncia. Nadie sabe qué es real y qué no. Los periodistas oficialistas se la pasan difundiendo escuchas telefónicas, supuestamente legales que se analizan primero en los canales de televisión antes que en el Juzgado. El martillo se baja en la TV. Condena mediática. Después nadie sabe si la persona señalada terminó condenada en un proceso justo.

La persecuciones mediáticas están a la vuelta de la esquina. Los grandes medios de comunicación son una pieza clave en los armados electorales. Apuntan todo el tiempo a la cabeza de doña Rosa (como decía Bernardo Neustadt), la misma a la que llevaron a votar en su momento por el empresario Francisco De Narváez, por citar un ejemplo. El conductor Marcelo Tinelli con su show televisivo colaboró para instalar al hombre que en el Congreso de la Nación terminó demostrando que era un bluff. Ni hablar de Macri y sus secuaces, que perdieron una oportunidad histórica de ejecutar un supuesto cambio que incluía mantener las políticas públicas que generó el kirchnerismo e ir por otras mejores, pero al final el mejor equipo en 50 años terminó destruyendo todo. Terminó engañando a su propio electorado, o por lo menos eso dicen las encuestas.

Las malas noticias se repiten todos los días a pesar de que los grandes medios de comunicación, afines a Cambiemos, tratan de disfrazarlas de no tan malas. Ahora suben los combustibles porque antes pagábamos poco. Otra vez se incrementan todos los precios porque antes eran muy baratos. Todavía hay idiotas que creen que los únicos que se perjudican con las subas de las naftas son los que tienen vehículos.

Los precios de los medicamentos están por las nubes, las jubilaciones por el piso. Las obras sociales sindicales atraviesan un momento muy complejo, muchas están cortadas por falta de pago. El dólar no para de subir. El riesgo país está por las nubes. Las inversiones no llegan. El comercio sigue en caída. La industria no produce y las fábricas cierran porque es más rentable tener la plata en el banco que mantener trabajadores. La salud pública está en caída libre, la educación no levanta, la Policía está cada vez más violenta y el Poder Judicial más corrupto. Eso sí, Cambiemos dice que vamos por el camino correcto. ¿Cómo?

Cada vez que los asalariados protestan los medios comienzan con sus sucesivos ataques a ese sector que reclama. Ayer todos hablan de los 40.000 millones de pesos que se perdió por la huelga. Lo dijo el excolumnista televisivo Nicolás Dujovne, que nunca explicó públicamente cuánto se pierde por día producto de la mala praxis en materia económica de Cambiemos.

La gente parece andar sin esperanza. Alguien rompió el entramado político y social que la contenía y por lo tanto se perdió. Es un movimiento doble, se perdió el contexto y se extravió la sociedad, En estos tiempos “los pobres” se aferran al dicho popular que sostiene que “la esperanza es lo último que se pierde”. Por ahora es lo que los mantiene “vivos”. Hasta que adviertan que ellos son su única esperanza. La de ellos y la de la Patria. Ahí tal vez, empiecen verdaderamente a “cambiar” las cosas.

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