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Ganadores y perdedores

Miércoles 10 de Junio de 2020

Puertas cerradas con candados y un cartel que describe la estocada final: se alquila, con letras imponentes. Una imagen vale más que mil palabras, dice un conocido refrán. Del microcentro a las zonas que emergieron como nuevos centros comerciales, la postal es la misma en Paraná: locales de diferentes rubros que debieron cerrar definitivamente durante la etapa de aislamiento social, preventivo y obligatorio por la pandemia del coronavirus. Solo aquellos con espalda financiera pudieron hacerle frente a una crisis inédita, que seguramente impondrá nuevas reglas en el mundo del trabajo y la economía.

Por lo pronto no se tienen datos oficiales de la cantidad de comercios que debieron bajar sus persianas, aunque es casi un hecho que los representantes del sector comiencen a relevar el impacto de esta problemática. Es que no solo duelen los locales que ya cerraron, sino que preocupa que muchos más tienen la firme intención de seguir el mismo camino.

Proyectos construidos con mucha perseverancia se desvanecieron en pocos meses, en un combo dramático donde la falta de rentabilidad se conjugó con los altos costos imposibles de sostener. “Tengo tres locales en el centro de Paraná, cuatro empleados y no sabemos cómo vamos afrontar el pago de salarios. Pago de alquiler por un solo local 270.000 pesos”, contaba un angustiado comerciante a UNO durante la reapertura parcial de la actividad.

La crisis económica no es un síntoma de la pandemia, sino que debe contextualizarse como parte de un proceso de deterioro que comenzó en los últimos años. La reducción en la capacidad de consumo de la clase media y en sectores de menos ingresos se tradujo en una retracción de las ventas. Por eso el punto de partida de este espiral recesivo es anterior al coronavirus.

Los rubros más afectados son aquellos que comercializan indumentaria y calzado, aunque también sintió los coletazos de la cuarentena el rubro de la gastronomía. En su mayoría son pequeñas y medianas empresas que se forjaron con expectativas de crecimiento, aunque nunca imaginaron un primer semestre con indicadores tan adversos.

Así lo refleja el informe de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), donde se da cuenta de que el derrumbe en la ventas de los comercios minoristas fue del 50,8% anual en el mes de mayo, respecto del mismo mes de 2019. El sondeo explica que el descenso en el tercer mes de la cuarentena incluye tanto la modalidad de venta on line como en los locales físicos.

Los conflictos laborales en el sector privado también fueron moneda corriente. Un grupo de empleados de una firma dedicada a la venta de bebidas reclama el pago de salarios adeudados. La cuestión, que parece está lejos de resolverse, pasó a dirimirse a la esfera del ámbito estatal, donde la Secretaría de Trabajo de la Provincia deberá consensuar una salida negociada. Mientras los trabajadores afirman que no se les abona desde marzo, incluso con un incremento en los volúmenes de venta, la patronal se niega a cumplir con tal compromiso.

En el juego de la oferta y la demanda también hay ganadores. Uno de los principales hipermercados de la ciudad no solo mantuvo su nivel de ventas, sino que además se lució en otra faceta: la del e-commerce. Si bien las cadenas que comercializan alimentos estuvieron exceptuadas del aislamiento, muchas personas optaron por hacer sus compras en forma virtual. Así multiplicaron las ventas a través de ese servicio, que al igual que el delivery resultaron para algunos la forma más práctica y eficaz de acceder a determinados productos sin tener que salir de casa. Dicha firma pasó de 70 a 350 envíos por día, solo en la ciudad de Paraná, lo que da cuenta de la importancia de la mencionada estrategia comercial. Tan solo una muestra de los que más ganaron durante el aislamiento.

Lo que queda del año no parece despertar muchas expectativas para los jugadores más pequeños del mercado, ni siquiera la cercanía del Día del Padre. La gran mayoría enfrenta el dilema de seguir con respirador artificial, o elegir la opción más dolorosa, que es tirar la toalla dejando de lado sus proyectos de toda una vida.

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