Jueves 30 de Septiembre de 2021
El trabajo periodístico en Entre Ríos se ha precarizado en los últimos años, y la tendencia se profundiza con el silencio de los sucesivos gobiernos porque son quienes se favorecen con menos periodistas en las calles haciendo su trabajo. Una profunda, amplia y federal investigación del Foro de Periodismo Argentino (Fopea) publicada ayer llamada “Situación del periodismo local en Argentina”, arrojó como conclusión el título con el cual se presentó: la precariedad acorrala a periodistas profesionales.
El cambio en el orden de los medios de comunicación desde la irrupción informativa digital ha sido devastador para una profesión que durante décadas ejerció su rol en la sociedad: informar, denunciar y poner en discusión problemáticas que se mantenían ocultas, enfrentando al poder y visibilizando a los sectores sociales vulnerables.
Los 27 investigadores encuestaron a 2.464 medios de comunicación en todo el país, y las principales conclusiones fueron:
* “Casi siete de cada 10 medios de comunicación locales carecen de periodistas en relación de dependencia”.
* “Un tercio de los medios prefiere no especificar qué tipo de relaciones laborales mantiene con los periodistas”.
* “El monotributo, el cuentapropismo y el trabajo remunerado con comisiones de publicidad o la venta de espacios se presentan como opciones frecuentes de vinculación entre los periodistas y sus instituciones”.
Claro está que ni Eduardo Feinmann ni el Gato Silvestre están en esta situación
El panorama en Entre Ríos está entre los peores del país: es la quinta provincia con menos empleo periodístico en relación de dependencia: sólo el 25%.
En nuestra provincia hubo 104 medios encuestados y 463 periodistas detectados. La principal forma laboral es el monotributo, con un 38,5%; seguido por otro modo de explotación que es el trabajo a comisión o por venta de publicidad, con un 18,3%. Luego, se ubica el cuentapropismo (12,5%), el ítem “otras formas de relación” (8,7%), contrato limitado (3,8%), pasantía (1,9%) y en empleo no registrado está el 1%.
Los autores de la investigación aclaran que “otras formas de relación” es “una categoría indefinida y atípica en la que podrían haber recalado las organizaciones que, por temor, prefirieron no dejar a la vista situaciones informales”. En igual sentido se interpreta el bajo nivel de trabajo en negro.
Es necesario remarcar que hay muchos medios pequeños, sobre todo en el interior de la provincia, en una situación económicamente endeble que impediría a sus dueños tomar personal en relación de dependencia. Pero también hay muchos periodistas que trabajan en condiciones tremendamente precarizadas para dos o tres personajes muy conocidos que a través de un sitio web, una radio o una productora de contenidos se han enriquecido de manera fabulosa desde al menos la última década, sin siquiera algún control esporádico por parte de la Secretaría de Trabajo de la Provincia.
No es el “modelo de negocio” (palabras que escuchamos hablar hasta el hartazgo en los últimos años) el responsable del desfinanciamiento de medios que ha impactado en la situación laboral de periodistas, sino la concentración del negocio, no sólo en menos sectores, sino principalmente en la Capital Federal. La semana pasada se conoció que el gobierno nacional de Alberto Fernández va destinando este año 7.500 millones de pesos en publicidad oficial (el año pasado en total fueron unos 4.700 millones). La inmensa masa de ese dinero termina en los bolsillos de medios que se alcanzan a contar con una mano, con domicilio en la ciudad de Buenos Aires. Pura y exclusiva decisión de un presidente que dice ser “el más federal de los porteños”, aunque en este aspecto haga todo lo contrario.
Del otro lado la oposición, envalentonada con el resultado electoral, está proponiendo leyes laborales más flexibilizadoras, que afectarían a todos los trabajadores de Argentina y para los periodistas en particular serían la estocada final.
Para quienes tenemos hoy la suerte de trabajar “en blanco”, es un deber denunciar esta situación y reclamar que se atienda a aquellos que viven en la inestabilidad laboral, con un futuro incierto. Porque con periodistas precarizados, la democracia está precarizada.