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Elecciones: el FMI, ¿el gran ganador?

Pasaron las elecciones y el acuerdo con el FMI copó la agenda política. El discurso del Gobierno pretende satisfacer, a la vez, al Fondo y al pueblo argentino.

Domingo 21 de Noviembre de 2021

Pasado el frenesí de los últimas días de campaña electoral y de los comicios legislativos propiamente dichos del domingo 14, el panorama político nacional ingresó en una nueva etapa, con un tablero de juego aún por precisarse y lleno de negociaciones en ambos bandos mayoritarios en la puja legislativa: el Frente de Todos y Juntos. Superada la algarabía del sufragio dominguero, los bocas de urna y los actos nocturnos en los búnkers de cada lista, los escrutinios de votos -en especial el definitivo, concretado a mediados de la semana pasada- dejaron sabor a poco en las mesas de mando de ambas alianzas, que ahora se dedican a reacomodarse tras el test de las elecciones.

En el macrismo-radicalismo se aguaron bastante las expectativas que se habían creado para el 14-N. Esperaban agrandar mucho más la diferencia de 10 puntos sobre el oficialismo que habían obtenido en las PASO de septiembre y dejar un gobierno herido en forma terminal y con minoría legislativa en el Congreso. La ex funcionaria porteña, luego gobernadora bonaerense y ahora nuevamente diputada electa por CABA, María Eugenia Vidal, animaba la aventura de quitarle al peronismo la presidencia de la Cámara de Diputados, dejando el tercer lugar de la línea sucesoria de mando en manos opositoras. Juntos no midió la remontada oficialista y triunfó por nueve puntos, menos que en las Primarias. De todas formas, la victoria fue importante, al dejar sin quórum propio al gobierno en el Senado y quedar a dos bancas del empate en Diputados.

El resultado hace difícil de comprender y deja casi en ridículo la actitud de primeras líneas del Frente de Todos, como el propio presidente Alberto Fernández, que festejaron la derrota y la disfrazaron de un empate técnico o, directamente, la tergiversaron como un éxito propio. Aforismos como el del presidente en el Día de la Militancia peronista -”el triunfo no es vencer sino nunca darse por vencido”- quedan reducidas a una arenga a la tropa para evitar un desbande mayor que el evidenciado en las urnas.

El Frente de Todos perdió cinco millones de votos de los que erigieron a Fernández como Jefe de Estado en 2019. Juntos cayó en un millón en la misma comparación. Además, hubo tres millones menos de votantes que hace dos años y las elecciones de 2021 fueron las menos concurridas desde el regreso de la democracia en 1983. Otras muestras del rechazo a los platos del menú político “tradicional” son el crecimiento, en relación a 2019, de los votos a la izquierda -el FIT-Unidad sumó 850.000- y las fuerzas de derecha -libertarios y conservadores unidos agregaron casi 300.000 boletas.

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Elecciones: el FMI, ¿el gran ganador?

Elecciones: el FMI, ¿el gran ganador?

Pasadas las elecciones y sin que nadie lo elija, el actor de la política nacional que exhibe más poder es el Fondo Monetario Internacional. A tal punto, que la misma noche del comicio el presidente anunció que en la primera semana de diciembre enviará al Congreso el “Programa económico plurianual para el desarrollo sustentable”, que, según el Jefe de Estado, “contemplará los mejores entendimientos que nuestro gobierno haya alcanzado con el staff del FMI”. El país debería pagarle al organismo financiero 19.000 millones de dólares, cada año, en 2022 y 2023, según los términos del préstamo impagable que tomó el gobierno de Cambiemos en 2018. Cancelar esos montos como los asumió en su momento Mauricio Macri es impensable, aunque la gestión del FdT presentará su plan para pagar. Mientras tanto, al momento de presentar en diciembre a los legisladores y al pueblo el “Plan Plurianual”, el gobierno peronista habrá pagado, a lo largo de 2021, 5.500 millones de dólares al FMI, del crédito usurario que contrajo Macri. El mismo endeudamiento que, según dijo el propio Alberto Fernández en la Asamblea Legislativa, merecía una “querella criminal por malversación de caudales”.

Lejos de aquellas premisas y de las que sonaron durante la reciente campaña electoral en actos oficialistas con fuertes críticas al FMI, el gobierno nacional trabaja 24/7 en un plan de pago que deje conformes, a la vez, al Fondo y al pueblo argentina. En la noche del 14-N, Alberto Fernández prometió hacerlo “sin renunciar a los principios de crecimiento económico e inclusión social” y con una gestión que “atienda las prioridades y resuelva los problemas reales de la vida cotidiana”. En principio, parece difícil satisfacer a un burocrático ‘staff’ que dejó con crisis económicas terminales a los países que endeudó y, a la vez, a los millones de argentinos que (sobre)viven de sueldos, asistencias estatales o jubilaciones fagocitadas mes a mes por la inflación.

Será interesante conocer si el plan de pagos prioriza recortes como los que pide el FMI en obra pública, tarifas e inversión pública en general, o las necesidades del pueblo argentino. Como señal de rumbo, el resultado de las elecciones mostró que el ajuste al que viene sometida la mayoría de la población trabajadora no cuenta con respaldo social. Habrá que probar otras “recetas” de las que nos trajeron hasta acá. Quizás, si el gobierno se anima, como hizo (muy tarde) con los precios de alimentos y remedios, encuentra más apoyo que el que tuvo en las urnas.

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