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Fake news

El juego peligroso de las fake news

Las fake news y las operaciones de desinformación no son una novedad, pero en el contexto singular de la pandemia tienen efectos todavía más dañinos.

Lunes 26 de Abril de 2021

Los especialistas en políticas de comunicación recomiendan diferenciar las fakes news (noticias falsas) de las operaciones de desinformación. A diferencia de las primeras, las segundas son parte de una acción deliberada con un fin determinado. Las noticias falsas, por el contrario, se parecen más al rumor; son un fenómeno que se materializa con la acción de reproducir información no verificada, especialmente por redes sociales y a través de dispositivos móviles.

Aunque su auge es una consecuencia de la revolución tecnológica que digitalizó los canales de difusión de información, y con eso la volvió más veloz y global, las fake news no son algo novedoso. La historia argentina y universal está repleta de episodios en que la mentira atravesó los tiempos simulando ser verdad, como los paraguas del 25 de Mayo de 1810.

Las campañas intencionales de desinformación son aquellas que alguien planificó para convencer a un grupo de personas de que algo –una versión de la realidad– era cierto, a sabiendas de que no lo era. En las jergas periodística y política se conoce como “operaciones” a una práctica que consiste en instalar un tema por algún interés determinado o incluso una mirada particular sobre ese tema o hasta también divulgar algo que no se ajusta a la realidad para beneficiar a alguien o perjudicar a otro. Esto tampoco es una novedad y existe desde mucho antes que Internet.

Un ejemplo ocurrió en Entre Ríos hace 21 años, en abril de 2000. Dos medios de Buenos Aires, Crónica TV y Radio 10, transmitieron en vivo lo que presentaron como un levantamiento armado en una supuesta zona selvática cerca de Concordia. Todo el mundo en esa ciudad entrerriana sabía que se trataba de una farsa, sabía que la “selva” era el parque San Carlos y que quienes aparecían frente a cámara con los rostros cubiertos por pasamontañas no eran guerrilleros, sino personajes conocidos por sus protestas –algunas de ellas no convencionales– en reclamo de trabajo y comida, que por alguna razón se prestaron a ese juego mediático. Es lógico pensar que quienes pusieron eso al aire no ignoraban esto, pero siguieron adelante. El rating era más importante que atemorizar a la población con una noticia falsa. También resultó perjudicado el gobierno de entonces, nefasto, pero electo democráticamente.

En el contexto singular de la pandemia este tipo de acciones –en Argentina y en el mundo– tienen efectos todavía más dañinos. Se pueden trazar especulaciones más o menos acertadas sobre los objetivos que persiguen quienes las llevan adelante; pero lo que es innegable es, por un lado, que se trata efectivamente de falsedades, y por el otro, que sus consecuencias son graves. Desde que comenzó la pandemia se han puesto a circular discursos que afirmaban que el virus no existe, que la inmunidad de rebaño terminaría con el coronavirus en poco tiempo, que la vacuna Sputnik V era veneno, que el dióxido de cloro servía para prevenir o tratar el Covid-19; que las redes 5g propagan la enfermedad y tantos otros ejemplos de lo que la Organización Mundial de la Salud ha dado en llamar “infodemia”.

En Argentina esto tiene además un fuerte condimento político, a punto tal de que el presidente Alberto Fernández fue denunciado por “envenenamiento” por la oposición. Además, muchas de sus frases confusas, imprecisiones y errores políticos y de comunicación son aprovechados para echar a andar múltiples versiones con el fin de socavar su legitimidad de gobernante. De su mensaje televisivo del 14 de abril surgieron dos operaciones de desinformación. Una fue por su desacertada alusión a que “el sistema de salud se relajó”. Si es necesario salir a aclarar una frase, como ocurrió, eso significa que no se usaron las palabras correctas. De todos modos, era evidente que no había una intención de ofender al personal de salud en medio de una pandemia. La otra operación se armó sobre lo que dijo sobre los militares que colaborarían con acciones sanitarias. Se intentó instalar que los tanques saldrían a la calle. Una mentira grande como una casa. La grieta, está visto, favorece estos juegos peligrosos.

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