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El caso Marcelo Cabeza: Ficciones y realidades

Los crímenes atroces como el de Marcelo Cabeza, que superan a la ficción, demandan respuestas que aborden el problema en su total complejidad.

Sábado 06 de Febrero de 2021

¿La ficción se basa en la realidad o la realidad se copia de la ficción? La ficción toma elementos de la realidad y los combina con exageraciones, estereotipos, simplificaciones y demás recursos que permitan contar una historia entretenida y cautivante en las dos horas que suele durar una película o la infinidad de capítulos y temporadas que puede tener una serie. Pero al mismo tiempo, la realidad se copia de la ficción y el día menos pensado, acontecimientos propios del cine pueden volverse palpables y concretos.

En las películas de gangsters o en cualquier serie de acción en que abundan los tiros y la sangre, las vidas no valen nada, salvo la del protagonista, que nunca muere. Hay allí un simulacro del horror, de la frialdad para asesinar o para hacer estallar autos o edificios o para imponer las reglas de la venganza, del odio y de la violencia. Es un simulacro porque, obviamente, no está ocurriendo eso en la vida real, sino en la pantalla.

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Cuando vemos esas producciones, por más compenetrados que estemos con la historia, la soportamos porque sabemos que es verosímil (a veces no tanto), pero no es verdad. Pero qué pasa cuando algo con ese nivel de violencia ocurre aquí nomás, a la vuelta de la esquina, o en calle Virrey Vértiz o en cualquier calle real y concreta de Paraná. El crimen de Marcelo Cabeza –como el triple homicidio del 15 de noviembre o como los femicidios que revelan un odio de género atroz que persiste en nuestra sociedad– podría ser una escena de un guion que busca impacto y rating. Pero no lo es. Entonces, deberíamos no soportarlo, condenarlo y, especialmente, evitar este tipo de hechos.

Cuando la realidad copia o supera a la ficción, sucede que los autores de crímenes terribles podrían ser dos ayudantes de albañiles, de poco más de 20 años, con rostros juveniles, como se pudo ver en la audiencia en la que se trató la prisión preventiva de los acusados por el crimen del chofer del Ministerio de Salud.

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Los acusados por el atroz crimen de Marcelo Cabeza.

Los acusados por el atroz crimen de Marcelo Cabeza.

El horror que expresan esas escenas –en las que no hay pantalla alguna como frontera entre lo imaginario y lo concreto– tiene sus explicaciones. En el cine de género parece surgir como generación espontánea, pero aquí y ahora pueden buscarse las causas. Puede recurrirse a investigaciones, teorías, expertos que pasan su vida estudiando cómo es posible que semejante nivel de maldad tenga existencia.

Los factores que se ocultan detrás de un hecho macabro son múltiples. Algunas de las razones se pueden encontrar en la violencia social, en la desigualdad, en el consumo problemático de las drogas legales e ilegales, en la falta de herramientas para resolver conflictos entre vecinos, familiares o clientes por vía pacífica; en la falta de recursos materiales y simbólicos para que las fuerzas de seguridad hagan prevención efectiva; en el machismo y el patriarcado; en el negocio de las armas, en el negocio del narcotráfico, en el negocio del delito en general; en errores, insuficiencias y complicidades del poder político. La lista sigue y quien lee puede seguir agregando causalidades.

Si las razones son conocidas, sería lógico pensar que se pueden trazar políticas para abordarlas en su total complejidad, con equipos interdisciplinarios y con perspectivas que necesariamente tienen que ser superadoras de la mirada policial. Porque para el horror real, las respuestas no pueden ser ficciones.

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