Martes 22 de Septiembre de 2020
Este miércoles llega a Paraná el presidente Alberto Fernández en una visita oficial e institucional que debe ser bienvenida. Anuncios se podrán esperar, pero no de un impacto que permitan avanzar en cambios para la provincia o el país, sencillamente porque la pandemia de coronavirus golpeó de lleno .
Es bueno ver con el paso del tiempo, que los prejuicios no son buenos consejeros para nadie, en especial para los políticos y los gobernantes.
Hubo una maldita grieta creada por los especialistas de los ismos en la Argentina, los que quisieron imponer el absurdo que se debía priorizar sí o sí, cerrando los ojos sin siquiera preguntar. Se avanzó con la idea de priorizar la salud, que en parte era correcto, pero a costa de sacrificar la economía con los ciudadanos dentro del país. No se podían analizar pautas para ayudar a la comunidad con medidas económicas serías, profundas, consensuadas, y no caer en los parches por todos conocido.
Era sabido, que salud y economía debían ir a la par, para no solamente salvar a los muertos del coronavirus, sino también para evitar la muerte de comercios, pymes, puestos de trabajo. Con la cuarentena hubo muchos fallecidos y crecimiento de la desocupación.
Pasaron seis meses de cuarentena, y se debieron habilitar en el país, actividades económicas en el momento con más muertos y más contagiados. Esto pasó porque no hubo planificación.
El país no solo que estaba paralizado por el covid, sino también por la falta de ideas para que distintos sectores pudieran convivir con el virus, hasta tanto apareciera la bendita vacuna.
En el tire y afloje, los funcionarios del gobierno de científicos que vinieron para remediar a los CEO del anterior gobierno, cometieron los mismos errores. Se encerraron en sus propias torpezas. Las autoridades, muchas estuvieron en las gestiones de los Kirchner y ahora ocupan cargos estratégicos, erraron en los diagnósticos y cayeron en lo peor que le puede pasar a un político: dejaron de ser creíbles, perdieron la palabra, lo que llevó a que hoy con 10 meses de administración, perdieran la confianza. ¿Alcanza decir hoy que este presente es producto de la herencia de Mauricio Macri?
¿Como se sale de esto?, ¿sacando jueces que investigaron la corrupción k?, ¿intentando adueñarse de empresas privadas?, ¿confrontando todo el tiempo?, ¿castigando a la clase media, paralizando la economía y corriendo a las empresas? Seguro que no.
Hoy en el país, según parece para nuestros gobernantes, tener un ahorro es un delito y el que tiene una ganancia debe dar más explicaciones que el que roba o usurpa un terreno.
El martes, no fue un día más en la Argentina, el Indec informó que en el Producto Bruto Interno (PBI) retrocedió un histórico 19,1%. Es una caída sin precedentes, superior al -16,3% interanual registrado en el primer trimestre de la crisis de 2002.
Es decir que si tomamos los números oficiales del Gobierno, que dijo que pensaba en un crecimiento del 5% anual, se necesitarán –si todo va bien y se alinean los planetas– cómo mínimo cuatro años para llegar a la situación de julio de 2019 (que dicho sea de paso, era mala).
En este marco, debería el gobierno nacional tomar nota y tratar de convocar a los sectores económicos, empresarios, políticos, religiosos, movimientos sociales y gremios y tratar de buscar un gran acuerdo nacional.
Los problemas en el país se ve que son graves y deben ser enfrentados con un programa que tenga consenso. Seguir con la agenda caprichosa y miope de algún sector extremista del gobierno llevará a empeorar aún más este presente sin futuro, y que deja como realidad un país en crisis.
La Argentina tiene estos problemas desde hace años, y lo peor es que nuestros gobernantes creen que el camino es con las clásicas acciones que fracasaron en el pasado reciente.
El único que genera empleo, recursos frescos, dólares, es el sector privado, empresario, las pymes, por lo que todo el esfuerzo del Gobierno debería estar dirigido a esos sectores para que enciendan la economía y se pueda iniciar el tan ansiado proceso de recuperación, pero con un plan.