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Manifestaciones de odio e incitación a la violencia se multiplican en la agenda informativa, que son expresión de lo que pasa en el mundo, pero no la realidad

Viernes 11 de Septiembre de 2020

Las manifestaciones de odio y la incitación a la violencia se multiplican en la agenda informativa, que son una expresión de lo que pasa en el mundo real, pero no la realidad en sí. De todos modos, esas expresiones son tan impresionantes que vale la pena preocuparse y buscar alguna explicación.

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Las manifestaciones de odio y la incitación a la violencia se multiplican en la agenda informativa, que son una expresión de lo que pasa en el mundo real, pero no la realidad en sí

Las manifestaciones de odio y la incitación a la violencia se multiplican en la agenda informativa, que son una expresión de lo que pasa en el mundo real, pero no la realidad en sí

En las marchas anticuarentena, principalmente en las que se realizan en Buenos Aires, se observan episodios de ese tipo. Las palabras de quienes se manifiestan están muchas veces cargadas de odio y no hay en sus discursos posibilidad alguna de diálogo ni disenso; anulan al oponente, al cargarlo de un sentido negativo y responsabilizarlo de todos los males. No es el caso de las protestas de los trabajadores y pequeños empresarios que salen a exigir su derecho a no fundirse debido a las restricciones tomadas para prevenir el avance del virus; sino de quienes tienen un posicionamiento ideológico, de quienes militan contra el Gobierno, independientemente de las medidas que adopte.

Lo mismo se vio en las puertas del country donde debían llevar al empresario Lázaro Báez a cumplir el beneficio de la prisión domiciliaria. Vecinos y vecinas de ese barrio privado impidieron ingresar al móvil que trasladaba al preso y expresaron su bronca contra el gobierno peronista-kirchnerista, aunque la decisiones sobre dónde debe estar detenido alguien –como todos saben– las toma el Poder Judicial.

Numerosos efectivos de la Policía Bonaerense se apostaron en distintos puntos de la provincia de Buenos Aires para reclamar salarios dignos y mejores condiciones de trabajo. Después del personal de salud, son quienes más se exponen al virus en su tarea cotidiana y las remuneraciones no reconocían ni por asomo esa situación. Pero la forma en que decidieron manifestarse fue con los patrulleros y las armas del Estado. Rodearon así la residencia del gobernador y la Quinta de Olivos. La violencia simbólica de esa situación es equiparable a la gravedad institucional de la sublevación. Protestas similares hubo durante el gobierno de Cristina Fernández y en Entre Ríos durante la gestión de Sergio Urribarri. Durante el período en que Mauricio Macri estuvo al frente de la Presidencia, con sueldos igual de bajos, reinó la calma.

Ryszard Kapuscinski, un periodista polaco fallecido en 2007, escribió algo que puede servir para explicar esto. Durante muchos años él trabajó como corresponsal en África. Cubrió revoluciones, golpes de Estado, genocidios como el de Ruanda, se contagió de malaria, convivió con las poblaciones donde azotaba la hambruna. En una de las crónicas de su libro Ébano, relata que en ese continente muchos clanes o tribus adjudican la causa de sus desgracias a las brujerías de otros clanes o tribus.

“El mal es la maldición del mundo y por eso a los brujos, que son sus agentes, portadores y propagadores, los tengo que mantener lo más lejos posible de mi persona y de mi clan, pues su presencia envenena el aire, siembra la peste y hace que la vida se vuelva imposible, que se convierta en su contrario, la muerte”, escribió el cronista. “Si ha fallecido algún allegado, se ha quemado la casa, se me ha muerto la vaca y yo yazgo sin sentido, tumbado por un ataque de malaria, ya sé lo que ha pasado: alguien me echó mal de ojo”, continuó en el capítulo “Los negros cristales de la noche”.

El brujo en cuestión –explicaba Kapuscinski– vive por definición en otra aldea, en otro clan o tribu. De esta superstición ancestral, que heredaron de sus antepasados, deriva el recelo permanente hacia el diferente, el extraño, el otro, que él observó en sus viajes por el continente africano.

Es una buena forma de entender lo que ocurre en nuestro país con esto que hace unos años llamamos “grieta”. La causa de las desgracias de nuestro clan, está siempre en el clan al que nos enfrentamos. Y esto deviene en el odio a un punto tan extremo que es posible amenazar de muerte a una vicepresidenta, públicamente, por una red social. Y que eso sea festejado y defendido por muchos. A esa vicepresidenta que ocupa el lugar de la hechicera de la otra aldea.

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