Miércoles 31 de Julio de 2019
A una semana y pico de volver al cuarto oscuro, esta vez para elegir a la máxima autoridad del país, los bravos muchachitos que corretean por la selva del Internet están como "sacados". Apuntalados por viejas momias de lo que alguna vez llamaron periodismo. Juntos, en una asombrosa y tierna hermandad de “vejetes y purretes”, vienen alimentando una campaña para asustar a doña Rosa y sus republicanos.
Se viene el zurdaje otra vez, con un marxista en el distrito mayor y la corruptela de siempre detrás de esa yegua. Así están los chicos y vejetes. Peleando a teclado y micrófono partido el voto a voto contra la realidad que se les ríe en su cara, con esa sonrisa triste de la necesidad.
Hordas de pequeñas y grandes falsedades inundan las rutas virtuales, radiales, televisivas y las de papel. Señores que guerrearon en los 70 en Tucumán, codo a codo con el asesino Menéndez, hoy son lobitos feroces que se transforman en dulces niñas cuando se los apura con una repregunta o lloriquean con simples respuestas. La campaña presidencial va de un lado a otro. Con candidatos asombrosos. Único país en el mundo donde un declarado antisemita puede tener su boleta en el cuarto oscuro, o cierto “progresismo” publicitar con fe los valores de un patrón de estancia salteño. De locos.
Pero los arcaicos que fogonean detrás son los que preocupan. Regresaron, rápidamente es cierto porque necesitaron solo cuatro años, lo que me permite sospechar que nunca se fueron. Están sacados mal. Nos acorralan en base a urgencias, al día a día, a pelear por una diaria que nos remite a finales de los 80 y los 90 completos. Otra vez vemos pibes al costado de la ruta, casi sin esperanzas, sumidos en una ficción virtual que regala vituallas y baratijas momentáneas, mientras enfrente, estos bravos muchachitos, cafiolos de papá y mamá, consumen vidas y lujos en 5G, a velocidad de millones de gigabytes por segundo. Abren cuentas en redes virtuales con la misma rapidez con la que bajan persianas de fábricas y pymes o van corriendo, metro a metro, límites de derechos ganados tras años de lucha.
Estos tipos, desalmados, piensan en términos de un futuro solo a base de dinero, de moneda. Acumulación de poder sin compasión, con urgencias del use y tire. Tipos que ignoran sentimientos, le escapan al placer de la empatía con el otro, del compartir. Miserables en busca de una posición que les es dada de momento, casi efímera, pero cuyos resultados repercuten en la tristeza de los que poco tienen. Intentaron, en estos cuatro putos años, robarnos el humor, la alegría de reírnos de su poder pasajero, de sus costumbres de otros suelos. No pudieron, a pesar de la miseria a la que nos arrastraron.
Los jóvenes están otra vez en las calles. No por la esperanza. Ya no creen, ellos y ellas, en esa palabra que vaciaron estos tipos. Ellos y ellas vienen para sacarlos de donde están y para subir otra vez. Con las mujeres en las calles, con los pibes pateando los barrios y con algunos viejos sonriendo, recordando al viejo querido, el que cumplió 100 años y nos marcó cómo vencer a la nevada mortal, que escribió “el héroe verdadero es un héroe colectivo”. Y ese colectivo, de todos y todas los que sufren a estos insensibles, está por salir a la ruta otra vez.