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Aislados del mundo

Los discursos que pregonan "integrarnos al mundo", paradójicamente, están aislados del mundo. Dicen que las restricciones son "un fracaso" solo en Argentina.

Jueves 22 de Abril de 2021

La Organización Mundial de la Salud advirtió que se acerca al peor momento de la pandemia en cuanto a cantidad de contagios de coronavirus. Su director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, dijo que el mundo "se está acercando a la tasa de infección por Covid-19 más alta hasta ahora” y que “el número de nuevos casos por semana casi se ha duplicado en los últimos dos meses". El vaticinio coincide con la curva mundial de infecciones.

Una de las fuentes más avaladas es la Universidad John Hopkins, de Estados Unidos. En su página web (coronavirus.jhu.edu/map) se ve una curva en ascenso sostenida que se acerca al mayor pico mundial registrado hasta el momento. El anterior fue a comienzos de año. El 7 de enero hubo 880.837 contagios en todo el planeta. Anteayer, 20 de abril, 847.824.

Subrayo que nos asomaríamos al peor momento “en contagios”, pero otras cuestiones dan ánimo y hasta cierta esperanza. El avance de la vacunación –con todos sus defectos y su desigualdad entre países ricos y pobres- es una de ellas, y el del conocimiento es otra. La experiencia de los profesionales de la salud acumulada en el último año de tratamientos a pacientes con Covid-19 permite salvar muchas más vidas que antes y reducir los daños del virus en el cuerpo.

Hace pocas semanas Europa atravesó su tercera ola de coronavirus y los países aplicaron restricciones. Algunas medidas están flexibilizándose en los últimos días; otras persisten y continuarían hasta mayo.

Alemania tuvo las escuelas cerradas durante meses y volvió a la educación no presencial; sólo abrían comercios considerados esenciales; y tuvo prohibidos los encuentros en lugares de cerrados de más de cinco personas.

Austria aplicó cuarentenas en algunas ciudades durante Semana Santa.

Bélgica cerró escuelas y universidades a fines de marzo. Los encuentros al aire libre no pueden ser de más de cuatro personas.

Francia va por su tercer confinamiento nacional durante todo abril, con cierre de escuelas, disminución de la circulación interna y restricciones a comercios.

Polonia tuvo cerrados durante semanas los centros comerciales, gimnasios, y establecimientos considerados no esenciales.

En Suecia los restaurantes y locales gastronómicos no pueden abrir después de las 20.30 horas hasta el 3 de mayo.

Las restricciones no fueron sólo europeas. En Canadá hubo cierre de escuelas, teatros y gimnasios. Solamente los negocios definidos como esenciales mantuvieron sus permisos.

Latinoamérica está sintiendo su segunda ola de Covid, que, como ocurrió antes, llega un poco después que en Europa.

Hace dos semanas Bogotá estuvo en cuarentena total por cinco días para aliviar al sistema de salud público. Además, en todo el país hay restricciones para el acceso a lugares como supermercados y bancos, y toques de queda nocturnos en las grandes ciudades.

Ecuador decretó el estado de excepción por 30 días en algunas provincias y ordenó un toque de queda de 20 a 5.

Chile viene de una cuarentena total para el 70% de su población, que tiene permiso para salir dos veces por semana a comprar provisiones. El gobierno impuso una lista de productos “esenciales” que pueden adquirirse y generó repudio, ya que los permisos incluían, por ejemplo, bebidas alcohólicas, pero no productos e insumos básicos de salud.

Uruguay suspendió a partir de marzo, y hasta que se reduzca la alta tasa de contagios que viene teniendo, la asistencia obligatoria a clases. También prohibió todo tipo de eventos sociales, espectáculos públicos y la concurrencia a gimnasios, entre otros rubros.

Las medidas de la Argentina ya las conocemos. También que el país registra los mayores índices de casos de Covid hasta el momento y que el sistema de salud puede colapsar si no bajan los contagios.

Hace un tiempo que ciertos discursos políticos y mediáticos dejaron de comparar a la Argentina con países que consideran modelos, “países en serio”. Insisten en que cualquier medida que restrinja la circulación pública es evidencia del “fracaso” de la gestión de la pandemia, solamente en la Argentina. Esos discursos, que suelen pregonar “integrarnos al mundo”, paradójicamente, están momentáneamente aislados del mundo.

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