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Ahora sí salgamos mejores

En 2020 circulaba la frase "vamos a salir mejores". Es imprescindible revisar cómo enfrentar este peor momento de la pandemia a la luz de lo que ya vivimos. 

Domingo 23 de Mayo de 2021

Pandemia. Finalmente, la sensación de déjà vú dio paso a la vivencia concreta: el país ingresó otra vez a un confinamiento como el que inició en marzo de 2020. Esperemos que esta vez no sea tan extenso como el del año pasado. Las curvas de casos positivos, ocupación de camas de terapia intensiva y fallecimientos no pararon de crecer durante el último mes; las nuevas cepas del coronavirus (Manaos y Reino Unido) campean a sus anchas por todo el país; y el inminente colapso del sistema sanitario forzó a una nueva cuarentena.

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Hay revisar cómo enfrentar este peor momento de la pandemia a la luz de lo que ya vivimos. 

Hay revisar cómo enfrentar este peor momento de la pandemia a la luz de lo que ya vivimos.

Ese colapso (falta de recursos materiales y humanos para atender pacientes) ya se empezaba a registrar, días atrás, en algunos lugares de la Argentina, desde la patagónica Neuquén hasta sitios más cercanos como algunas localidades de la provincia de Santa Fe.

En Entre Ríos, por nuestra parte, había signos insoslayables que indicaban el límite de la situación sanitaria. Hospitales departamentales se quedaban sin camas para internar a los pacientes de Covid que las requerían y debían esperar durante horas a que se les habilite una Unidad de Terapia Intensiva en los efectores de referencia provincial. Ayer, primer día del nuevo confinamiento, en Paraná quedaban ocho camas UTI desocupadas de un total de 87: la ciudad está al 90% de ocupación y la región sanitaria 1 (departamentos Paraná, Nogoyá, Diamante, y Victoria) al 85%. En la región sanitaria 2 (Concordia, Villaguay, Federal, San Salvador y Federación) quedaban 14 de 58 (75%); en la región 3 (Uruguay, Colón y Tala) quedaban seis de 42 (85%) y en la región 4 (Islas, Gualeguaychú y Gualeguay) había libres 11 de 43 75%).

Vale decir que es injusto evaluar el riesgo de colapso sanitario solamente desde la cantidad de camas UTI disponibles. Esto deja afuera al personal de salud, que trabaja sin descanso desde hace un año y tres meses, con infinidad de horas extras, poniendo en riesgo su vida todo el tiempo y, encima, mal pago, con salarios de no pocos sectores del escalafón por debajo de la línea de la pobreza y sin respuestas oficiales a su pedido de paritarias sectoriales en la provincia.

Cuando empezábamos la cuarentena 2020 circulaba mucho la frase “vamos a salir mejores”. La expresión de deseo y ánimo se instalaba en momentos de gran consenso social sobre las restricciones para evitar la propagación del Covid, con respeto de las medidas, aplausos diarios y agradecimiento para el personal de salud y dirigencia política unida para afrontar el momento histórico sin precedentes que podía venir. El panorama que sobrevino, y que aún perdura, no puede ser más contrapuesto.

Es imprescindible revisar cómo enfrentar este peor momento de la pandemia y lo que puede seguir, a la luz de lo que ya vivimos. Para empezar, en lo que cada uno hace o no para cuidar la salud: la propia, la de quienes tenemos cerca y la salud colectiva. Porque así como sobran ejemplos de solidaridad y cuidado común, también hay muestras de actitudes y conductas que ponen en duda aquel eslogan de cómo saldremos de esta.

Y, luego, en la exigencia a la dirigencia política de que esté a la altura de las circunstancias, como no lo ha estado hasta ahora. A la oposición extrema: que deje de lucrar políticamente con el malestar y la incertidumbre que genera una pandemia en la sociedad. El hecho de que hasta ahora las fuerzas de referencia en la oposición no hayan convocado a “banderazos” contra las nuevas restricciones es una buena señal. Ojalá no haya sido sólo por el mal clima que se anunciaba y que se instaló durante el fin de semana. Y en todo caso, si los hay, que queden para sectores marginales.

Al Gobierno: que tome las medidas necesarias para evitar que se agrave la catástrofe sanitaria, pero también para que no empeore el desastre económico. El aumento de la pobreza y el desempleo que vive la Argentina por la pandemia evidencia que el Frente de Todos se quedó corto con las políticas para que a la crisis no la paguen las clases media y baja.

El anuncio del nuevo confinamiento incluyó un paquete de asistencia económica para los sectores que serán impedidos de trabajar, desde aumentos de asignaciones hasta ayuda para salarios de pymes. El auxilio, por 480.000 millones de pesos, será financiado con lo recaudado con el Impuesto a las Grandes Fortunas. Es la buena señal por el lado del oficialismo. Pero hará falta mucho más desde el Estado para que la segunda ola de Covid no profundice el daño social y económico que generó la primera, y más aún para rescatar a los que pagaron hasta ahora los costos.

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