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Afloró la esencia

Domingo 22 de Marzo de 2020

En este gran hermano familiar donde la montaña rusa de emociones no para e invita a subirse todo el tiempo, aflora en cada uno la esencia que muchas veces se enmascara. A una semana de la suspensión de las clases y a cuatro días de la cuarentena obligatoria se ha visto y escuchado mucho sobre la miseria humana. Da la sensación de que no hay miedo de morir por falta de aire en una cama de hospital, pero sí por falta de comida en casa.

Los tildaron de imbéciles, irresponsables e hijos de puta, pero se subieron a los autos y salieron a la ruta. Y la clara evidencia fue la costa Atlántica por la transmisión en vivo que hizo la televisión. Pero quienes tuvieron que salir a distribuir alimentos y tomaron por ejemplo la ruta a Diamante vieron cómo con termo y mate los entrerrianos buscaban su costa.

Todos quieren tener razón y se excusan en la tonta y repetida frase: “estoy bien”.

Afloró la esencia en cada uno de los que volvieron del exterior y se negaban a realizar cuarentena porque el país del que volvían tenía pocos casos y no figuraba en la lista. En quienes se sintieron ofendidos porque fueron obligados a firmar una hoja que decía Declaración Jurada como si fueran delicuentes. Ellos que recorren el mundo eran culpables de propagar un virus, “pero por favor”. Por eso 30.000 argentinos dejaron el país entre el 12 y 19 de marzo y después, cuando regresen, habrá que perseguirlos como a los chicos para saber si son asintomáticos, poseen el virus y activar el protocolo de aislamiento para familiares y amigos.

Se enojaron con el chino del súper, pero al irresponsable que mintió en Buquebus y condenó a 400 personas a una cuarentena comunitaria lo defiende un abogado con falaces argumentos.

La argentinidad al palo hasta el punto de cambiar el cartel en un micro de turismo para que en la terminal no supieran que volvían de Brasil y así evadir controles.

Afloró la falta de solidaridad y compañerismo en los trabajos porque fulanito o menganito no va a trabajar, porque el viejo de 60 años está exento y encima la otra se queda en la casa a hacer teletrabajo.

Hasta los mandatarios mostraron los dientes, están los escépticos a la enfermedad y quienes buscan hacer todo lo que está a su alcance porque entienden que si pasa lo mismo que en Italia o España será una pesadilla.

Dicen que esta situación va a producir un cambio cultural, social, pero todavía no hemos visto nada.

Mientras tanto en casa están los niños. Carentes de amigos, deporte y de la red afectiva que componen tíos, primos y abuelos. Esos abuelos que ellos saben que tienen que cuidar y que son los que llenan sus días de historias, anécdotas y cuentos. Como ese clásico de la literatura infantil que dice que un día para darle una lección a los grandes un flautista hizo desaparecer a todos los niños de Hamelin. Se los llevó para siempre para hacerle entender a los grandes el valor de la honestidad.

Hoy las voces de los niños están guardadas en sus casas, haciendo tareas virtuales y combatiendo el aburrimiento con la imaginación. Mientras el poder de parar la peste está enlos mayores, que tienen la responsabilidad de ser honestos y respetuosos de las normas para evitar una lección que termine con una triste moraleja.

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