Miércoles 25 de Junio de 2014
En las tribunas los afortunados que consiguieron una entrada, en el Fan Fest los que, resignados, hicieron largas colas para vivir el partido en la fiesta que organiza la FIFA, y en las calles, los que no pudieron ni una cosa ni la otra. Todos festejaron y se miraron, incrédulos, ante cada genialidad de Lionel Messi.
Fueron más de 100.000 fanáticos los que llegaron a esta ciudad y la convirtieron en un pedazo de Argentina. Por cercanía, por costumbres, las calles de Porto Alegre fueron celestes y blancas y el escenario perfecto para la celebración por el triunfo frente a Nigeria, que aseguró el primer lugar en el grupo F.
Con los primeros rayos de sol, los miles de argentinos que acamparon en el parque Farroupilha y otros dispersos por la ciudad, comenzaron a caminar en dirección al estadio con la ilusión, a esa altura casi ingenua, de conseguir una entrada.
Más tarde, otros resignados hicieron filas de hasta siete cuadras para tener su lugar en el Fan Fest y seguir el partido por las pantallas gigantes del espacio en el que la FIFA monta una fiesta para los hinchas de todos los países.
Llegó la hora del partido y en las tribunas, como cada vez que juega Argentina en Brasil, predominó el celeste y el blanco, al igual que en las calles, pero también hubo mucho rojo, porque los fanáticos del Inter no quisieron perderse de ver a Messi y compañía y se hicieron notar.
Messi fue el dueño de los estados de ánimo de los hinchas. Cuando él apareció, las tribunas rugieron. Con sus goles y jugadas explosivas encendió siempre a los hinchas, que de a ratos miraban en silencio, preocupados por los recurrentes errores del equipo.
El final, por suerte para Argentina, fue el mismo que en Río de Janeiro y en Belo Horizonte. Las camisetas, los gorros y las banderas flamearon por encima de las cabezas de los hinchas, que siguieron festejando una vez que terminó el encuentro.